16.09.2010

¿De qué hablamos cuando hablamos de martini?

¿Qué es un martini? ¿Una marca, un trago, un tipo de copa, o un estilo de coctelería?

copa marini
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Martini. Qué palabra. Omnipresente en las barras y en las conversaciones; en el cine clásico y en el moderno. Un objeto de la historia, y el más potente vehículo del actual resurgimiento de las barras. Todos hablan del Martini, pero, como sucede a menudo, muchos de los que hablan lo hacen sin conocimiento de causa. ¿Qué es el Martini? ¿De dónde viene? ¿Cómo se define? Un sólo nombre, y múltiples sentidos. Recorramos la historia y la actualidad. Las personas, botellas y barras. Disipemos la niebla. Y disfrutemos del rey de los cócteles. 

LA MARCA
Martini una marca de una famoso vermouth de origen italiano, elaborado por primera vez a finales del siglo XIX, cerca de Milán. En este caso, el Martini es un vino blanco, fortificado hasta sobrepasar los 17% de volumen alcohólico, endulzado, y saborizado con extractos de hierbas. El resultado se divide (en nuestro país) en tres tipos: el Martini Dry (que no es lo mismo que el “Dry Martini”), seco y floral, al modo de los vermouths franceses. El Rosso, bien italiano, de color rojo oscuro, dulce y amargo. Y el Bianco, amarillo intenso y avainillado.

Hablamos aquí del clásico “vermú con papas fritas” de Tato Bores, quien referenciaba una costumbre centenaria entre los hijos de inmigrantes italianos. Esta bebida es muy versátil: permite generar tragos simples, rápidos de hacer, algo amargos, que limpian la boca y no empalagan. O sea, un aperitivo ideal. Por ejemplo, un Martini Rosso con tónica y limón acompañará a los choripanes servidos antes de comer, al costado de la pileta. O un Bianco con ginger ale y rodaja de pomelo en vaso de trago largo, es ideal para mantenerse cool en una noche de terraza. Esta es la marca de una bebida. Y nada más.

EL TRAGO
Vayamos ahora al significado más importante de la palabra Martini. Ese que en encierra al glamour de la coctelería clásica, de la época dorada de Hollywood, de la política y literatura mundial. Se lo reconoce en la elegancia de Frank Sinatra, la belleza de Marilyn Monroe, el cinismo de Truman Capote, la locura surreal de Luis Buñuel, y la inteligencia de Winston Churchill. Aquí, el Martini pasa de ser un trago a ser un nombre propio. El Dry Martini.

William Buckley Jr., un escritor y político norteamericano, dijo una vez: "Cuando llegue al cielo, le pediría a San Pedro que me lleve a conocer el inventor del Dry Martini”. Buckley Jr. murió en febrero de 2008, pero no volvió a contarnos quién fue el que creó al rey de los cócteles. Al respecto, existen decenas hipótesis y con cada una de ellas, una receta originaria diferente. Una receta que fue variando con los años y pasó de una mezcla de gin y vermouth, a una mucho más seca (de casi gin puro), hasta el famoso vodkatini que pedía James Bond en sus películas.

Hoy por hoy, si pedís un Dry Martini en un bar de Buenos Aires, seguramente te sirvan unas 5 medidas de gin y una medida de Martini Dry (la marca mencionada más arriba). Todo eso refrescado y vertido en una copa cocktail junto con una aceituna verde.

LA COPA

Y claro: la imagen de un trago bebido por gente tan famosa circuló por las pantallas de cine y luego de televisión. La copa donde se servía, una copa cocktail igual a la del Manhattan, comenzó a hacerse tan conocida, que comenzó a llamarse copa de Martini. Su formato es de perfil triangular, tallo alto, y con una capacidad pequeña, de unos 120ml (4 onzas), aunque esto puede variar. Existen copas de 2 onzas, y hasta de 9 onzas. Por su lógica, esta copa invita a tragos elegantes, que se sirvan sin hielo y se beban en poco tiempo. Un buen ejemplo, claro está, es un Dry Martini.

EL ESTILO
Ya hemos visto que existe un Dry Martini, pero también existen variantes aceptadas. Al Dirty Martini se le agrega salmuera, en el Perfect Martini se mezcla vermouth rosso con bianco y en el Gibson se cambia la aceituna por una cebollita. La versión argentina, creada por el gran Pichín Policastro en 1935 se llama Clarito, y tiene nueve partes de gin por una de vermouth seco, y piel de limón dentro.

La unión de una copa particular, y cierta libertad en la mezcla, nos trae a la actualidad. A un furor en las barras del mundo, donde los bares ofrecen decenas de Martinis (el bar del hotel cinco estrellas Mandarín Oriental de Miami supo ofrecer hasta 280 Martinis en su carta). Entonces, ¿cuál es la norma? La cruda respuesta es: ninguna. Simplemente, cualquier líquido que vaya en copa cocktail es hoy llamado un Martini. Está el Chocolate Martini, el Apple Martini, incluso el Cosmopolitan es considerado un Martini. Hay Martinis a base de maracujá, también mojitos y caipirinhas en formato Martini. Todo vale bajo la laxitud posmoderna.

Pero, sabemos, libertad no es libertinaje, y un verdadero bebedor de Martini abominaría esta melange. Tiene que haber ciertas reglas; una defensa al true spirit de este cocktail. Por el tipo de copa, y por su muy poca capacidad, debe ser un trago de alto contenido alcohólico (chau Cosmo). Por respeto a la historia, debe ser medianamente seco (chau Chocolate Martini). Debe ser simple y elegante (chau mezclas exóticas). Manteniendo esas bases, aún se puede innovar. Tenemos, por ejemplo, el Duhau Martini (elaborado en el Oak Bar del Palacio Duhau Park Hyatt Buenos Aires), a base de vodka y el single malt Talisker en lugar de vermouth. O el Saketini, muy bien servido en Casa Cruz. O el Dill Martini que ofrece Leo Speroni en Olsen. Todos cocktails que respetan una ideología. Un modo de beber. Una elegancia. Es decir, la verdadera esencia del Martini.

Por Ignacio Rivera

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