02.09.2009

10 bodegones de Buenos Aires para comer como un buen porteño

Históricos y rústicos, estos reductos barriales son los mejores de la ciudad a la hora de los bifes, los guisos y las tortillas.

bodegones de Buenos Aires
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Empezaron como almacenes. Luego comenzaron a despachar bebidas. Un dia sirvieron un platito de queso. Y terminaron siendo restaurantes. Los viejos bodegones son una reliquia de Buenos Aires. Amados desde siempre y redescubiertos por las nuevas generaciones, estos son los 10 mejores lugares para comer y viajar en el tiempo.

1. El Preferido de Palermo.
Por la zona en la que está situado (rodeado de restobares y sillas auspiciadas por marcas de agua mineral), este reducto marca claramente la diferencia entre lo que es y lo que alguna vez fue el barrio de Palermo Viejo. El Preferido esta dividido en dos y ejemplifica claramente el formato con el que comenzaron los bodegones: un almacén + un salón de despacho. En el restaurante se sirven buenos ejemplares de comida española. Las tortillas son un clásico. Este lugar nacido en 1952 se mantiene inmune a las modas culinarias circundantes.
Borges 2108, Palermo / T. 4774-6585

2. La Gran Taberna. Por ubicación, ambientación y  comida, esta esquina cumple con todas las características requeridas para funcionar como síntesis de lo que se entiende por bodegón. Tiene 60 camareros y una carta ancha como un manual de instrucciones, con más de 100 platos. Situada frente al Congreso de la Nación, La Gran Taberna es una fija para todos los días. ¿Platos? Demasiados para elegir unos sólo. Para no fallar, elegimos las rabas a la romana. En su libro, Pietro se la juega por las perdices en escabeche. Si te pica el bagre, este es un buen lugar para rascarlo.
Combate de los Pozos 95, Congreso / T. 4951-7586

3. Lo de Mary. Del almacén que durante muchas décadas funcionó en la esquina de Humahuaca y Acuña de Figueroa quedan el mostrador, las heladeras con puertas de madera y las estanterías cargadas de viejas botellas de aperitivos. Por lo demás, Lo de Mary es, básicamente, una gran parrilla barrial con carnes dignas a precios amistosos y otros platos clásicos porteños. El menú se presenta en hojas impresas dentro de folios viejos, pero el que sabe no necesita leer demasiado: irá por la entraña, el bife de chorizo, o el matambrito de cerdo. Los domingos antes del mediodía se sirve vermú con soda y un desfile de platitos (rodajas de calamares, queso, tiritas de mondongo).
Humahuaca esq. Acuña de Figueroa, Almagro / T. 4864-8033

4. El Obrero.
Este establecimiento pasó de ser el comedero de los obreros que trabajaban en los talleres del barrio de Barracas en los años 50 a convertirse en el más “fashion” de los bodegones porteños, al que van artistas nacionales y extranjeros en ocasión de sus visitas al país (los músicos de U2, por ejemplo). Detrás de esa fachada, hay una gran cocina con inolvidables pucheros, pescados y paellas, entre tantas otras cosas.
Agustín Caffarena 64, Barracas / T. 4362-9912

5. La Maroma. Su menú, con 350 platos, seguramente podría ser postulado para el libro Guinness. Echándole un vistazo a algunos de los platos ya te das cuenta de qué se trata todo esto: suprema Maryland, ravioles a la Parisienne, sardinas con papas y cebollas, bife de chorizo con fritas… es decir, lo quieras, como quieras y con el acompañamiento que quieras y la ira torva de Carlos Gardel, pintado en una de las paredes del salón. Lugar tanguero y barrial, que remonta los años a base de sabores caseros. Una característica de este bodegón es que, es cierto, se sale con olor a comida en la ropa. Será por eso que muchos creen que “maroma” es sinónimo de “baranda”, o “tufo”. Nada que ver: en lunfardo, maroma significa “situación riesgosa”. Pero comer acá es todo lo contrario: el buen momento está completamente asegurado.
Mario Bravo 584, Almagro / T. 4862-9308

6. El Puentecito. La cerradura en la puerta de entrada a este lugar no sirve para nada. Ocurre que este bodegón no cierra jamás: está abierto las 24 horas todos los días. En la frontera que divide Capital de provincia, El Puentecito es un testimonio arquitectónico y culinario del Buenos Aires portuario de los últimos dos siglos. Tiene costillas de cerdo a la riojana, mejillones a la provenzal, rabas y muchos, muchos platos más. Como para pasar y comer algo en cualquier momento, literalmente.
Luján 2101 esq. Vieytes, Barracas / T. 4301-1794

7. Albamonte. Un clásico de la zona que circunda el cementerio de la Chacarita. Acá lo importante tiene dos vertientes. Por un lado la pizza cocinada al horno a leña. Por otro, los platos principales que hacen base en los orígenes italo-argentinos del lugar. Pastas, picadas, mariscos y pescados a la cabeza. El plato preferido del autor del libro: las trillas fritas.
Avenida Corrientes 6735, Chacarita / T. 4553-2400

8. Miramar. Miramar es otro bodegón que desde sus platos y su ambientación sintetizan a la perfección el significado de esa palabra. Fotos de viejas publicidades, de artistas de varieté y cantantes de tango, centinelas de botellas vino, de vermú, de latas en conserva, y de una antigua balanza para pesar fetas de fiambre. Los fiambres son justamente un punto fuerte de este reducto, empezando por el tradicional jamón serrano feteado in situ. Los platos principales abren un abanico amplio que abarca guisos, tortillas de papa bien babé, mondongo, lechón, chambota, sardinas asadas, ancas de rana, caracoles y, para el postre, un mousse de chocolate que emociona. Pero el clásico del lugar es el rabo de toro en vino tinto. Y a propósito de vinos, la oferta es tan vasta como la de las cavas ostentosas de cualquier restó moderno. Un lugar que todos deberíamos conocer y redescubrir una y otra vez.
Av. San Juan 1999, San Cristóbal / T. 4304-4261

9. Bellagamba. Desde hace cien años, este es el bodegón de cabecera para los habitantes y paseantes del barrio de Congreso. Salvavidas de unos cuántos navegantes de la noche porteña, está abierto todo el tiempo, salvo un par de horas cada día. Los platos son simples: milanesas, empanadas, tartas y guisos. Bellagamba es una mano amiga para el ser urbano. Ojala hubiera uno de éstos en cada barrio.
(Avenida Rivadavia 2183, Congreso / 4951-5833)

10. Café de García
Si te considerás un amante de las picadas, debés conocer este espacio de Villa Devoto. Te sentás y empiezan a traer platos. Son treinta en total y a veces cuesta terminar con todos ellos. Acompañada de una cerveza bien fresca, a esta picada no hay otra que le haga competencia. El billar y el tango de fondo terminan de darle el marco porteño a uno de los lugres más porteños de la ciudad.
Sanabria 3302, Villa Devoto / T. 4501-5912
www.cafedegarcia.com.ar

Por Manuel Cruz / Fotos: Javier Picerno y Gustavo Gilabert, del libro Bodegones de Buenos Aires, de Pietro Sorba

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