28.06.2016

10 vinos añejados en barrica que vale la pena probar

A pesar del auge de los vinos frescos y frutados, todavía se elaboran grandes tintos en roble. Aquí, un recorrido por diez robustos ejemplares que merecen ser probados.


Alguna vez escuchamos a un enólogo decir que “la madera es al gran vino como la sal al plato: hay que usarla siempre, pero con mucho cuidado”. Esa frase recobra sentido en estos tiempos en los que los tintos que escalan alto en los paladares mundiales huyen de las largas temporadas de añejamiento en barricas de roble. Hace ya algunos años que la alta gama apunta a vinos desnudos y despojados: el camino de la pura fruta para embotellarse y engullirse.

Pero toda tendencia tiene una contraofensiva. Un lado B. Y si bien es cierto que ya no se abusa de la madera como antes, la mayoría de los grandes tintos argentinos que sacuden las bocas del mundo tienen algo de madera. Un poco, al menos. Aunque también hay muy buenas etiquetas que como antaño se crían durante meses y meses en roble.

En esta nota recomendamos diez tintos que tienen como mínimo un año en barricas. Para la vieja guardia, que todavía busca esos rastros avainillados del roble americano o el toque vegetal del roble francés de primero uso. A tomar nota:

Viña Cobos Cocodrilo Corte 2014 ($320) – 14 meses
El caso se da en todos y en cada uno de los vinos probados: para poder convivir con lapsos largos en contacto con la madera, la materia prima tiene que mostrar una gran espalda desde el vamos. Para la edición 2014 del Cocodrilo, recién salida al mercado, se amplió el aporte del Cabernet Franc (14%) sobre la base de Cabernet Sauvignon (77%), con el Malbec (9%) dando el batacazo final en su aromática, aportando las notas más delicadas. La madera es de las más sutiles en el conteo (solo se usa un 20% de roble nuevo), regalándole una nariz de dulce de leche y vainilla que gusta. Y gusta mucho.

Atamisque Cabernet Sauvignon 2012 ($410) – 14 meses
Atamisque es de esos productores tímidos, difíciles de encontrar por ahí, enclavado en una de las zonas más hermosas del Valle de Uco y con un planteo turístico que involucra desde canchas de golf y alojamiento de primera, hasta un restaurante tan espléndido como sus vinos. Este Cabernet de 14,5% de alcohol tuvo una crianza de 14 meses en barricas francesas nuevas, lo que le da un rasgo musculoso bien alineado con el perfil del varietal. Hay pimienta, betún y humo, y un paladar todavía tirante de taninos que, en un par de años, alcanzará su clímax.

Susana Balbo Brioso 2013 ($530) – 15 meses
El nombre no es puro capricho, no, no, no. Pareciera que, con este muchachito, Susana Balbo quiere sacarle vigor a los suelos de Agrelo. Blend de Cabernet Sauvignon (45%), Malbec (25%), Cabernet Franc (25%) y Petit Verdot (5%) y criado durante 15 meses en barricas de roble francés de primer uso, este tinto tuvo una maceración larga y a temperaturas altas para extraerle toda la intensidad posible. A eso, sumémosle un alcohol que rasca el 15%. El resultado es un tinto enérgico, saturado de color y profundo en sus capas aromáticas.La mejor cara la muestra en el paladar, porque la acidez contrarresta su pesadez aromática y, si bien es un vino algo cansador, es el súmmum para los amantes de la potencia.

 

Mendel Unus 2012 ($520) – 16 meses
El Unus es de esos casos perfectos de madera inteligentemente aplicada. 16 meses de crianza no es poca cosa pero, cuando este mix de Malbec (65%), Cabernet Sauvignon (25%) y Petit Verdot (10%) irrumpe entre los dientes, su redondez es tal que sorprende. El Cabernet se suma al Petit Verdot para entregarte una suerte de Malbec reloaded, de nariz animal y paladar ácido que no resigna dureza. Sí, en precio hemos escalado hasta la cúspide de todos los catados para esta nota, pero incluso a ciegas es el que se destaca del montón.

Decero Mini Ediciones Petit Verdot 2012 ($460) – 16 meses
Petit Verdot hay pocos, seguramente porque la uva tiende a dar tintos de mucho color y boca áspera. Ahora bien: si a ese perfil potente le sumás 30 días de maceración y los cielos de sol intenso de Agrelo, en Luján de Cuyo, te queda esto: un tinto negro y gordo, cubierto de matices aromáticos difíciles de descifrar porque a medida que la copa habla; los jazmines, la mermelada y las frutas rojas cocidísimas parecen no tener fin. ¿Madera? Claro, 16 meses que domestican lo salvaje y, de repente, lo convierten en puro gozo.

Altos Las Hormigas Malbec Reserve 2013 ($420) – 18 meses
El aprendizaje que nos significó a todos el camino que tomó Altos Las Hormigas en el último tiempo es invaluable: Su trabajo en los suelos, el desarrollo de las zonas y el conocer al pie de la letra lo que había debajo de la vid para que las uvas se transformasen en vinos encantadores. Es un verdadero hallazgo este Malbec (la bodega solo se aboca a este varietal), criado un año y medio en toneles de 3500 litros de roble francés. Aromas negros de chocolate, tierra mojada y grafito que también dejan entrever un poco de ciruelas maduras. Intenso en la boca, voluptuoso y bien armado. Un vino emocionante.

Desierto Pampa Blend 2012 ($265) – 18 meses
El valle del Río Colorado tiene un potencial como probablemente ningún otro en nuestro país. Un caudal grandioso, agua de calidad excepcional y tierras que, a un lado y al otro, juran un futuro sin techo. En Colonia 25 de Mayo, provincia de La Pampa, Bodega del Desierto elabora vino en la zona más inexplorada de la Patagonia Norte. Y las razones están a la vista. Este blend 40% Malbec, 40% Cabernet Franc (el caballito de batalla de la casa) y 20% Merlot es un nuevo entender de la combinación tan clásica argenta de Malbec, Cabernet (pero del Sauvignon) y Merlot. Cada cual hace su aporte, resultando en volumen, complejidad gustativa y en un sutil recuerdo a chocolate con leche producto de sus 18 meses de crianza en barricas de roble francés.

Lindaflor Malbec 2010 ($465) – 24 meses
Sin temor a la exageración, nos animamos a afirmar que este Lindaflor es uno de los mejores vinos de la Argentina. Insignia de Bodega Monteviejo, la espina dorsal del clan de franceses aunados bajo el paraguas Clos de los Siete que Michel Rolland llevó a Mendoza en 1998, este Malbec tiene una madera divina. Si en los últimos años la impronta del roble fue cayendo, con vinos que ganaron en frescura, esta bodega todavía mantiene el espíritu de la microvinificación en barrica: todo el proceso se hace dentro de ellas. Luego, 24 meses de crianza más. Pero hay una uva tan poderosa que, cuando lo bebés, logra sobresalir por sobre la madera. Se perciben el anís, la frutilla y el eucalipto de la zona. Una delicia de pe a pa.

Malamado Malbec ($205) – 24 meses
El vino encabezado embotella una gran mística. Acá la fermentación se extiende durante solo 10 días, hasta que el mosto alcanza un azúcar residual de 120 gramos por litro; en ese momento se detiene el proceso a través del agregado de alcohol vínico “fortificando” el Malbec hasta los 19 grados. 24 meses en barricas más tarde, se obtiene la etiqueta que creó una nueva categoría en la Argentina: un tinto dulce y de alcohol alto que huele a chocolate blanco, almendras y licor y que, para el cierre de una noche tremenda, es inmejorable.

Montchenot Tinto 2004 ($212) – ¡10 años!
El veterano del grupo. Y de los más accesibles también. López quedó solito en la tarea de elaborar tintos viejos, oxidados, anaranjados en el ojo y suaves al paladar. El Montchenot se elabora igual desde hace añares: Cabernet, Merlot y Malbec de las mismas viñas de 1940 de Maipú, en Mendoza. El añejamiento se produce en toneles de roble francés gigantes, de entre 5000 y 20.000 litros… esos mismos de los que ya casi no se ven en el país. Diez años después se embotella. Y ahí arranca la magia.



EL PRECIO CUENTA
La aclaración vale y basta con mirar los precios de las etiquetas mencionadas en esta nota: en tintos que superan holgadamente el año de descanso entre maderas, su precio escala alto. Si tenemos en cuenta que una barrica nueva de roble francés alcanza cómodamente un costo de 850 euros, es de esperar que los vinos que descansan en ella absorban también algo de ese valor. Para sumarle más carga numérica al asunto, esos pequeños toneles tienen una vida útil corta. Pensá que el objetivo es que la madera impacte en el contenido, así que a medida que pasan los años, esa influencia se atenúa hasta llegar a un momento en donde un barrilito es igual a un tanque de acero inoxidable, uno de fibra de vidrio o cualquier material inerte. ¿Cuánto tiempo? 4, 5, 6 años. Si solo le caben 225 litros y es tan breve el tiempo de amortización, deberías tener claro que si te gusta la madera, tu billetera se verá más flaca. Y valdrá la pena.

Por Mariano Braga
Fotografía: Santiago Ciuffo 
 
 

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