31.08.2009

14 frutas exóticas que no podés dejar de conocer

El verdulero de tu barrio seguro que no las tiene. Para conseguirlas hay que ir al Barrio Chino o al Mercado Modelo de Belgrano.

Frutas Exoticas
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Cada vez que vamos a la frutería vemos, al lado de las rutinarias manzanas y naranjas, algún fruto extraño que, más por desconfianza que desconocimiento, preferimos ignorar, o limitarnos a preguntar qué es para matar la curiosidad.

Para despejar las dudas nos fuimos de compras a la meca de los productos freak: el Barrio Chino. Pero no fuimos sólos: para que nos guíe, llevamos a un experto en la materia, el chef Martín Molteni, de Pura Tierra (uno de los mejores restaurantes de la ciudad).

Acá te pasamos la data de 14 frutas exóticas que conseguirás seguramente en el Barrio Chino, tal vez en el Mercado Modelo de Belgrano y, ocasionalmente en tu frutería de barrio. Agendá estos datos y tenelos a mano. Así algún día sorprendés a tu verdulero amigo, comprándole por fin alguno de estos especímenes.

1. Carambola. En el Barrio Chino las venden en bandejitas de telgopor, tres por unos 8 pesos. A primera vista, a través del celofán, por su color verde intenso y la textura de su piel, parecen morrones. Hasta el olor se parece al de un pimiento verde. La duda se esfumó cuando la probamos: muy fresca, ácida y dulce a la vez. Y aunque el grosor de la piel inspira desconfianza, la cáscara también se come. Su rasgo distintivo son sus cinco aristas, que le dan forma de estrella cuando se la corta en rodajas. No por nada la llaman “la fruta estrella”. Es de origen indonesio y malayo pero se cultiva en el noreste argentino.

2. Pitaya. La fruta más cara del mercado: 35 pesos el kilo. Una delicatessen de Centroamérica que también crece en lugares como México, Nicaragua, Vietnam y también el NOA. Viene de la familia de las cactáceas y su nombre significa “fruta escamosa”, por su corteza cubierta de espinas anchas y gruesas semejantes a las del ananá. Es ovalada y pequeña como una mandarina y el exterior puede ser amarillo o rojo. Cuando es rojo, también se llama fruta del dragón (así la conocen casi todos los fruteros del Barrio Chino). Por dentro es color blanco o remolacha, y tiene semillas parecidas a las del kiwi. Es sabrosa y dulce, pero como es jugosa no empalaga. Lo mejor es comerla fresca; no tiene demasiados usos culinarios. Eso sí: como la mayoría de estas frutas “exóticas”, la pitaya se exporta, así que no es fácil de encontrar.

3. Tuna. Los chilenos la adoran, y suelen comerla en el desayuno. Tradicionalmente ha tenido muchos usos medicinales: bajar la fiebre, reducir el exceso de bilis, aliviar el dolor de muelas y hasta para facilitar el parto. Como la pitaya, también es de origen cactáceo, y está cubierta de pinillos. La recomendamos porque es fresca y muy jugosa. Desventajas: quitarle las semillas es engorroso y al procesarla, como contiene mucha agua, queda muy líquida. Es común en Salta y Jujuy, donde crece de manera silvestre, pasando del verde al rojo intenso cuando madura. Allá en el NOA, se hacen hasta helados de tuna. Cuesta 15 pesos el kilo y, no siempre se consigue, pero algunos fruteros la traen por encargo.

4. Chirimoya. Tan dulce es que cuando los conquistadores españoles la descubrieron, la llamaron “manjar blanco”, por el color de su pulpa. De aspecto es casi como un alcaucil, pero del tamaño de una manzana y con forma de corazón. Es deliciosa, pero comerla es incómoda, porque al igual que la tuna está llena de semillas y quitarlas da trabajo. Una buena opción es usarla para licuados, jugos y helados, que quedan exquisitos por ser la fruta fresca y azucarada. Proviene de los Andes peruanos y de las montañas de Ecuador. Quince pesos el kilo.

5. Lichi. Con ese nombre, esta fruta chiquita como una uva no podría venir de otro país que no fuera China. En los últimos años, sin embargo, los inmigrantes comenzaron a cultivarla en Formosa y desde hace un tiempo la vemos en ensaladas de frutas de restaurantes chinos y en algunos martinis de autor. La cáscara es rugosa y rojiza, y la pulpa es blanca, opaca y brillosa. Es rica, pero algo fibrosa y -peor-  bastante gelatinosa, lo que puede disgustar a los paladares menos atrevidos. La recomendamos acompañada de hierbas aromáticas, que complementan bien su olor intenso. Eso sí: si andás corto de plata, olvidate. Cuesta 30 pesos el kilo.

6. Rambután. De todas las frutas que encontramos es, a la vista, la más divertida, por el centenar de pelos alargados y duros que le salen de la piel. Algo así como un puercoespín en miniatura. Es de la familia del lichi y si bien el sabor se le parece, en la boca es más acuoso. Por ser igual de caro que el anterior, sugerimos frugalidad a la hora de consumirlo.

7. Longan. Otra hermanita del lichi. De apariencia es menos atractiva que el rambután, pero es más fresca y ácida. Lo que la diferencia es que por fuera es lisa y marrón. Al cortarla descubrimos que en lugar de muchas semillas, tiene un sólo carozo, grande y ovalado, como el del mango. La pulpa también es gelatinosa, pero ligeramente verde. La mejor forma de prepararla es en almíbar. Mismo precio que las dos anteriores.

8. Pomelo asiático.
Si sos amante de los cítricos, este puede ser tu sueño. O tu pesadilla. Por alrededor de 7 pesos, te llevás a casa un pomelo del tamaño de un melón. Cuando lo cortás al medio, la primera sorpresa es el grosor de la piel interna, de casi dos centímetros. Al comerlo, la verdad que nos decepcionamos. Esperábamos que el tamaño aumentara sus atributos pero no: es poco sabroso, y el amargor típico del pomelo apenas se siente.

9. Pera asiática. Si uno la probara a ciegas esta fruta (también conocida como nashi), no sabría si se llevó a la boca una pera o una manzana. Quizá de ahí venga la creencia (errónea) de que se trata de un híbrido de estas dos frutas. Si bien es cierto que por fuera es como una manzana -sólo que más dorada y algo aplanada-, la realidad es que estamos frente a un cruce de diferentes peras asiáticas. ¿Lo mejor a la hora de comerla? Acompañarla por una buena tabla de quesos. Entre 8 y 10 pesos el kilo.

10. Pepino dulce.
El nombre lo dice todo: es como comer un pepino con un dejo de sandía. Súper fresca y tan suave que incluso puede resultar insípido. Pese el parentesco con la verdura, tiene su propia personalidad. No es cilíndrica y alargada, sino parecida a una pera, pero más puntiaguda en el extremo final. La piel es amarilla y tiene vetas color violeta oscuro. Por dentro tampoco se parecen: acá la pulpa es anaranjada. Oriundo de la zona andina, cuesta 3 pesos la unidad.

11. Plátano pequeño.
Es como una banana que se quedó a mitad de camino, porque apenas alcanza los 12 centímetros. Los golosos le encontrarán una virtud: es más dulzona que su hermana mayor. No se vende en las fruterías, pero se consigue en el Mercado Central.

12. Guava o guayaba. A primera vista es fácil confundirla con la papaya. Por dentro, si se la corta horizontalmente, recuerda a un tomate. Las semillas son anaranjadas y pueden masticarse, aunque son un poco duras. Al ser una fruta muy enzimática, como la papaya y el kiwi, muchos chefs la utilizan para ablandar las carnes. Quince pesos el kilo.

13. Rosella. Es de origen sudamericano y tiene la forma del morrón, pero es chiquita como una ciruela, roja por fuera y blanca por dentro. La pulpa, muy dulce, suele utilizarse para hacer mermeladas. Tiene un inconveniente: no se consigue en los mercados de la capital. Buena excusa para viajar a Salta y, de paso, recorrer los Valles Calchaquíes.

14. Níspero. Es apenas más grande que el quinoto, y la piel, de color naranja, se extrae con los dedos sin esfuerzo. En el interior, tiene tres o cuatros semillas grandes que se separan de la pulpa fácilmente. Rico y fácil de consumir. Una pena que no se venda en fruterías y sólo los afortunados que tengan un árbol de nísperos en su casa o en su barrio puedan probar esta fruta fresca, jugosa y levemente ácida.


Por Paloma Gil Estrada

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