01.05.2009

7 restaurantes de Villa Devoto que no podés dejar de conocer

Clásicos y bodegones de un barrio que funciona como un círculo cerrado, al que pocos entran y del que pocos salen.


Nadie puede explicar bien por qué, pero Villa Devoto es un anti-polo gastronómico: sus restaurantes reciben a poca gente de otros barrios y sus habitantes no se alejan de la zona para salir a comer. Lo cierto es que Buenos Aires no termina en Palermo Hollywood, y vale la pena cruzar la frontera de Avenida San Martín para conocer los restaurantes y bodegones de Devoto. En esta nota, 8 clásicos imperdibles para conocer un barrio donde los de afuera se sienten medio extranjeros.

1. Mary Carmen. Es muy difícil que no tengas que esperar. El lugar está lleno siempre, mediodía y noche. En un paraje de casas sencillas, el restaurante ocupa una esquina y adentro se juntan familias enteras, grupos de amigos y parejas con historia. Aunque en la parrilla tienen todos los cortes clásicos populares (excelente la entraña, el mejor chinchulín de la ciudad y muy buen ojo de bife), cada día hay especialidades. Podes encontrarte con una combinación de cortes de cerdo con ensalada de endivias y queso azul, o un epigrama de cabrito. Las pastas son contundentes, sabrosas y salen en porciones XL. Magia pura.
Llavallol 5402, T. 4571-9488

2. La Cantina.
En una esquina rara, más cerrada sobre sí misma que las tradicionales, la familia que lleva adelante la cantina Pierino ofrece las pastas y demás platos que le han construido su prestigio en Almagro. Conejito a la Nacha, cazuela de pollo al pepperoni, raviolis de salmón rosado y ricotta o fussili al fierrito. Más de veinte salsas distintas para cambiar día a día, cena a cena. Pocas mesas y un ambiente acogedor: esa es la táctica para diferenciarse y seducir a los locales. Uno de los lugares que rompió el cerco y sobrevive en aguas extranjeras.
Segurola 3458, T. 4503-6293

3. Café de García.
Lo que en otros barrios llaman vintage acá simplemente es viejo. O histórico. El billar no dejó entrar ni al pool, y los dueños miran a cada cliente con el mismo amor y celo de siempre. Sus picadas alcanzaron fama más allá de las fronteras del barrio, algo que los llevo hasta ser locación de una película y atraer a personalidades porteñas de la cultura, algo de lo que están orgullosos; exhiben fotos y testimonios en las paredes. Un bastión del barrio.
Sanabria 3302, T. 4501-5912
www.cafedegarcia.com.ar

4. Don Lautaro. Con menos de una década de vida, Lautaro se constituyó en uno de los animadores gastronómicos de la zona. Cocina mediterránea con especialidad en pastas, aunque también hay carnes, pescados y mariscos. Una cruza entre un restaurante de barrio y uno moderno, como para acercar tradicionalistas y no dejar ir a quienes miran para adelante. Un lugar familiar, popular entre vecinos y aún casi secreto para los foráneos.
Av. San Martín 6699, T. 4572-0220
 
5. La Calandria. Ubicada estratégicamente en el camino que va de la estación a la plaza central del barrio, esta parrilla con toques elegantes es centro de reunión diurna y nocturna. Hay que pasar por ella, aunque solo sea para ver y ser visto. La propuesta incluye parrilla, platos al wok (¿tendrán realmente un wok?), risottos y pastas caseras. Abarca mucho y si aprieta o no, está en duda. Pero la concurrencia se mantiene.
Av. Fernández de Enciso 4370, T. 4501-0266
www.parrillalacalandria.com.ar

6. Café de la Plaza
.Otro de los puntos de reunión y referente del barrio, con un estilo ochentoso que desborda luz y un lustre brillante que recuerda a alguno de los escenarios de las películas de Olmedo, desde hace más de diez años. El tiempo parece detenido. Mientras en la ciudad el mundo de los café parece dividirse entre las cadenas (Piacere, Havanna, Starbucks) que ocupan espacios pequeños, o medianos con propuestas prefabricadas y las grandes superficies de las esquinas (Plaza del Carmen, Scuzzi y todos esos más o menos iguales), este café anda en solitario, como un pirata espacial perdido en el tiempo.
Lincoln 3990. T. 4502-4755
www.cafedelaplaza.com

7. Bar Alemán. Restaurante centenario, mantiene algunos clásicos de la cocina germana, aunque parece un gesto testimonial. Los habitués van más por las minutas porteñas, pescados y mariscos. Uno de esos restaurantes que parecen indestructibles, donde el tiempo está congelado en los carteles viejos de las paredes o en la cara cerrada como un puño de los mozos de siempre. La comida es la tradicional de los viejos restaurantes: pastas, minutas y carnes salseadas, con porciones muy abundantes, para compartir entre varios.
Av. San Martín 5992, T. 4501-0814


Por Martín Auzmendi / Fotos: Pablo Mehanna

 

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