14.11.2016

Carmelo Wines: la ruta del vino, al otro lado del charco

A solo dos horas de Buenos Aires, te espera un sorprendente circuito enoturístico ideal para una escapada de fin de semana. Bodegas boutique, hoteles frente al río y una atmósfera de tranquilidad.


Dicen los abuelos que las grandes masas de agua relajan. Basta con detenerse a mirar las olas del océano o el cauce del río para sentirlo. Luego de poco más de dos horas de viaje en catamarán por el Delta de Tigre, el dicho popular se transforma en realidad, y la tranquilidad que se siente anuncia el tono de la expedición que recién comienza. ¿El destino? Las bodegas de Carmelo, Uruguay.

Sólo 70 kilómetros separan de Buenos Aires a este pueblo motorizado por su agricultura. El dato curioso es que es el único pueblo uruguayo fundado (en 1816) por su prócer, José Gervasio Artigas. “Bienvenidos a la tierra del vino, los quesos y el dulce de leche”, saludan los carmelitanos, haciendo referencia a los principales productos. 

El turismo entró en escena en los últimos 15 años. Hoteles 5 estrellas, hosterías boutique, un campos de golf de primera categoría mundial, campiña, arroyo, río, balnearios y restaurantes hicieron de Carmelo un destino ideal para los extranjeros que llegan a la ciudad para pasar el día como complemento de un viaje a la popular Colonia del Sacramento, como una rápida escapada de fin de semana o para una temporada de calma lejos de los ruidos urbanos.



EL VINO, UNA BUENA EXCUSA
Fueron los inmigrantes italianos y vascos los que se afincaron en Carmelo a finales del 1800 quienes comenzaron con la producción de vinos a partir de las vides que crecían en la zona, continuando la costumbre del Viejo Mundo. Durante un siglo, en la región se elaboraron vinos de mesa. Eso cambió en las últimas décadas, con la reconversión de la industria en pos de la profesionalización de los procesos y la mejora de la calidad.

A esta transformación la acompañó el desarrollo de una alternativa de viajes: el enoturismo. En la zona rural del encantador pueblo conviven ocho bodegas de diferente envergadura, desde emprendimientos familiares hasta grandes negocios centenarios. Además de ofrecer vinos, abren sus tranqueras para que los visitantes puedan aprender, catar cepas, degustar productos locales y descansar en cabañas ubicadas entre las vides. Narbona fue una de las pioneras, y hoy ofrece una magnífica experiencia para los visitantes.

Recorridas por cada rincón de la Narbona Wine Lodge, paseo en bicicleta o cabalgatas por las 15 hectáreas de viñedo con un picnic al atardecer, degustaciones de vinos de alta gama y quesos de la casa, así como cenas gourmet en el restaurante, son algunas de las elegantes actividades que ofrece esta bodega ubicada en un entorno rural y encantador que, además, cuenta con cinco exclusivas habitaciones.

HOTELES CHIC
La Ruta del Vino carmelitana es una excusa magnífica para animarse a cruzar el charco y conocer el pueblo bicentenario y a sus pobladores, que reciben a los turistas con los brazos abiertos y calidez de anfitriones. El paseo, ideal para una escapada romántica de parejas de cualquier edad, se puede realizar en un fin de semana o en un mismo día. Para pasar la noche, Carmelo ofrece variedad: desde los cuartos de primer nivel del Hyatt con vista al río o los viñedos o el exclusivo hotel Casa Chic ubicado dentro de un club de campo hasta el encantador Hotel Boutique Los Muelles, frente al puerto de la ciudad.

JOY se embarcó en la aventura, siguiente una invitación de Cacciola Viajes, que opera con su flota de catamaranes desde el puerto de Tigre. Llegamos a Carmelo tras dos horas de viaje y luego de un almuerzo italiano con un toque rústico y encantador en el restaurante Lo Korrea, comenzamos el recorrido que nos llevó por las bodegas Cordano, El Legado y Familia Irurtia. Tres paradas para descubrir de qué se trata la tradición vitivinícola uruguaya. 

 

PRIMERA PARADA: BODEGA CORDANO
San Roque es el santo patrono de los contagiados por las epidemias. Desde 1869, custodia a los carmelitanos desde una acogedora capilla, sede de numerosos casamientos de ricos y famosos y una popular peregrinación. Frente a la iglesia, en los albores del siglo XX, Don Antonio Cordano fundó un almacén de ramos generales. Cinco generaciones después, en el Almacén de la Capilla funciona la bodega de su familia. Rodeado de un entorno natural, es el punto de largada de la Ruta del Vino de Carmelo.

Ana Paula Cordano y Diego Vecchio guían con una entretenida y sencilla explicación a los visitantes por la bodega y por las ocho hectáreas cultivadas con Tannat y Chardonnay. En Cordano siguen elaborando vino de mesa y grapa una bebida que se consume mucho en la zona, producto de la influencia de la inmigración  italiana, pero cada vez dedican más vides a la producción de vinos varietales.

El recorrido finaliza con la visita al viejo almacén y la cava, que solía ser el sitio para conservar carnes y quesos, con la degustación de las etiquetas que la pareja exhibe con orgullo. 

Para los turistas el tour es gratuito. Además, en la bodega se puede disfrutar de un picnic con vino y postre (u$s 13), de una degustación de tres etiquetas con tabla de quesos (u$s 20) o con cinco etiquetas, picada y postre. Para quienes deseen prolongar la estadía, los Cordano tienen una cabaña escondida entre las vides.
Bodega Cordano queda en Camino Vecinal de Colonia Estrella, entrada en Ruta 21, km 257. Está abierta al público todos los días, de 11 a 18 horas y para reservas y más información podés escribir a almacendelacapilla@adinet.com.uy.

SEGUNDA PARADA: EL LEGADO
La tradición familiar une a la bodega de los Cordano con El Legado, un pequeño pero elegante emprendimiento con el que Bernardo Marzuca cumplió el sueño de su padre, que a finales de la década del 60 compró terrenos para montar su viñedo. Una crisis económica demolió sus ilusiones, por lo que tuvo que vender y alquilar sus tierras.

Dos animados perritos reciben a los visitantes. Al verlos, Bernardo deja la pinza que usa para retocar las vides y se acerca al encuentro. “Aquí todo se hace en familia. Desde la vendimia hasta la decoración de la cava”, explica orgulloso. Luego, relata que con una hectárea de Tannat y Syrah importado de Francia logró el deseo de su padre. Para obtener los vinos más sabrosos, utiliza el sistema de “cordón vertical”, un procedimiento único en Uruguay.

Actualmente, El Legado produce 5000 botellas al año que se comercializan en la bodega, en Punta del Este y en Montevideo. La antigua casona funciona hoy como cava y sala de cata. Allí visitantes de todo el mundo llegan para degustar los vinos artesanales acompañados de una tabla de quesos y fiambres (u$s 25) o de un buen asado (u$s 50) mientras se disfruta de la pileta, ideal para contemplar el atardecer uruguayo.

Queda en Ramal Ruta 97 y abre todos los días desde las 15.30 horas. Para más información, enviá un correo a bodegalegado@adineet.com.uy.



TERCERA PARADA: FAMILIA IRURTIA
La Ruta del Vino finaliza en la bodega Familia Irurtia, que produce por año 100 mil botellas de varietales y un millón de vino de mesa. La diferencia en la cantidad es abismal. No obstante, el sentimiento y el amor familiar hacia el vino no cambian. 

María Noel, una de las dueñas de la empresa, lidera la visita guiada. La historia de Lorenzo Irurtia, inmigrante español, no tarda en surgir. Fue él quien plantó las primeras vides en 1886 y comenzó la tradición. También nombra a Dante, su padre, quien llevó a la empresa a convertirse en una de las más grandes de la región a mediados del siglo XX. 

La cava de Irurtia es inmensa y tiene un estilo gótico. Allí se puede degustar alguna de las más de 25 etiquetas de la marca (8 dólares por una y 15 dólares por 3). La bodega cuenta con un bar donde se pueden beber y comprar los vinos de esta familia de tradición centenaria en la industria vitivinícola del otro lado del río. 

Está ubicada en Ruta R. 97, Km. 2300, Cerro Carmelo. Abre viernes, sábado, domingo y lunes a las 11 horas. Para más info, escribí a turismo@irurtia.com.uy.

CÓMO LLEGAR
Cacciola cubre el tramo Tigre-Carmelo con dos salidas todos los días de la semana, con un costo de $1000 para el trayecto de ida y vuelta por persona. El catamarán tiene un bar y free shop. Además, la empresa ofrece el tour de Ruta del Vino que se puede realizar en una jornada ($1800) o como escapada de fin de semana (el precio varía según el hotel; parando en Los Muelles sale $3336). El recorrido incluye la visita a las bodegas El Legado, Cordano y Familia Irurtia con degustación de vinos, además de un almuerzo italiano en la fonda Lo Korrea. Para más información y para adquirir pasajes o paquetes, ingresar a www.cacciolaviajes.com. Para consultas telefónicas: 5353-9005.



Al otro lado y entre los árboles*
Para un consumidor argentino, el paisaje del vino uruguayo es tan singular como sus vinos. Allá, entre praderas verdes, vacas gordas y palmeras a lo largo de la costa, fermentan algunos secretos tanques que merecen ser probados. Principalmente los blancos. Porque en los desiertos y terruños argentinos no hay nada como el Sauvignon Blanc –Carrau Sur Lies, por ejemplo–, el Chardonnay –Viñedo de los Vientos– o el Albariño –Garzón– que se elaboran allá en Uruguay, donde manda la frescura, la elegancia suave y los delicados contrastes. Que la zona está rodeada de agua –desde el Río Uruguay, al del Plata y el Océano Atlántico- es la clave para que las bodegas charrúas logren esos sabores refinados. Al mismo tiempo, en materia de tintos, –tanto para los uruguayos como para argentinos-, hay un concepto equívoco de que  todo en la costa oriental todo se reduce al Tannat. Craso error: en materia de Zinfandel –Artesana– están los que envejecen bien; en Pinot Noir los que ofrecen frescura y paladar sucio –que es el rico, como Narbona–, mientras que en Syrah, el granito meteorizado de la Sierra de la Ballena y el aire fresco que la rodea, hacen el milagro de uno de los más ricos que tengamos memoria: Cetus. Para Tannat, a nuestro juicio, los más ricos los hace Pissano.
 
Por Mercedes Spinosa
*Por Joaquín Hidalgo 

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