23.01.2011

Coctelería retro: a qué bares ir y cuáles evitar

Acá te contamos cuáles mantienen su encanto y cuáles lo perdieron.


Los bares de moda en los años 70 y 80 eran muy diferentes a los de ahora. Se los llamana “confiterías” y servían de refugio a los playboys porteños de aquella época encarnados como cliches en películas de Olmedo y Porcel. Nos propusimos averiguar qué pasa hoy con esas barras que servían de lugar de levante y de vidriera al jet set. Acá te contamos cuáles mantienen su esplendor y están buenos para ir a tomar unos tragos. Y cuáles perdieron su magia y es mejor evitar.

LOS QUE VALEN

Rond Point. Convoca futbolistas, políticos y periodistas como Marcos Aguinis, un habitué de lugar. Pero Rond Point hizo un drástico restyling, alejándose de la nostalgia. Su estética es muy noventista: enormes ventanales sobre Figueroa Alcorta, y un menú a tono con la idea de nuevas tendencias. La carta muestra tragos de autor aunque la clientela tiende más al Johnnie Walker, el Margarita y demás clásicos. Cada trago viene acompañado de masitas de queso y canapés con tomate cherry, amapola, queso blanco y alcaparra, o queso azul y nuez. Tal vez Rond Point no junte hoy a tantos playboys como antes, pero tiene su convocatoria asegurada, con perfil de público que comienza en los 35 y llega a los 60. Mucha notebook, pilchas elegantes y un estilo a su modo logrado.
Av. Figueroa Alcorta 3009, Palermo Chico

Selquet. El camino iniciado por Selquet, con una vista privilegiada de los bosques de Palermo es similar al de Rond Point, con renovación en su estética y en su carta, pero  acá el objetivo fue otro: apuntaron a la sobriedad contemporánea de un restaurante apto todo público. El lugar está bien, pero carece de ambiente nocturno. Perfecto para tardes de primavera en el fantástico deck exterior. La barra ofrece buena coctelería de autor y también tragos clásicos bien servidos. Lo ideal: dejar que el barman Nicolás Castro o sus secuaces recomienden una receta, y rogarles que la consideren un “trago del día”, promoción que le baja su precio a tan sólo $15 con triolé incluido. La versión fría de este triolé trae jamón, queso y aceitunas; la caliente, depende el día, incluye albondiguitas o mozzarella rebozada.
Pampa y Av. Figueroa Alcorta, Belgrano

LOS QUE VALEN POCO

Caffe Tabac. Hay que admitir algo de Caffé Tabac: su vigencia. Allí se juntan hasta el día de hoy políticos, actores, futbolistas, periodistas. Algunos ejemplos: Guillermo Nimo, Mostaza Merlo, Juan Carlos Calabró y Antonio Carrizo. Una mezcla de famosos con habitués, pasando por señoras de tapado de piel y familias enteras. Caffé Tabac vive de esta imagen elegante, sostenida por muebles pesados, decoración sobria (si bien cuenta con algunos detalles espantosos, como una ruidosa heladera de tortas en medio del salón con potes de yogur Ser). La barra tiene buenas marcas pero la carta de tragos está desactualizada. Un ejemplo: el trago largo Tabac, con champagne, licor de coco, jerez y licor de durazno. No lo piden ni los parroquianos más fanáticos. Lo mejor pasa en verano en la vereda, con un Campari con soda e ingredientes (el combo vale $34), que incluye sabores retro como albondiguitas con tuco, fosforito de jamón crudo, arrollado de queso y cereza maraschino (¿por qué esa cereza, por dios?) y empanadita de carne. Una vigencia extraña, pero no por eso menos real.
Av. Del Libertador y Coronel Díaz, Palermo

La Biela. Es historia: no todos podían entrar a esta confitería de la Recoleta. El interior exigía elegancia y “pertenecer”, mientras que la vereda siempre fue algo más laxa aunque menos prestigiosa. Hoy el lugar más interesante es la barra del lado de los fumadores, donde se junta una fauna masculina que parece de comisarios o sindicalistas: todos gorditos, de saco oscuro, bigotes tupidos, y vaso de whisky en mano. La Biela no es más un lugar de playboys, pero tiene su valiosa energía. Los camareros saludan a sus habitués, salen tortas, cafés y mucho alcohol en formato de aperitivo (Campari, fernet, Cinzano), de whisky, y tragos directos (Gin Tonic). Generosos ingredientes en bandeja de nueve compartimentos acompañan a los tragos. Eso sí: no piensen en cocktails sofisticados. Un símbolo paquete que perdió parte de su picardía.
Av. Quintana 596, Recoleta

EL QUE NO VALE NADA

Richmond. Única sobreviviente de tres sucursales, la Richmond (con el artículo “la” por delante) muestra dos facetas distintas. El subsuelo tiene una mística poderosa: mesas de pool, billar y ajedrez sin playboys ni sofisticación, pero con abundante vicio y feliz amargura. En cambio, la Richmond confitería, apunta a lo “high”, con una escenografía preciosa, sillas tapizadas, arañas en el techo y camareros de moño y escudo. Hasta aquí, todo bien. Pero la falsa ilusión se rompe al pedir un trago. El Old Fashioned ($35 con ingredientes; $25 sin) lo hacen (sin avisar) con whisky nacional marca Premium, y mejor ni hablemos de un dash de Angostura o de azúcar. Tan sólo dos hielos muertos, una rodaja de naranja, y el falso scotch. Es verdad que se podría ir por el lado de un whisky importado o un aperitivo, pero tampoco los ingredientes ayudan. Tienen todo el aspecto retro de Tabac, pero de peor sabor: tortilla de papa y jamón, queso barra, sándwich de jamón, queso y ananá en lata, salchichitas, palitos, tortilla de choclo... ¿La sensación? Un mal tango, cantado bajo la lluvia de invierno en una desértica Plaza Dorrego.
Florida 468, Microcentro

Por Ignacio Rivera / Fotos: Sandra Flomenbaum

comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresión, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groserías, acusaciones sin fundamento e insultos serán eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dejá tus comentarios