30.03.2010

Conocé los restaurantes con las mejores cartas de vino de Buenos Aires

En estos restaurantes se bebe tan bien como se come. Estas son las cavas más destacadas de la ciudad.


A menos que hablemos de un local de comidas rápidas o una pizzería de barrio, se sabe que para ser un buen restaurante hoy no basta con servir buena comida: también el vino tiene que ocupar un lugar central. Hay restaurantes que siempre lo han hecho, como los clásicos Oviedo o Tomo I, y otros como La Bourgogne, tienen cartas larguísimas.

Pero la cantidad de vinos  y una historia consagrada no siempre garantizan una buena carta. También el servicio debe ser el mejor, lo mismo que el asesoramiento y la oferta, que deben ir en sintonía con la comida. Por eso en los restaurantes del listado a continuación hay de todo: cartas extensas, selectivas, con vinos muy costosos y exclusivos, y otras que se enorgullecen de apuntar a la buena relación precio/calidad. Todas distintas, pero con un denominador común: el aprecio por el vino.  

1. Sólo para entendidos: LA BOURGOGNE
La carta de este restaurante marcó un camino en nuestro país y desde su apertura en 1993 se transformó en el desvelo de cualquier amante del vino. Con 500 etiquetas, el sommelier Alejandro Barrientos logra una acertada selección de vinos nacionales e importados, en un relación de 60-40% respectivamente, con especial acento en etiquetas francesas. De ahí que es importante conocer del tema para poder elegir en esta carta dividida por países y denominaciones de origen. El dato para no equivocarse: chusmear las Recomendaciones del Sommelier, donde Barrientos sugiere una selección en base al menú de estación.
(Ayacucho 2027, Recoleta (Hotel Alvear) / T. 4808-2100)

2. Para beber el mundo en una cena: DUHAU RESTAURANTE

El sommelier Marcelo Rebolé armó la carta de Malbecs más extensa del mundo (300 etiquetas), aunque también seleccionó los mejores vinos de Francia, Italia, España y del Nuevo Mundo para darle tenor a su cava. Una cena puede arrancar con Champagne francés, seguir con un Sauvignon Blanc neocelandés para la entrada y, con los principales, un Premier Cru (Lafite, Latour, Haut Brion), algún famoso Ribera del Duero (Vega Sicilia), quizás un Supertoscano (Ornellaia, Sassicaia). Hay Sauternes y Portos para los postres, mientras que para la sobremesa ostentan excelentes destilados, como el Remy Martin Louis XIII. Entre las marcas nacionales tienen las verticales completas de Felipe Rutini, del Cabernet Sauvignon de Carmelo Patti y el Malbec de Ricardo Santos.
(Av. Alvear 1661, Recoleta (Palacio Duhau) / T. 5171- 1340)
 
3. Para vinos modernos: EL BISTRO + CAVA DEL HOTEL FAENA
Desde que abrió sus puertas en 2004 este hotel trazó la cancha porteña en materia de estilo, y lo mismo sucede con su carta de vinos: un importante carpetón de cuero blanco, que cuando se abre le indica a todos que estás eligiendo la bebida. Hay etiquetas exclusivas y famosas (Petrus, Cristal) pero también otras más modernas, de enólogos jóvenes y talentosos de Argentina, como Marcelo Pelleriti, Alejandro Vigil o Héctor Durigutti. El asesoramiento de los sommeliers es muy bueno, todos entrenados por Aldo Graziani, un sello de calidad para esta casa. Y si no alcanzan los unicornios de las paredes para impresionar, en la cava subterránea hay otras maravillas. Con previa reserva, también se puede cenar allí abajo.
(Martha Salotti 445, Puerto Madero (Hotel Faena) / T. 4010-9200)

4. Para sacarle jugo a la tarjeta corporativa: CABAÑA LAS LILAS

No hay otra parrilla como esta para llevar a un extranjero de paso por la ciudad. Cabaña Las Lilas es famosa por sus carnes y por su buena selección de vinos. Con más de 500 etiquetas, se puede probar cómo armoniza un bife de chorizo con un Cheval Blanc, francés, o un asado de tira con un Carmenere Purple Angel de Casa Montes, chileno. En cuanto a los vinos argentinos, están los más destacados a nivel internacional (Catena Zapata, Achával Ferrer, Cobos) porque reciben mucho turista que llega con las recomendaciones del gurú Robert Parker. Eso sí, si no es con la tarjeta corporativa, mejor no acercarse o bien pedir un Chateau Vieux de López, que no falla.
Alicia Moreau de Justo 516, Puerto Madero / T. 4313-1336

5. Para irla de molecular: MORENO RESTAURANTE
El chef Dante Liporace busca emocionar con platos sofisticados y novedosos, en un menú de diez pasos con cocina de vanguardia. Y el vino también la va de moderno. En la cava vidriada que ocupa el centro del salón verás una selección de 200 etiquetas argentinas no tradicionales (Chacra, Cobos, Noemía, CarinaE) que ofrecen algo nuevo y diferente; aunque también hay lugar para opciones muy buenas que arrancan en los $60 (Las Perdices, Bodega del Desierto, Críos). Con un poco de habilidad en la elección se puede beber bien sin embargar los bienes.
(Moreno 372, San Telmo / T. 5291-2380)

6. Para beber sin culpa: CASA CRUZ
Ni bien se pone un pie en el salón de Casa Cruz la cava se impone como protagonista: 300 etiquetas con fuerte acento en lo mejor de Argentina, aunque también hay algunos australianos, españoles, chilenos y franceses. La carta tiene información muy precisa y valiosa (bodega, origen, composición, enólogo, etc.), y los vinos están ordenados por cepa y precio. En un descuido o tentación, la cuenta puede ascender a cuatro cifras antes del plato principal, pero no hay que asustarse: hay buenos opciones desde $50. Un dato para entendidos: en la cava tienen algunas verticales valiosas (Los Nobles Malbec Verdot del 1997 al 2004, Dedicado del 2001 al 2004).
(Uriarte 1658, Palermo – T. 4833-1112)

7. Para nacionalistas: DON JULIO

No sólo es una de las mejores parrillas de Buenos Aires por la calidad de su carne y su servicio, sino porque también cuenta con una carta de vinos, con 120 etiquetas –creada con pasión por Pablo Rivero, el dueño- en la que hay lugar para los Malbec más top (Cobos, a $1500, por ejemplo) y buenas opciones precio/calidad que arrancan en $40. Pero no todo es Malbec en nuestro país y cuentan con otras opciones, como Bonarda y Cabernet bien escogidas. La carta es criolla, con una cobertura de cuero crudo que describe muy bien la propuesta del lugar: carne en su punto y vinos nacionales.
(Guatemala 4691 esq. Gurruchaga – T. 4831-9564 / 4832-6058)

8. De fácil la elección: BAR URONDO
El primero en tener una carta de vinos clasificada por estilos. ¿Y eso qué significa? Que ordenan las etiquetas según sean aromáticos y ligeros,  intensos y con cuerpo, etc. De esta forma es fácil arriesgarse y pedir una marca poco conocida. Y si bien la carta no es ni extensa ni nutrida en especialidades, la selección es impecable, con diferentes rangos de precios (arrancan en los $37) y un buen surtido de aperitivos y espirituosas. Ante la menor duda, conviene preguntarle Sebastián Koncurat –sommelier y socio- por su recomendado; puede que te ofrezca un vino fuera de la carta. Y si querés llevar tu propia botella, el descorche cuesta 20 pesos.
(Beauchef 1204, Parque Chacabuco – T. 4922-9671)

9. Para comer y beber a precios lógicos: COSECHERO
Una parrilla barrial con alma de peña folklórica, que sorprende por su completa carta de vinos. Cuando se empieza a frecuentarlo, se descubre el secreto: su dueña, Candelaria Lighezzolo, es sommelier y le pone fichas al tema. Vas a encontrar algunas etiquetas de alta gama, pero el foco esta puesto en la relación precio/calidad (Sur de los Andes, Las Perdices por ejemplo) para que no falte el tinto en la mesa. Para una salida con amigos o una cena de parejas va muy bien: beberán, comerán y quedará plata para el taxi de vuelta.
(Zelarrayán 995 esq Beauchef, Parque Chacabuco / T. 4926-1116)

10. Para perezosos: THYMUS

Aclaración: este restaurante ha cerrado.
El pequeño restó tiene una carta varietal con 100 etiquetas, en la que encontrarás todas las variedades que se producen en el país, aún cuando de algunas sólo tengan una marca. La selección está a cargo del sommelier Beto Avia y uno de sus propietarios, Julián Díaz, quienes buscan sobre todo diversidad: en vinos tranquilos sólo etiquetas nacionales, en espumosos importadas. Encontrarás algunas perlitas como Noemía, Finca Remota o el Merlot de Mainque, junto a etiquetas clásicas como Montchenot. Pero si sos perezoso o no te gusta decidir el vino, Avia se encarga de guiarte y de abrir los vinos que sean necesarios. La idea es ofrecerle lo que quieras beber.
(Lerma 525 esq. Malabia, Villa Crespo /  T. 4772-1936)

11. Para amantes de los bodegones: MIRAMAR
En este añoso bodegón dejan la carta sobre la mesa y lo último que te imaginás es que habrá apenas una docena de platos, y casi 10 páginas de vinos cuidadosamente seleccionados y conservados en el sótano, entre etiquetas nacionales e importadas. Date un gusto y pedí las rarezas, como el español Montesillo Cumbrero 1995; o algún Alfredo Roca de la década pasada. Eso, sin entrar en los “incunables”, como le llaman, Angélica Zapata Malbec 1997 o el muy buscado Catena Zapata 1999. Claro, por una botella de estas vas a dejar mil pesos. Pero lo que caracteriza a esta carta es la buena relación precio calidad, en vinos como Callia, que arranca en los 35. La atención es esmerada y los mozos saben de lo que hablan.
(Av. San Juan 1999, Boedo – T. 4304-4261)

¿Cuál es para vos el restaurante con mejor carta de vinos?

por Alejandro Iglesias

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