27.09.2010

El ñoqui de oro, el premio más bizarro de la gastronomía argentina

¿Qué tienen en común Pablito Ruiz, Marcelo Tinelli, Carla Conte y el Beto Acosta? Todos en algún momento recibieron el 'ñoqui de oro'. Conozcan al creador de semejante galardón.


Conocer en persona a Domingo Lamosa Baltasar es como tener enfrente a una especie de Elvis Presley criollo de casi 70 años. El hombre que dice haber inventado, en 1971, la costumbre de comer ñoquis los días 29, y que creó también un trofeo llamado el “ñoqui de oro” para premiar a los famosos del espectáculo, el deporte y la cultura, es un personaje que Planeta JOY no podía pasar por alto.
 
Lo primero que vemos al entrar a la cantina Don Carlos, en la esquina de Billinghurst y Valentín Alsina, es a un señor echado solo en un gran sillón gris, con impecable traje a tono, fumando un cigarrillo tras otro y sumido en pensamientos oscuros. Y pensar que ese cerebro insondable fue capaz de asociar, quién sabe porqué y bajo qué circunstancias o estímulos, la idea de éxito con la enroscada figura de un ñoqui. También hay que considerar -no seamos necios, queridos lectores- que en la jerga popular y pastera el ñoqui remite sin escalas a la idea de un pene pequeño, en contraposición a la magnánima figura del canelón. Es un detalle que sin dudas distrae la atención del verdadero objetivo del premio: el “ñoqui de oro” reconoce el talento, no importa cuál sea, y se entrega todos los 29 de mes a un famoso.
 
Pero volvamos al personaje que nos convoca. Lamosa, dueño de este clásico restaurante del barrio de Almagro, nos invita a tomar asiento haciendo un gesto y sin decir palabra, como hacen los mafiosos o los cowboys en las viejas películas yankees. Recién ahí nos damos cuenta de su parecido físico con Silvio Soldán.
 
DE TINELLI A LUCHO AVILES

Comienza una charla que en la siguiente hora lo tendrá hablando bajito, con una voz ronca y muy española, pasándose la mano por el pelo (no se sabe bien si es suyo) y cerrando los ojos al terminar cada oración, como recordando algún error del pasado o sufriendo todavía por una decisión mal tomada.
 
La cantina, de la que es dueño hace 37 años, está tapizada con las fotos de los ganadores del “ñoqui de oro”. Lucho Avilés, Ray Williams -que hacía el papel de El Zorro-, el Beto Acosta, Isabel Pantoja, los trolos de Locomía, Daniel Scioli, Osvaldo Pugliese y Pablo Ruiz son algunos de los premiados a lo largo de los años, sin ningún tipo de hilo conductor. ¿Qué podrían tener en común Pablito Ruiz con el Nono Pugliese y el Zorro?
 
Pero la foto que más se repite en las paredes es la de Marcelo Tinelli. Resulta que el conductor lo adoptó casi como la mascota anciana de su programa y por eso todos los días se ve a Lamosa en ShowMatch, firme como un soldado (raras veces falta) acompañando a la troupe de juglares tinelescos.
 
La relación con el dueño de Ideas del Sur nació porque el cabezón más famoso de la tevé iba a cenar a la cantina de Don Carlos cuando era ayudante de José María Muñoz en el programa la Oral Deportiva, que se emitía por Radio Rivadavia.
 
“A Marcelo lo conocí en 1975 y nos quedábamos cenando con el Gordo Muñoz. A mí nunca me gustó comer sólo”, recuerda Lamosa. Con el tiempo, Domingo le fue tomando cariño a Tinelli y hoy siente que lo unen muchas cosas con él. “Es una persona que nunca se olvida de sus amigos y que le gusta estar cerca de ellos en todo momento”, dice. “Además somos dos grandes depresivos”, asegura, ante la mirada atónita de quien suscribe. Tan cerca se siente del cabezón que dentro de muy poco le entregará el preciado “ñoqui de platino”, que hasta ahora sólo se concedió a dos personalidades en la historia del galardón: “Uno fue a José María Muñoz y el otro ya no me acuerdo”, afirma después de quedarse pensando un rato largo.

LA VERDAD SOBRE LOS ÑOQUIS DEL 29
Todo el tema del premio a los famosos nació porque hace 37 años una pareja llegó a la cantina un 29 de mes y pidió, justamente, ñoquis. Como no se servía ese plato en el restaurante, Domingo pensó que a partir de entonces el 29 sería el día oficial para comer esa pasta en la cantina. “Yo soy el inventor de la costumbre de alimentarse con ñoquis los 29”, clama Lamosa, mientras uno de los mozos pasa por detrás suyo guiñando un ojo.
 
También desde ese momento empezó a entregar un ñoqui de plata a cada una de las mesas que pedían ñoquis los días 29 y uno de oro a un famoso, invitado especialmente a la cantina para recibirlo; el último se lo ganó la conductora pechugona Carla Conte.
 
“A los únicos que nunca premié fue a los políticos, porque no me quise embanderar con nadie. Sólo una vez se lo di a un comunista, a una persona que vivía, pensaba y respiraba como un comunista, el señor Osvaldo Pugliese”, se emociona nuestro Elvis.
 
Pero un segundo después se indigna al contar las veces que le pidieron dinero para recibir el galardón. “Me acuerdo que una vez vino Noemí Alan y yo le quería dar el ñoqui pero ella me dijo que todo lo que hacía era por plata; por eso no se lo entregué”, justifica.
 
En la lista negra de los ñoquis, es decir de los famosos que quisieron cobrar por recibir el premio, figuran el conejito Saviola (el futbolista le pidió 5000 dólares) y Carmen Barbieri (“le corté el teléfono”). También hay otros que terminaron mal la relación con Lamosa, como José Sacristán. Al parecer, el narigón actor español caía al restaurante a la una de la mañana y se quedaba chupando hasta las cuatro, ante la mirada de odio de los mozos. “Lo eché sin ñoqui ni nada”, cuenta sin remordimientos.

UN GALLEGO GOLPEADO
Los silencios que hace Domingo al hablar, la forma en que cierra los ojos haciendo fuerza, cuentan por sí solos una historia bastante triste. Nacido en Galicia hace 68 años, Lamosa llegó a la Argentina con su abuelo en 1953 (“la persona que más quise en mi vida”). A los trece ya trabajaba con su tío en un bar de Retiro y la primera vez que trató de llevar una bandeja se le cayó una botella de vino. El tío le dio una paliza que todavía se acuerda. Luego vendría la Revolución Libertadora y Domingo comenzó a servir atrás del mostrador de la pizzería El Trébol, en Lavalle y Suipacha. Al poco tiempo se le concedió el honor de ser mozo, con sólo quince años.
 
A los 17, con 20.000 pesos de la época ahorrados, se juntó con ocho personas y en 1958 abrió la confitería Calatrava. Estuvo 14 meses sin cobrar un sueldo y vendió el local tres años después. “Fui socio en una pizzería de Lima y Brasil y después compramos La Fusa, en Pampa y Figueroa Alcorta, donde ahora está Selquet”, recuerda. “En 1966 compré El Cuartito, sobre Talcahuano, pero esa es otra historia que no terminó bien”, explica, y vuelve a cerrar los ojos.
 
En 1970, Lamosa se fue a España y en 1971, a los 31 años, regresó para comprar la cantina a un tano llamado Carlos. Desde ese restaurante levantó su imperio del ñoqui y ganó popularidad, en gran parte gracias a la ayuda de Tinelli, que debe ver en él a un anciano pintoresco y con la fidelidad incondicional que tienen algunos gallegos.
 
Porque lo cierto es que, más allá de lo bizarro del premio y del personaje, y de que resulta un poco irritante ver al viejo robando cámara junto a los demás falderos de Tinelli, Domingo Lamosa Baltasar parece ser un tipo con códigos, a quien recién ahora, después de muchos ñoquis, le está empezando a ir bien. Y así como  Mirtha Legrand jura que su programa da buena suerte, Lamosa asegura que su ñoqui es una catapulta al éxito. “Sino miren a Lucho Avilés lo bien que le fue”, concluye, atribuyéndose la celebridad que adquirió el conductor chimentero –ahora un tanto devaluado- luego de recibir el preciado galardón.
 
Por José Totah / Fotos: Pablo Mehanna 

comentarios

Los comentarios y opiniones enviadas a este espacio de expresión, son de exclusiva responsabilidad de sus autores. Groserías, acusaciones sin fundamento e insultos serán eliminados por el moderador. Al dejar su comentario el usuario acepta recibir nuestro newsletter y autoriza a Planeta JOY a incorporar su mail a su base de datos.

Dejá tus comentarios