12.03.2012

Generación E: los nuevos enólogos toman las riendas

En el vino argentino se vive un cambio generacional. Se lo observa en la prensa, en las gerencias de las bodegas y, lo más importante, en los departamentos de enología. Allí, una nueva camada de enólogos jóvenes elabora vinos modernos, creativos, diferentes.


Sucede en la moda, en la arquitectura y en el arte: a una camada de creativos le sigue otra que marca su propio rumbo. Y este patrón se vislumbra hoy en el vino argentino, con una nueva generación de enólogos que exhibe nuevas formas de elaboración y propone otro modo de consumo.
    
Existe una vieja guardia de cracks, como Angel Mendoza, Daniel Pi, José Galante o Walter Bressia, que ya superaron los cincuenta años. Enólogos que le marcaron el pulso a la viticultura nacional en el último cuarto de siglo, definieron qué bebíamos a diario y construyeron una forma de entender y de hacer el vino que ahora, de la mano de esta nueva camada metida de lleno en el mundo contemporáneo, comienza a cambiar.

VINO Y ROCANROL
El vino hoy ocupa el lugar del placer y no del alimento. De ahí que, en la era de los 140 caracteres y las redes sociales, encuentra nuevos códigos en sus hacedores. La nueva generación de enólogos que hoy trazan la cancha se formaron en otro mundo y vienen de otro palo. Hicieron sus primeras armas cuando Guns n’ Roses eran una novedad (no su parodia), los Oasis estaban unidos y Soda Stereo tocaba la cumbre. Formaron su paladar en la era del ascenso del fernet-cola –y lo consumen gustosos- y en una época en que los importados llenaban las heladeras; sobre todo, viajaron: hicieron vendimias de Pomerol en Francia a Napa en Estados Unidos, algunos incluso llegaron hasta Australia. Y tuvieron por maestros a trotamundos como Michel Rolland, Alberto Antonini y Paul Hobbs.

Así, formaron una mentalidad amplia, atenta a los requerimientos del mercado chino y danés, que busca conquistar el paladar del americano medio y a la vez satisfacer al exigente consumidor inglés. Motivados por esa apertura de horizontes, ahora buscan renovar el paladar del vino local con creaciones cada vez más atrevidas, más destinadas al goce estético que a la cultura del consumo diario.

AQUI ESTAN, ESTOS SON
A continuación, quiénes son los nuevos enólogos argentinos que le están cambiando la boca al negocio y cuáles de sus vinos conviene probar.

Héctor Durigutti, el señor de la Bonarda
Nació en Rivadavia, Mendoza, hace 40 años. Trabajó en bodegas desde antes de ser enólogo y se formó con el grupo Matura, la empresa de asesores italianos que encabeza Alberto Antonini; luego asesoró en forma personal a otros productores. Y en 2008 levantó su propia bodega, junto con el empresario Guillermo García Lamadrid. Sus variedades emblemáticas son Malbec y Bonarda, y ahora le apunta al Cabernet Sauvignon. Buscador de terroirs y conocedor de un paño fino de productores, desarrolló con un estilo jugoso y elegante. Buena muestra son Durigutti Bonarda 2009 ($45) y Durigutti Reserva Malbec 2008 ($98), recién salido del horno.

Mauricio Lorca, el estilista
A sus cuarenta, te lo podés cruzar con jean y zapatillas mandando mails a diversos mercados desde su oficina. Como Durigutti, también es de Rivadavia. Fue enólogo de muchas bodegas –Luigi Bosca, entre otras- hasta llegar a Foster, de cuyo propietario es socio. Asesora a otras tantas bodegas –es uno de los enólogos en actividad que más cantidad de proyectos lleva adelante- por lo que cada año elabora un millón de litros de alta gama, con visión estilística propia: sus vinos son directos y expresivos, con la madera en segundo plano. ¿Productos estrella? Lorca Poético Cabernet Sauvignon 2008 ($90) y Gran Opalo Corte 2009 ($150).  Acaba de lanzar Lorca Inspirado 2008, un rico blend tinto, que asciende a 390 pesos.

Alejandro Vigil, el enemigo número uno
Con 38 años cumplidos está al frente del departamento de enología de Catena Zapata desde hace dos años. Formado en el riñón de la empresa, es el responsable de los tintos y blancos más cotizados de la casa, como Nicolás Catena 2007 ($820), pero también de los grandes volúmenes de Alamos. Le gusta definirse como un consumidor de vinos, antes que una hacedor, y de ahí que tenga un ojo atento para el mercado internacional. En sus ratos libres lleva adelante un proyecto en sociedad con Adriana Catena, llamado El Enemigo. Aunque parezca mentira, el nombre de los vinos es un homenaje a su primer hijo. Conviene probar el Syrah Viogner 2008 ($180), un ejemplo de modernidad gustativa, también Alamos Cabernet 2010 ($45). Buen twittero, seguilo si querés novedades frescas: @alevmalbec.

Marcelo Pelleriti, el rockstar
Este mendocino de 42 años saltó a la palestra cuando empezó a colaborar con Michel Rolland como enólogo de Monteviejo. Corría el año 2003 cuando sostenía, todavía, una pequeña bodega experimental en su casa. Desde entonces, su perfil entre carismático y bohemio –es guitarrista y líder del grupo Soulmates- le dio nuevo aire al vino local. Sus tintos potentes y estructurados, de raíz francesa, le han granjeado fama. Junto con Vigil llevan adelante un programa de radio semanal (se llama In Vino Veritas, FM Red 101.5, viernes 20 horas) en el que difunden el vino en charlas de amigos. Cada vendimia, elabora en Pomerol, Francia; en los château La Violette y Le Gay. Actualmente prepara su propia línea de vinos, que saldrá a la venta con el nombre de Sol Fa Sol. Buenos ejemplos de su estilo son Calypso Malbec 2010 ($47) o Monteviejo 2008 ($72), blend a base de Malbec. Seguilo por twitter: @MarcePelleriti.

Gabriela Celeste, la dama escarlata
Está al frente de Eno Rolland, el laboratorio de enología y empresa asesora de Michel Rolland en la Argentina, por lo que le toca meter mano en muchas elaboraciones de bodegas locales: desde Carinae a Viña 1924 de Ángeles y Antucura. En los últimos años consiguió un estilo propio que la diferencia de su mentor y que la proyecta como una joven promesa de la elegancia. Conviene probar Rocío Moreno Malbec Reserva 2009 ($80) y CarinaE Prestige 2008 ($200) para saber hacia adónde la llevan sus pasos. Escarlata Malbec es su vino de autor, que pronto relanzará al mercado.

Matías Michelini, el terroirista
A sus 37 años, es uno de los enólogos de espíritu más inquieto. De una imaginación desmesurada para trabajar las uvas, hizo escuela en bodegas como Doña Paula y Sophenia. Ahora asesora a varios productores mientras lleva adelante su proyecto personal Passionate Wines. Uno de los pocos enólogos con una convicción pura sobre el terroir, lleva adelante un mapa de las distintas fincas de Tupungato, que elabora en microvinificaciones. Con base en Gualtayarí, la zona más alta del valle de Uco, pronto sacará una línea Parral –una clara provocación a los ortodoxos-  mientras que su Montesco blend 2008 –Malbec, Cabernet con un touch de Bonarda, 90 pesos- está fuera de todo estereotipo. Especialista en Sauvignon Blanc, por sus manos pasan hoy los más completos ejemplares de esta variedad. Conviene probar como Alto Sur 2011 ($45)  y Riglos Quinto 2011 ($75). Para seguirlo en Twitter: @micheliniwine

Leonardo Puppato, sparkling man
Se formó en Chandon, donde aprendió el ABC de los espumantes, antes de recalar en la neuquina Familia Schroeder, ubicada San Patricio del Chañar, donde fue responsable de crear un porfolio de burbujas. Con personalidad inquieta –en una temporada puede hacer hasta 30 ensayos diferentes- hizo del Pinot Noir su variedad emblema, ya que lo elabora en varios estilos: desde vinos tranquilos en diversos precios hasta espumantes blancos y rosados. El batacazo lo dio en 2005 cuando lanzó Deseado ($55), el espumoso dulce natural a base de Torrontés que se vende como pan caliente. Pronto saldrá un tinto de sus propias viñas, plantadas en 1901 en Mendoza.

Oscar Biondolillo, el creador de hits
Con 44 años cumplidos, se define en pocas líneas: ex Graffigna y ex Salentein, fue el inventor enológico de Callia. Hombre de muy bajo perfil y un talentoso en materia, hay pocos técnicos que le hagan sombra a la hora de enfocar un vino hacia el mercado. Con base en San Juan, desde 2004 trabaja en su proyecto personal, Aguma, y en 2010 finalmente compró una bodega en Rivadavia, San Juan. Enfocado en su proyecto personal, dejó las asesorías. De fino olfato para los cortes comerciales, sus varietales ($24) buscan emular el camino de Callia, con tintos fáciles de beber que pivotean en una relación calidad precio muy positiva. Para su línea Aguma Reserva ($60) emplea uvas de los valles de Pedernal, Zonda y Tulum.

ENOLOGOS EN SUS TREINTA
Mientras que los cracks hoy rondan los cuarenta años, hay una camada de nuevos enólogos que rozan los treinta y que pronto darán que hablar. Todavía bajo el ala de algún grande, los nombres propios del vino de mañana hay que buscarlos entre los nombres que siguen:

Pablo Richardi.
Trabaja en Flecha de los Andes. Viene de una familia bodeguera especializada en las burbujas y con un par de hermanos también duchos en el campo del vino.

Marcos Fernández. Al frente de Finca Decero, acaba de cumplir 30 años. En su corta carrera ya pasó por Norton, Chandon y Viña Cobos.

Alejandro Cánovas. A los 34 años dirige uno de los proyectos más ambiciosos de Carlos Pulenta: la sociedad con Alejandro Bulgheroni, con quien acaban de comprar una bodega de 20 millones de litros.

Felipe Stahlschmidt. Mano derecha de Alejandro Vigil en Catena, es responsable de buena parte de los vinos que firma el crack.


Por Joaquín Hidalgo

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