30.01.2013

Gin & Tonic: dónde probar los más ricos y originales de la ciudad

Uno de los tragos más antiguos de la historia vuelve a estar de moda. Es el Gin & Tonic, con nuevas formas de servirlo, ingredientes novedosos y mayor variedad de etiquetas. El merecido revival de un clásico.


Parece simple: gin, tónica y piel de limón. Parece viejo: viene del siglo XVIII, cuando los soldados ingleses consumían gin con quinina (el componente amargo del agua tónica) para prevenir la malaria (en realidad, la quinina por la malaria, el gin por... ¿acaso hace falta explicarlo?). Parece elitista: fue uno de los cócteles más típicos de la alcurnia tradicional argentina. Pero todo esto no más que una de las caras de la moneda.

Lo cierto es que el Gin&Tonic es uno de los pocos tragos transversales. Esto es, le gusta a todo el mundo. Funciona en la discoteca y también como previa del asado. Va como aperitivo en los atardeceres veraniegos y como refresco acompañando una comida. Pero más importante que todo esto: es el trago de moda en buena parte del mundo. Y este verano, ese mundo aterrizó en la Argentina.

La historia moderna del Gin&Tonic comenzó hace ya unos tres años en España. Allí, lo más bebido era el ron o el whisky con cola. Pero hoy es el Gin&Tonic el trago más consumido en la península ibérica, en un fenómeno que sumó características propias: copón de cristal con hielo partido (en lugar de un vaso de trago largo), garnishes originales y nuevas marcas de gin que se sumaron en malón a la oferta de siempre. Es decir: a marcas como Beefeater, Bombay, Plymouth, Tanqueray y Gordon's se agregaron decenas de botellas nuevas. Del Reino Unido, Hendrick's, Broker's, Martin Miller's, The London Nr. 1. De España, el fantástico Gin Mare, elaborado con ingredientes mediterráneos como tomillo, albahaca, romero y oliva. De Francia, el super premium G-Vine, destilado de uvas Ugni Blanc, y el delicioso Blue Ribbon. También aparecieron nuevas marcas de tónica de alta calidad basadas en ingredientes naturales, como Fever Tree y la argentina 1724, que se exporta en un 95% a España.

Hasta hace muy poco, la Argentina miraba este ascenso del Gin&Tonic con cierta distancia. Pero este fin de año las cosas están cambiando. Favorito entre bartenders, cada vez más barras presentan versiones especiales que suman nuevos consumidores. ¿Nace un nuevo trago de moda? El verano lo dirá. Aquí, nuestros favoritos.

Bernata
Si el Gin&Tonic es una religión, Bernata es el templo local adonde van a rezar sus creyentes más devotos. Esto no debe llamar la atención: Bernata es un bar y restaurante especializado en tapas, abierto hace pocos meses por Luz Fernández García, quien trajo su pasión por este trago directamente de su ciudad natal, Madrid. Llegada a la Argentina se puso en contacto con Tato Giovannoni, que armó una lista dedicada a versiones juguetonas de G&T. Entre varias opciones, el bartender Leandro Gil Báez sirve los geniales Noche de Verano (gin, tónica, Cinzano Bianco, pepino y mandarina) y el Romero de Mar (gin, tónica, jugo de pomelo rosado y romero). Y, para quien prefiera mantenerse cerca de la receta clásica, también hay caminos posibles: Luz trajo de sus viajes muchas marcas de gin importadas y ultrapremium, que se usan como base de distintos Gin&Tonic. Por ejemplo, el delicado G-Vine francés, que sirven en copón con tónica 1724 y uva blanca fileteada, a precio de oro: 125 pesos.
(Uriarte 1610, Palermo / T. 4833-5514)

Rey de Copas
El bar del que todos están hablando. Tal vez por ser una de las últimas novedades de Palermo, tal vez por su techo corredizo que augura noches veraniegas únicas, tal vez por las esculturas, pinturas y máscaras que cuelgan de las paredes, parte de la colección personal de uno de los socios (Sebastián Páez Vilaró, hijo del Páez Vilaró de Casapueblo, en Punta del Este). Tal vez por todo eso. Pero seguro también por los excelentes tragos de la barra, creación de la dupla Carlo Contini y Juan Cruz Policella. Allí estos bartenders armaron una carta repleta de cócteles de autor, entre los que destaca su Botanical Gin&Tonic, que lleva Beefeater, St. Germain, tónica 1724, pomelo y romero ($50). Una verdadera delicia refrescante para los días más calurosos.
(Gorriti 5176, Palermo / T. 2068-5220)

Pulitzer

El primer lugar que apostó fuerte por el Gin&Tonic fue el hotel Pulitzer, que en 2011 abrió su barra con carta especializada en el cóctel británico diseñada por Inés de los Santos. Pero, como pasa muchas veces, ser un adelantado a su tiempo no siempre es positivo y hoy esa carta ya no existe. Por suerte sobrevivieron las botellas de gin importadas de buena parte del mundo. Así, el plan perfecto es aprovechar algún lindo atardecer y enfilar al Sky Bar en el piso 13, uno de los secretos mejores guardados de la ciudad. Allí, con una genial vista del centro porteño, hay que pedir un Gin&Tonic clásico, servido en copón, usando por ejemplo Gin Mare. Lo cobran $72, un regalo para la calidad ofrecida.
(Maipú 907, Retiro / T. 4316-0833)
 
878
Hay un viejo dicho que dice que lo bueno, si simple, dos veces bueno. También está la famosa frase que sirvió de filosofía de la Bauhaus: less is more. Es decir, cuando está bien hecha, la simpleza da los mejores resultados. Y eso buscaron en 878: un Gin&Tonic clásico y simple, con apenas un pequeño cambio en su receta original que le diera una nueva dimensión de sabores. Así, y manteniendo la más estricta tradición británica, maceran el gin utilizado con uno de los productos emblemáticos de Inglaterra, las hebras de té Earl Grey. Lo llaman Five O'Clock Gin&Tonic, cuesta $50 y se disfruta a cualquier hora de la noche.
(Thames 878, Villa Crespo / T. 4773-1089)

Negroni
El nombre de este flamante bar palermitano remite a Italia y a su cocktail más famoso. De hecho, la carta creada por la bartender Mona Gallosi presenta versiones para armar del Negroni, donde uno puede elegir la base, el bitter, el vermouth y el garnish, casi como si fuera un rompecabezas. Pero no sólo de Negronis vive Negroni, y la carta también ofrece tragos originales e incluso una sección especial dedicada a cócteles en jarra, para compartir entre amigos. Ahí surge este GinFizz ($125), que lleva London dry gin, jugo y piel de limón, Angostura Bitters y agua tónica. Para poner en medio de la mesa y vaciar jarras una tras otra en una larga trasnoche.
(El Salvador 5602, Palermo / T.4771-4878)

Isabel
La carta de cócteles de Isabel sólo presenta versiones clásicas de los tragos más conocidos. Allí está por ejemplo el Gin&Tonic tradicional, siempre una buena elección. Pero si buscás algo nuevo y distinto, también lo podés encontrar: desde la barra preparan muchas recetas que, si bien no se ofrecen oficialmente, ya son conocidas para los habitués de este bar que pone todas sus fichas a la sofisticación más glamorosa. Uno de ellos, creación del head bartender, Lucas Dávalos, se llama Gin Rose ($60) y trae Hendrick's, mermelada de frambuesas, tónica 1724 y gotas de agua de rosas. Como decoración, sube la apuesta con un lychee y pomelo. Impecable.
(Uriarte 1664, Palermo / T.4834-6969)

Duarte    
En el borde de Palermo Viejo, sobre Godoy Cruz, Duarte se perfila como un bar muy amigable, tanto por su política de precios apta todo público (los tragos rondan los $35, y de 19 a 21 hay un genial happy hour de todos los cócteles al 50%) como por sus anfitriones, los hermanos Agustín y Juan Bertero. Allí también apostaron por las jarras para compartir (cada una alcanza para dos copas llenas), y ofrecen así su Jarrita Porteña, mezcla que lleva gin, Punt e Mes, Hesperidina, limón y tónica ($65). Una suerte de Gin&Tonic tuneado con sabores clásicos de esta ciudad portuaria.  
(Godoy Cruz 1725, Palermo / T.2072-4178)

Tarquino
En la barra de este restaurante de Recoleta atiende Sebastián Tiseira, quien por muchos años fue una de las principales caras cocteleras de Casa Cruz, en Palermo. Aquí armó una carta espléndida, de sabores sutiles y elegantes, aprovechando las mejores bebidas que se consiguen en el mercado local. En materia de Gin&Tonic, y a pedido de un cliente habitual, preparó una versión muy simple ($70), que al fantástico Tanqueray Nr. 10 suma un splash del licor Saint Germain, botella fetiche de las barras locales. El resultado es delicioso.
(Rodríguez Peña 1967, Recoleta / T. 6091-2160)


Por Ignacio Rivera

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