05.04.2013

Los quesos más extraños del mundo

Desde el que está hecho con oro líquido al que madura con ácaros, hay para todos los gustos y todos los disgustos. Acá te contamos sobre algunos.


1. Stilton- Chispas de oro
No estamos seguros de a qué grupo de alimentos pertenece el oro, pero lo cierto es que es comestible. Al menos el que le ponen al queso especial de navidad de la marca Stilton de Inglaterra. Cada kilo cuesta más de 600 libras, algo así como 1.000 dólares. Es el queso más caro que jamás se haya hecho en el Reino Unido ya que una sola feta cuesta 10 dólares.


2. Pule – Ser burro cuesta caro
El queso más caro del mundo no llegó a ese status por tener diamantes incrustados sino por algo mucho menos glamoroso: está hecho a base de leche de burro.  Se necesitan 45 litros de leche para realizar un kilo de queso, y cada litro cuesta 45 dólares. Ante el precio de la materia prima, no resulta tan alarmante que el precio por kilo sea casi 5.000 dólares. Quienes lo producen,  la casa Pule de Serbia – que significa potro- no lo venden a cualquiera, así que además de imposible de pagar es imposible de conseguir.


3. Epoisses – Algo huele mal
Además de comandar campañas bélicas, a Napoleón le gustaba el queso Epoisses, el más oloroso del mundo. Para que se den una idea de por qué se ganó esa medalla, es tan fuerte su aroma que fue prohibido de los transportes públicos franceses. Hay hasta tutoriales para saber hasta qué punto el olor está bien y cuándo hay que desecharlo.

4. Casu marzu Picada con larvas voladoras
Créalo o no, uno de los quesos más populares de la isla italiana Cerdeña está hecho por larvas que son colocadas en queso de oveja en su mayor estado de descomposición. El ácido del sistema digestivo de los gusanos hace que se genere una consistencia suave y cremosa. El queso se come cuando las larvas siguen vivas, si están muertas los locales lo consideran insano. Quienes no teman que estos insectos salten del plato (de hecho, son voladores), pueden conseguirlo alrededor del globo.

5. Milbenkäse – Directo de la aspiradora
Alemania produce 1.8 millones de toneladas de queso por año, lo que la convierte en pionera en el área. De todos los que producen, uno de los más particulares tiene que ser Milbenkäse, que se deja madurar con ácaros. Lo que éstos hacen es secretar una enzima que transforma el queso de amarillo, a rojo y, luego de un año, a un color oscuro. Tiene un sabor amargo y se dice que quienes lo comen se curan de la alergia al polvo. Manténganse lejos de la bolsa de la aspiradora, mejor no intentar producir este en casa.

6. Halloumi – No apto para tostados
Otro oriundo del mediterráneo, este queso podría rebautizarse como “la provoleta imposible”: el Halloumi no se derrite. Se lo puede freír y grillar, pero siempre mantendrá la misma consistencia. Se suele servir como acompañante de la cerveza en los bares de Chipre y junto a rodajas de melón en verano.

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