28.06.2013

Mucho más que maquinitas y caballos: en el hipódromo se puede comer (y muy bien)

Entre carreras y máquinas tragamonedas, sorprende con una amplia variedad gastronómica: desde fast food hasta platos franceses. Conocé en esta nota la oferta culinaria menos esperada de la ciudad.


Si te invitan al Hipódromo de Palermo, seguro que pensás en máquinas tragamonedas, en gente jugando, fumando, apostando, tomándose un whisky y viviendo una noche de fantasía a las tres de tarde. O tal vez te imaginás el costado más tradicional: tribunas llenas de burreros y habitués, caballos pura sangre que cuestan millones y jockeys con la contextura física de un niño de doce años. Muy difícilmente se te ocurra pensar en comida, y mucho menos en buena comida. Pero lo cierto es que el centenario predio sobre la avenida del Libertador –inaugurado en 1876–  esconde un mundo gastronómico tan vasto y original como los nombres de los animales que diez veces por mes salen disparados de sus gateras. Te lo aseguramos: comer bien en el hipódromo es más fácil y barato que conseguir un pleno en la ruleta, tres cerezas en los slots o hacer trifecta en el Gran Premio Nacional.

Es posible establecer varios recorridos para descubrir el lugar desde un costado gastronómico. Por ambiente –mayoría de gente de los caballos o del juego o de turistas–, por tipo de comida o por escala de menor a mayor, de lo más sencillo y al paso hasta la alta gama. En total son ocho espacios y en breve se sumará uno nuevo: una confitería para 250 personas con dos terrazas sobre la pista.

TRIBUNA OFICIAL, lo más pintoresco
Esta confitería es el lugar para ir en busca del color local. Abre solamente durante las jornadas de turf –es decir, todos los lunes, dos viernes, dos sábados y dos domingos al mes– y tiene una vidriera enorme sobre el campo. Mayoría hombres, mayoría por arriba de los 65 años, sentados en grupos al estilo de Polémica en el Bar. Cada media hora hay una nueva carrera y el ritual se vuelve a repetir: durante los últimos y definitorios 50 metros el murmullo se convierte en griterío y todos se levantan de sus sillas, agitando las revistas con el cronograma de carreras.

La comida no tiene rebusques y los platos con más salida son el tournedó de lomo de 300 gramos, el bife de chorizo y el salmón grillé, y el café con un tostado o un sándwich de pavita a la tarde. Desde que prohibieron la venta de alcohol, se perdió algo de la mística –Eduardo Peredo, encargado con 32 años de oficio, recuerda cuando los propietarios de los caballos ganadores celebraban invitando champagne– pero de cualquier manera vale una visita. Otra tradición –está sí sigue en pie– es que varios burreros se sientan a degustar un revuelto gramajo, uno de los platos más tradicionales de Palermo.

LA PARÍS, el más exclusivo
El año pasado cumplió cien años, y es el más lindo y exclusivo de los restaurantes. Lo primero que atrapa es su belleza patrimonial –es un restaurante circular y de estilo neoclásico rodeado por una terraza–, pero hay otros detalles que suman puntos. Por ejemplo, la carta. Sucinta y de corte francés, es obra de Jean Paul Bondoux, chef de La Bourgogne. Además, está alejado del ruido de los slots (solo tiene acceso a una pequeña sala) y el servicio es impecable. La mayoría de los clientes van por la calidad de la propuesta, no son ni burreros ni apostadores. Otra gran ventaja: está abierto a las 24 horas.

¿Qué probar? Entre los entrées, la transparence de la mer ($69) –rillet de salmón, trucha marinada, camarones al ajillo y tapenade de berenjena– o el salmón con guacamole, carpaccio de pepino y pincho de langostino en shot de wasabi y entre los principales, lomo de cordero asado y papa bouchon ($88) o el plato del día (muy sabroso el bouef bourguignon). Para el resto del día, ofrecen pastelería y platos más sencillos, sándwiches y ensaladas. En los días de sol, la terraza en desnivel con sus mesas de hierro y sus sillones blancos es uno de los rincones más buscados por los clientes.

TUCSON, la mejor vista
Ubicado en la Tribuna Nueva, fue el último en inaugurar, en 2011. Una buena idea para parejas o grupos de amigos es visitarlo los días de carrera (abre a las seis de la tarde) y copar alguno de los sillones de la terraza de cien metros cuadrados con vista a la pista. Por lo demás, funciona como una buena alternativa al superpoblado y vecino Kansas para quienes gustan de la comida de corte americano, como ribs con salsa barbacoa, ensalada Caesar o hamburguesas. Una de las especialidades más ricas y pedidas es el San Xavier del Back Steak ($124), un entrecotte marinado por 48 horas en ananá, jengibre y soja. Para picar, las Phoenix chips ($67): 200 gramos de papas fritas rústicas con mix de quesos fundidos, panceta ahumada, cebolla de verdeo y salsa ranch o una entrada que trae mozzarella y nachos con chile, entre otros ingredientes, la Tucson Fest. Todos los platos son abundantes, para compartir.

BATACAZO, ambiente bistró  
Para llegar hay que cruzar varias salas pero, una vez adentro, Batacazo es una especie de burbuja con vista en altura de los slots. Ambientado como un bistró de estilo neoyorquino –como Balthazar, un clásico de Manhattan–, es cálido y formal con piso de madera y manteles blancos. Acertada elección para festejar una buena racha o inaugurar una larga noche de juego. Como Tucson, abre sus puertas a partir de las seis de la tarde y su cocina es argentina contemporánea. Tiene cava, salad bar y un menú repartido entre pastas y carnes casi fifty-fifty con algunos platos para celíacos. Entre las entradas, fritada de mariscos y pescados ($92), ensalada de cordero tibio con huevo poche, cherry, almendras y aderezo de queso azul ($85) o strudel de humita cremosa ($77). Y entre los dulces, los clásicos: tiramisú, tartín de pera y crème brûlée con confitura de arándanos.

BAJO TRIBUNA, el más burlesque
Es lo más “Vegas” del hipódromo, si se quiere. Mucho cortinado rojo, sillas de estilo, veladores en cada mesa, arañas con caireles. De todas maneras, el acento no está puesto tanto en lo gastronómico, sino en el espectáculo. Todos los miércoles, viernes y sábados a partir de las 20.30 hay show. En las Noches de las estrellas (los miércoles) pasan por su escenario artistas como Soledad Villamil o Chico Novarro y por solo una consumición de 50 pesos (lo que valen dos cervezas, por ejemplo) se puede tener acceso. Una ganga. Buena selección de vinos a precios lógicos (por ejemplo Doña Paula Sauvignon Blanc, $120), igual que los cócteles clásicos (entre $39 y $45) y algunos tentempiés como las croquetas de cerdo con mostaza ($45) o las quesadillas con pico de gallo ($49).

CAFÉ ILLY, la propuesta al paso
Es el primero que se ve entrando a la sala de slots por la Tribuna Oficial. La propuesta más al paso,  para tomar un café o comer algo al mediodía (hay menú ejecutivo y “promos”: sándwich de pollo, gaseosa y café por $63). Es el café que sostiene alimenticiamente a los jugadores más intensos, los que se la pasan horas en los slots.

SPORT BAR, finger food y cervezas
Cruza de bar deportivo y tex-mex, es otro de los que lugares desde donde se absorbe todo el frenesí de la sala. De hecho, en la barra tiene ruletas electrónicas para los que no le dan descanso a la ludopatía. La ambientación incluye pantallas sintonizadas en canales deportivos, sillones Chesterfield y cuadros con camisetas de fútbol. Está ubicado debajo de la Tribuna Especial. El plato insignia es el cerdo laqueado con batatas fritas, elaborado a partir de una cocción lenta a base de cerveza, azúcar negra y miel ($68). Un sándwich de salmón con gajos de papa puede conseguirse por 64 pesos y una tostada catalana con jamón crudo y queso de cabra a 38. En el rubro etílico se impone la cerveza: hay más de veinte variedades, incluyendo las líneas de Antares y Otro Mundo.  

BERRETÍN, el fast food
En sus épocas más populares, cuando Leguizamo era el Messi de los jockeys y los espectadores llegaban en masa al hipódromo, las carreras de caballos eran consideradas -junto al fútbol- el berretín por excelencia de los porteños. Con este coloquialismo que define ese sentimiento mezcla de amor y obstinación eligieron bautizar a este espacio fast-food. Renovado hace unos meses, el ambiente es de estilo moderno, de colores alegres, lo más “diurno” de la salas de slots, hay plantas naturales en gama con otras artificiales y un piso símil pasto.  Incluye una heladería que trabaja la marca Freddo y es un hit. La pizza de mozzarella, cocinada a la vista por los maestros pizzeros en horno de barro, es el plato más popular.  

 

Por Cecilia Boullosa / fotos: Ariel Gutraich

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