25.07.2016

Una visita a Freixenet, el mayor productor mundial de vinos espumosos

Viajamos a Sant Sadurní D´Anoia, en las afueras de Barcelona, para conocer los secretos de la compañía que marca el pulso global en el negocio de las burbujas.


A cada región española se la reconoce por la excelencia de sus productos: a Extremadura por sus jamones, a Galicia por el pulpo y los percebes, a Andalucía por las hortalizas y cítricos, a la Rioja por su excelente tinto a base de Tempranillo, y a Cataluña por el cava, orgullo de esta nación. Respecto de los catalanes, si hay algo que los caracteriza es su creatividad pero también su cosmopolitismo. El cava, el vino espumoso más producido en el mundo, es un claro ejemplo de inspiración en un producto extranjero, el Champagne, al que lograron reinventar y convertir en un suceso local con identidad y carácter propio. 

Tuvimos oportunidad de comprobarlo, semanas atrás cuando viajamos al pueblo de Sant Sadurní d'Anoia, en las afueras de Barcelona, para conocer cada uno de los secretos del indiscutido rey mundial de las burbujas. ¿Por qué decimos que Freixenet es el rey de las burbujas? Simple: es la bodega que produce en el mundo la mayor cantidad de vinos espumosos. Lanza al mercado 170.000 millones de litros de cava por año. La suya es una historia atrapante, en la que conviven la tradición y la modernidad. Vale conocerla.

 

MALDITO PULGÓN
La empresa fue fundada tras la unión de dos familias especializadas en el mercado vinícola: los Ferrer, propietarios de La Freixeneda y presentes en la actividad desde el siglo XII, y los Salas, fundadores de Casa Sala. Cuando Pedro Ferrer Bosch contrajo matrimonio con Dolores Sala Vivé se asentaron los cimientos de esta empresa, que fue constituida en 1889 de manera oficial. Al principio, sin embargo, no pensaban en burbujas. Lo suyo eran los vinos tranquilos. Les iba bien. Vendían en Barcelona y exportaban a Sudamérica. Y en eso estaban hasta que una peste llamada filoxera puso en jaque el negocio, al punto que hizo caer casi a cero la producción.  

Los azotes de este pequeño pulgón que ataca a las vides obligó a los productores locales a emprender una travesía por otras regiones de Europa en busca de métodos y tratamientos para aplacar la peste. En ese plan, de paso por Francia, conocieron el negocio de los espumantes y todo cambió. Fue un éxito por partida doble: lograron doblegar a la filoxera con nuevas técnicas y cepas que se adaptaron muy bien a la zona del Penedés (la zona vitivinícola catalana por excelencia, de clima suave y suelos calcáreos) y relanzaron la producción vitivinícola local al iniciarse en la producción de vinos espumosos.

En 1914 Pedro Ferrer, figura venerada en la familia, produjo su primer vino espumoso natural según los procesos utilizados en Francia. La marca original fue Freixenet Casa Sala, nombre que deriva de Freixeneda, pues así se llamaba la finca familiar que estaba rodeada de fresnos o “freixes”, como les dicen allá. Con el paso de las décadas Freixenet a secas se convirtió en un monstruo que logró opacar la producción de las bodegas de sus vecinos galos. 

LOS GRANDES MOMENTOS 
En su larga carrera hacia el liderazgo del mercado de las burbujas Freixenet se topó con obstáculos, pero también supo generar trampolines: en las décadas de 1920 y 1930 llegaron a los mercados extranjeros de habla hispana. En 1935 establecieron su primera oficina en los Estados Unidos. En 1941, en medio de la II Guerra Mundial, lanzaron al mercado el Carta Nevada, un “boom” comercial que se destacó por su audaz botella esmerilada. 

Bajo el control de José Ferrer, a finales de la década de 1950 Freixenet consigue mejorar la trayectoria de la compañía en lo comercial hasta convertirla en una de las principales empresas dedicadas al cava. En 1974 lograron otro “hit” con el lanzamiento del Cordón Negro, que hoy se vende en 140 países. Lo que algunos vaticinaban como un fracaso hizo saltar la banca, ya que la elegante botella de color negro se impuso entre las preferencias del público, apalancado en la excelente calidad de su cava. Durante mucho tiempo no hubo prácticamente nadie en España que durante las 12 campanadas de Nochevieja no comiera las típicas uvas de fin de año junto a una copa de Cordón Negro. 

Las festividades de Navidad, precisamente, tienen íntima relación con la fama de la marca y su alto reconocimiento en cada rincón. Cada año, desde 1977, Freixenet lanza en Navidad un nuevo comercial de TV, y no se andan con chiquitas: desde Liza Minelli hasta Shakira (pasando por Paul Newman, Sharon Stone, Kim Bassinger y tantos otros) las principales celebridades del mundo han protagonizado sus spots, que son considerados un éxito dentro de la industria de la publicidad. A tal punto que hasta han sido dirigidos por figuras como Martín Scorsese.

Saber enológico, habilidad para los negocios y destreza para el marketing, son tres de los pilares sobre los que se construye el éxito del grupo, que apuesta abiertamente “por calidad y precio justo”, un lema que refiere a la decisión de ofrecer siempre la mayor calidad al mejor precio posible.  

SANT SADURNÍ D’ANOIA, LA JOYA DE LA FAMILIA
La Sagrada Familia, obra cumbre de Gaudí, el antiguo Casco Gótico, y el Camp Nou son paradas obligadas para los turistas que visitan Barcelona. Pero a 50 kilómetros de distancia hay un pueblo de 12.000 habitantes que merece la visita de cualquier “foodie” que se precie de tal: Sant Sadurní d’Anoia, la base de operaciones del Grupo Freixenet, situado en las ondulaciones del Alto Penedés, una comarca que a pesar del desarrollo industrial permanece agreste y salpicada de masías. Una explanada con viejo automóvil con forma de botella flanquea la entrada del edificio modernista construido en 1927 por el arquitecto Josep Ros i Ros. Pero lo más importante no está a ras del piso, sino en el subsuelo, donde se extiende un complejo de ocho pisos que desciende hasta las profundidades de la tierra. La superficie total de la bodega donde se produce el cava es de 150.000 metros cuadrado (el equivalente a 15 estadios de fútbol).

La visita a estas cavas centenarias se inicia en el microcine con un breve audiovisual sobre la historia de la empresa, que resulta muy interesante para comprender la dimensión que ha cobrado la marca. Luego comienza el recorrido por la parte antigua de la bodega y los guías explican el proceso de elaboración del cava y cómo la tecnología se ha ido incorporando al método tradicional. A continuación, los visitantes recorren en un pequeño tren subterráneo las últimas ampliaciones, donde conviven tradición y modernidad. Tras el paseo aguarda la sala de degustación, donde se disfrutan las diferentes etiquetas de la casa. La visita termina en la tienda “Dolores Ferrer”, donde se pueden adquirir diversos artículos relacionados con el mundo del vino. 

 

Si todavía quedan ganas de seguir conociendo, a media hora de auto de Sant Sadurní d’ Anoia se encuentra Sant Quinti de Mediona, región poblada por viñas viejas como el viento. Allí está la sede de Casa Sala, que también merece ser visitada. Ahí es donde se elabora el Gran Reserva, el cava más sobresaliente del Grupo, siempre bajo la atenta mirada del enólogo Josep Bujan. Todo lo que se encuentra en ese solar, que visitamos en una mañana gris y lluviosa de abril,  remite al pasado más glorioso. Se trata de una suerte de museo vivo. Fue en sus entrañas donde hace más de un siglo la familia produjo su primer espumoso. Aquella forma de hacer se recrea ahora con el Gran Reserva, en cuya elaboración se utiliza una  prensa de madera que tiene 150 años. Con ella realizan el vino base. El resto de la bodega cuenta con la más avanzada tecnología. Hasta que sale al mercado, este cava duerme durante ocho o nueve años en botella. Casa Sala se hace sólo con dos uvas provenientes de fincas propias, Parellada y Xarel•lo. Sólo se producen unas 15.000 botellas por año y el resultado es un extraordinario Brut Nature (cero azúcar), armónico, elegante y estructurado que todo fan de las burbujas debería probar alguna vez en su vida.
 
BURBUJAS Y ALGO MÁS
No todo es cava en la vida del Grupo Freixenet. Con vista de lince y sapiencia de búho, durante la década de 1980 apostaron al crecimiento del mercado español e internacional en materia de vinos, tanto espumosos como tranquilos, motivo por el cual realizaron sin prisa pero sin pausa una serie de beneficiosas adquisiciones. En la península ibérica se hicieron de bodegas en otras zonas productoras de gran prestigio como Rioja, Priorat, Montsant y Ribera del Duero, mientras que en el exterior construyeron el Wingara Wine Group, en Australia, y Gloria Ferrer en California, entre otras. Para resumirlo de un plumazo, el grupo cuenta en la actualidad con 23 bodegas en siete países ubicados en tres continentes diferentes. Una de esas bodegas está en Mendoza, en Gualtallary, “el sexy district” de nuestro país. Se trata de Finca Ferrer, que se inauguró en 2010, en una propiedad de 317 hectáreas (allí se elaboran marcas como Acordeón, X y Viento Sur).

LA FAMILIA, LO PRIMERO
Actualmente el grupo sigue siendo una empresa cien por ciento familiar, algo poco habitual en un negocio de esta envergadura. Si bien el presidente honorario de Freixenet es Josep Ferrer Sala, desde el año 1998 Pedro Ferrer Noguer, de sólida formación académica en economía y vitivinicultura, se desempeña como CEO del grupo. Los herederos de Josep Ferrer tienen la presidencia y el 42% del paquete accionario, mientras que sus primos, los Bonet Ferrer cuentan con el 29%. La tercera rama, los Hevia Ferrer, controlan el 29% de las acciones, además de la dirección financiera. 

Durante cuatro generaciones el clan familiar logró construir un modelo de éxito que genera admiración y reconocimiento en la escena mundial del vino. Todo un logro. 



BEBER FREIXENET EN LA ARGENTINA 
Freixenet desembarcó con sus cavas en la Argentina durante la década del´90. Desde entonces es una de las marcas más apreciadas por los fanáticos de las burbujas. Aquí se pueden conseguir el mítico Cordón Negro en la versión Brut y Brut Rosé, ambos de aromas finos, frescos y delicados. También tienen Magnum (botella de litro y medio), a la venta. Otra perlita que se comercializa es el Gran Carta Nevada Brut, ligero, equilibrado y afrutado, así como el Elyssia Gran Cuvée, que combina las variedades típicas del Penedés con las clásicas cepas Chardonnay y Pinot Noir, cava goloso, con buena acidez y final largo. Segura Viudas (propiedad del Grupo Freixenet) también está al alcance del consumidor local, con su  Reserva Heredad (con predominancia de Macabeo y 30 meses de crianza) y el Brut Reserva.En breve también podría sumarse el Freixenet Ice, flamante lanzamiento de la marca: un cava Demi Sec muy frutado y floral.

LA DIFERENCIA ENTRE CAVA Y CHAMPAGNE
Si bien son primos hermanos, se trata de productos diferentes. El champagne es un vino espumoso que se produce en la zona de Champagne (y estrictamente en ninguna otra), mientras que el cava es la versión catalana del champagne y también tiene Denominación de Origen (sólo algunas subregiones están autorizadas para elaborarlo bajo ese nombre). El primero por lo general se realiza con cepas Chardonnay y Pinot Noir, mientras que el cava puede llevar tres cepas blancas típicas del Penedés (Xare•lo, Macabeo y Parellada). Por lo demás siguen el mismo proceso, caracterizado por la segunda fermentación en botella. Sin embargo, el champagne tiene más tiempo de crianza en botella, con un mínimo de 15 meses, mientras que el cava tiene al menos 9 meses. No obstante, en la relación calidad-precio, el cava saca varios cuerpos de ventaja. Se puede tomar un buen cava por pocos euros, mientras que para beber un champagne de calidad hay que entrar en un mayor gasto. Esto explica por qué el cava le quita cada vez mayor porción de mercado al gran vino francés, tanto en Europa, como en el resto del mundo.

Por Juan Aznarez 


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