17.05.2009

¿De grasa o de manteca? Quién gana y quién pierde en la guerra de las medialunas

La noticia es triste, pero cierta: las medialunas de grasa tienen los días contados. Se piden cada vez menos y los panaderos se niegan a elaborarlas. Esta es la trastienda de una pérdida que conmueve.


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Hubo un tiempo en que el mundo se dividía en dos bandos: los que pedían el café con leche con medialunas de manteca y los que ordenaban medialunas de grasa. Mucho se dijo acerca del perfil de unos y otros; hasta se sugirió que mantequeros y grasientos tenían personalidades opuestas y que se trataban como perros y gatos. Los primeros llegaron a insinuar que las mujeres que tomaban el mate con medialunas de grasa eran, lisa y llanamente, peteras. Este debate hoy no tiene razón de ser, por el simple hecho de que las de grasa están a un paso de desaparecer para siempre de la faz de la Tierra. Se las acusa de ser caras para producir y de no tener identidad propia. “¿Son saladas? ¿Son dulces? ¿Qué carajo son?”, preguntan los más enojados.
 
Pese a que algunos aducen motivos sociológicas e inclusive psicológicas al asunto, lo cierto es que la extinción de la medialuna de grasa tiene una justificación básicamente económica. El sitio de noticias minutouno.com llevó a cabo una investigación muy pertinente sobre el tema. Para hacer entre 80 y 100 docenas de medialunas de grasa, que es una venta de un día en una panadería, un empleado se pasa 8 horas, mientras que para hacer la misma cantidad de manteca tarda una hora y media. Pero además, las medialunas de grasa no las hace cualquiera. Un “medialunero de grasa”, que es el tipo que se encarga de esta clase de manufactura, cobra un sueldo de entre 2500 y 3000 pesos al mes.
 
Son las panaderías las que están haciendo desaparecer las medialunas de grasa: la producción les demanda mucho tiempo y el encargado de hacerla cobra más que cualquier otro trabajador del gremio. Y aun cuando quisieran seguir fabricándolas, hay un obstáculo adicional: la falta de mano de obra. Cada vez hay menos “medialuneros de grasa” en el mercado. “Es muy difícil aprender a hacer la de grasa y ninguna persona joven quiere aprender el oficio porque es un trabajo tedioso”, explica Néstor, gerente de la confitería Le Violet (Anchorena 746), que fue consultado para esta nota.

Abel, encargado de la famosa confitería La Rosa, en Olivos, confirma las conclusiones del estudio de Chiche: “El hojaldrado de la medialuna de manteca se hace a maquina, mientras que la de grasa hay que hacerla manualmente y el proceso es más complejo. Por eso ahora las panaderías, para remplazar a las de grasa, hacen medialunas de manteca, pero saladas. Así se ahorran un empleado”.
 
Uno de los dueños de Atalaya, le célebre confitería sobre la ruta 2, en el camino a Mar del Plata, que llegan a vender hasta 2000 docenas de medialunas en los días de verano, dijo a Planeta JOY que ellos también se han sumado a la causa anti-grasa: “Son más difíciles de hacer y la verdad es que cada se venden menos. La gente ya no quiere medialunas de grasa, prefiere las de manteca porque son más grandes. Por la misma planta compran algo que les rinde más”, explica.
 
TODO MAL CON LAS DE GRASA
Con las medialunas de grasa está todo mal. Panaderos y mozos de confiterías y restaurantes coinciden en que el perfil del “medialunero de grasa” -en general son viejos cascarrabias que se sienten muy especiales por su know how y se la pasan puteando al resto del personal- es similar al tipo de gente que consume esta línea de panificados. “Los que ordenan de grasa en general son personajes grises”, opina Mariano, mozo de Miranda, la parrilla cool de Fitz Roy y Nicaragua, en donde las medialunas son muy ricas y se sirven siempre calentitas a la hora del desayuno. “A mí cuando me piden medialunas, yo por default traigo de manteca, ya casi ni pregunto”, agrega.
 
Otros testimonios, como el de Martín Maraniello, mozo de la confitería El Galeón, sobre la avenida Santa Fe, frente al Botánico (hacen las mejores medialunas de Palermo), fueron un poco más violentos. “Las de grasa las comen mucho las minas viejas y los maricones, no sé porqué. Pero ojo que yo no tengo nada contra los putos, eh”, asegura el hombre.
 
Más allá de estas disquisiciones, la verdad casi absoluta la tiene Las Medialunas del Abuelo, una empresa que fabrica dos millones de docenas por mes para sus más de 170 franquicias. Consultamos en cinco diferentes locales de esta red y la respuesta fue unánime: cada 100 medialunas que se venden, el 70 por ciento son de manteca. En todos los locales, palabras más, palabras menos, todos sus empleados nos dijeron lo mismo: la gente joven no quiere saber nada con las medialunas de grasa. La mayoría de quienes las compran son jubilados y señoras mayores, gordas y de clase media-baja.

CUESTION DE TAMAÑO
Con todo este asunto de las medialunas que se disparó a partir de la oportuna pesquisa de Chiche Gelblung, se encendió también un debate acerca del tamaño. Hay quienes dicen que las medialunas franquiciadas pesan cerca de 30 gramos, es decir unos 20 gramos menos que las que se venden en confiterías y panaderías de ley. En este sentido, la encargada de una panadería de la calle Bonpland descargó toda su furia contra las medialunas en cadena. “Las hacen en unos hornitos microondas y son una estafa para el cliente; para eso que hagan facturas en miniatura, tipo sushi, y que se manden a mudar”, bramó. Pero el tamaño, al parecer, hace al precio, ya que la docena de facturas en las cadenas ronda los $ 6, mientras que en las panaderías supera casi siempre los 8 pesos.
 
Lo que hay que admitir es que la medialuna de manteca tiene mucho marketing a su favor. No sólo es gordita y rebosante de azúcar, sino que además tiene muchísimas posibilidades, como por ejemplo ser rellenada de jamón y queso, algo que la de grasa no permite (le falta volumen, básicamente). A estas cuestiones se suma la falta de identidad de la medialuna de grasa. Esto lo dice la moza de un Café Martínez del barrio de Belgrano: “Nunca se sabe bien si las de grasa son dulces o saladas, es como pedir un helado y no saber el gusto que va a tener”.
 
Finalmente, algunos panaderos entrevistados explican que la medialuna de manteca evolucionó a lo largo de los años, en detrimento de sus compañeras grasosas. “Las de manteca pueden ser más gordas, más flacas, más o menos azucaradas y también hay sitios emblemáticos para comerlas, como por ejemplo Atalaya; en cambio la de grasa fue siempre igual y nadie va a parar en Chascomús solamente para probarlas”, coinciden.
 
Así las cosas, todo indica que en un futuro más que cercano las medialunas de grasa serán un producto de nicho, casi sectario, que deberá pedirse por encargo y que no siempre será fácil de conseguir.

Por José Totah / Fotos: Eugenia Kais

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