Casa Aristóbulo: para comer bien y a buen precio

Representante de la comida casera en Zona Norte, hace cinco años que esta esquina de Florida es un secreto a voces. En esta reseña te explico por qué.

CASA ARISTOBULO

¿Qué hace exitoso a un restaurante? ¿Su ambientación? ¿La ubicación? ¿El precio? Podríamos pasar horas debatiendo cómo es que unas casas abiertas con inversiones grandes y todas las de ganar desbarrancan en Palermo mientras otras, como Casa Aristóbulo, reman en la periferia cimentando en cada plato que sirven una confianza verdadera con el cliente, que lo recomienda a otros clientes, y así el restaurante trasciende finalmente las fronteras del barrio.

Ubicado en una tranquila esquina de Florida, en Vicente López, Casa Aristóbulo arrancó hace cinco años como un proyecto alternativo de vida para sus socios: uno con experiencia gastronómica, el otro en la fotografía y el cine. Dos amigos, unidos por las ganas de independizarse de sus trabajos. Y como vecinos del barrio se hicieron una primera y fundamental pregunta: ¿dónde vamos a comer cuando queremos comer rico? A una respuesta vacante, descubrieron una necesidad y se lanzaron al ruedo a pocas cuadras de sus casas.

Así arrancaron Octavio Cervini, el fotógrafo, y Andrés Libedinsky, el gastronómico, a remodelar a pulmón la esquina de Aristóbulo del Valle y Liniers. El plan era sencillo: conseguir un lugar decente, con ambientación cálida –léase, más o menos lo que conisguieron que cuadraran entre sí- y que sirviera comida casera que a ellos les gustaría ir a comer. Abrieron y se pusieron a remar. Se llevaron una sorpresa: en menos de un año ya estaban llenos a diario. Y al cabo de cinco, su fama cruzó las fronteras del barrio con base a una ecuación imbatible: platos ricos y reconocibles para el paladar del cliente –nada de fusión ni cocinas de vanguardia- sumado a precios razonables tanto en los platos como en los vinos.

La carta de este invierno es de corte mediterráneo con pastas caseras, pescados y ensaladas, más carnes con salsa, bondiola y colita de cuadril. Nada exótico. ¿Qué comí?

Fuimos con mi pareja un frío jueves por la noche y la casa tenía todas las mesas ocupadas. Esperamos que se liberara una junto a la ventana, pero el frío nos corrió luego al centro de la sala. Es ahí donde se nota que Casa Aristóbulo es un restaurante hecho de retazos, perfecto para ir en verano o bien para no quedar cerca de las ventanas. En todo caso, cuando llegaron los platos se disipó cualquier temblor que trajéramos de la calle. Pedimos:

Paquetitos de masa filo con ricotta y nuez (nuevo en la carta, $35), cuyo relleno suma morcilla, verdeo y panceta. Vienen dos triángulos crocantes y sabrosos, que conviene esperar un poco si no querés quemarte la lengua. Pero el relleno fundente y sabroso es la gloria.

Luego, uno de los principales fue agnolottis integrales rellenos de calabaza y zanahoria confitada, queso por salut, sardo, tomates y espinacas ($55). La pasta estaba en su cocción justa, ni blanda ni dura, y el relleno realmente sabroso. Especialmente el detalle de la zanahoria, que le aportaba un trazo dulce inesperado y bien integrado a las espinacas. Atento que el plato es contundente y sin la entrada ya es una porción perfecta.

El otro principal fue un goulash con spatzel ($53) que ese día era el recomendado de la carta. Y con buen tino: estaba especiado, con sabor a comino y apenas picante por el páprika, de forma que los spatzel –una suerte de gnoquis informes y bastante sosos, de origen austríaco- servían de contrapunto y lo convertían en un combo apto para todo paladar. La porción es grande, por lo que conviene guardarse un lugar salteándose la entrada si sos de llenarte fácilmente.

Otras opciones que lucían tentadoras eran, para una entrada, los bocconcinos con  rúcula, radicheta, aceituna y tomates cherry ($27), mientras que para principal, buena pinta tenía la plancha mixta de chipirones y langostinos con papa ($39) que vimos pasar rumbo a otra mesa.

Los vinos
Y en el mismo plan de precios lógicos, hay que mencionar la carta de vinos, en la que hay buenas opciones elegidas por la sommerlier Verónica Gurisatti. Nos inclinamos por un salteño Amalaya Tinto 2010, que lo ofrecen por botella de 750 o de 375 ($72 y $37, respectivametne), y que en especial con el goulash fue una compañía de lujo por su carácter frutal y especiado, y su cuerpo medio de inmejorable frescura.

Sólo en caso de que te hayas quedado con ganas de probar algún postre, apuntate el que pedimos para compartir: budin de pan integral con gajos cítricos caramelizados, nueces, pasas de uva, semillas de girasol y guayaba ($23), una porción dulce y calórica ideal para volver a la noche y el frío.

Casa Aristóbulo Abre de martes a domingo a sábado medio día y noche, domingos sólo al medio día. Aceptan las principales tarjetas.

Aristóbulo del Valle 1889, esquina Liniers, Florida / T. 4718-2884

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5 Comentarios

  1. Luli dijo:

    Que buen dato! En verdad no hay muchas opciones por Vicente Lopez.

  2. DANIEL dijo:

    Planeta JOY se vende, no es imparcial, ayer fuí y pedí el mal llamado goulash, eran trozos de carne estofada sin gusto a nada, peor los spatzel, engrudo hervido, miserable quesera, un despropósito el cobro del servicio de mesa, lo mejor la camarera , para comérsela cruda. Sres. de JOY dicen que piden un vino y ese mismo vino aparece en la publicidad, chivo completo.

  3. Lili dijo:

    Yo estuve anoche, el lugar es muy càlido,y la comida exquisita.