Curioso: argentinos elaboran vino en Armenia

Bodega del Fin del Mundo y Eduardo Eurnekian llevan adelante un proyecto de escala para la producción de tintos y blancos. ¿Qué ofrece el Cáucaso para irse tan lejos?

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Se sabe: vino se puede hacer en muchos lugares; vinos excepcionales, sólo en unos pocos. ¿Qué tiene Armenia para que empresarios argentinos estén dispuestos a darle media vuelta al planeta e ir a desarrollar viñedos y bodegas a un país del Cáucaso? A juzgar por su historia, puede resultar uno de esos raros lugares privilegiados. Veamos.

En 2011 se descubrieron los restos de la bodega más antigua del planeta conocida hasta hoy. Como era de esperar, las ruinas de seis mil años estaban en las cuevas de Areni, en Armenia. Y si el hallazgo puede resultar extraño para quienes no conocen nada de historia vínica, conviene aclarar que el Cáucaso, el cordón montañoso que separa Medio Oriente de Europa central, fue la cuna de las  civilizaciones que inventaron el vino en la antigüedad.

Frisos grabados en viejos templos, rocas con bajorelieves de vides y vendimiadores clavados en las laderas de los cerros, ánforas milenarias en sitios históricos de Armenia dan buen testimonio de una cultura vínica de hondas raíces en la región. ¿Pero por qué sigue sin sonarnos que Armenia sea un país vitivinícola?

Es un terreno montañoso y sin salida al mar. Anudado a las alturas del Monte Ararat (donde Noe encalló su barca, según la tradición), desde tiempos inmemoriales la gente allí atesoró un puñado de reliquias como muy propias: la escritura –los grandes textos de la antigüedad se conservaron mayormente por la habilidad de sus copistas armenios-; la religión cristiana armenia –la primera nación cristiana del mundo-; y por supuesto el vino, que sostuvieron como un bastión de su identidad a las puertas de un medio oriente islamizado y abstemio.

Amenazados por los turcos, invadidos (y protegidos) por los rusos, en disputa con su vecinos de Azerbaijan y en conflicto constante con los pueblos que la rodean, los armenios forman una nación que se reconoce en las asperezas de su clima y que se sostiene contra toda condición adversa. Una nación que tiene por ombligo el hermoso lago Sevan y que sostiene su economía con los aportes que hacen desde la diáspora otros armenios enamorados de ese rincón en las alturas. Uno de ellos es el empresario argentino Eduardo Eurenkian.

Es típico que los armenios en la diáspora sostenga férreos lazos con la tierra de sus ancestros en la que no viven. De manera que cuando acumulan cierto capital, una de sus primeras reacciones es invertirlo en la mejora de su pueblo. Y la forma en la que el empresario argentino lo hace es llevando adelante una serie de negocios entre los que está el vino, con la empresa Armavir Vineyards.

Comenzó con una plantación de viñedos en 2007 -a unos 80 kilómetros de Yerevan, la capital- y hoy tiene unas 400 hectáreas, asesorado principalmente por el Grupo Matura, que lidera Alberto Antonini, y con la agranomía de Matías Esteve, su mano derecha en este proyecto. El dato de las hectáreas no es menor, ya que es el principal productor de uva de Armenia. Aclaremos, en el país se produce abundante uva, pero los viñedos son menores a una hectárea, más cercanos a la subsistencia que al negocio del vino. Pero eso no es lo más curioso: como la economía es chica, cada vendimia cargan sus vehículos hasta reventar de uva -el que sea, regularmente sus Ladas rusos- y la llevan alguna bodega cercana para su elaboración. Esperan cobrar por ella y que el vino vaya a una destilería de Cognac, el verdadero producto de lujo Armenio en Europa del Este y Asia.Pero en 2010 el camino de Eurnekian se cruzó con el de Julio Viola, propietario de Bodega del Fin del Mundo y la cosa cambiaría para Armenia. Según trascendió Eurnekian adquirió la mitad de la bodega neuquina y la bodega comenzó a aportar el know how para hacer vinos en el Cáucaso. Al fin y al cabo, los neuquinos son especialistas en comenzar de cero en lugares poco frecuentes.

De la mano de Viola, a quien asesora en el sur, Michel Rolland llegó al Cáucaso y la cosa terminó de cobrar forma comercial. Ahora había un componente for export que se podía atender y un rostro mundialmente conocido para aportarle valor. Con la enología de Mariano Vignoni –el joven crack detrás de los vinos de Ave y Del Río Elorza- ya tiene la cosecha 2010 embotellada con la marca Karas –que en armenio significa ánfora- y elaboran tintos y blancos.

El clima en Amenia es continental: calurosos en verano, frío en invierno. En rigor, muy frío en invierno, ya que es una zona alta ubicada a unos 40º de Latitud Norte (como el Bariloche, en nuestro país). Tanto, que deben enterrar las vides para que no se mueran con las temperaturas de -17 y -20º C que congelan incluso el Lago Sevan. Pero el sol y las montañas hacen que en verano las uvas sean perfectas y que su acidez resulte particularmente alta. Cultivan las blancas Chardonnay y la armenia Kangun; y las tintas Tannat, Syrah, Malbec, Petit Verdot y las variedades locales Haghtanak y Areni.

Probé Karas Blanco 2010, elaborado con Chardonnay-Kangun que es un blanco de aromático, refrescante y con mucho cuerpo; Karas Tinto 2010, que lleva un poco de cada uva cultivada, perfumado, jugoso y con buen cuerpo; y sus versión Reserva 2010, en donde la madera le da un tono más cosmopolita.

Vignoni sostiene que la principal diferencia gustativa que puede ofrecer Armenia es ser un punto medio entre el viejo y el nuevo mundo (en ese sentido es parecido a la Argentina): tiene variedades propias, tiene alta acidez y tiene sol. Un combo que no es fácil de conseguir en otras regiones del globo, todo combinado con una rica y larga tradición cultural que le da sustento. Con un plus importante: a las puertas de los free shops de los principales aeropuertos –controlados por Eurnekian- la catapulta para que Karas se convierta en una marca con presencia internacional en el mediano plazo está dispuesta. Ahora nada más falta esperar y hacer negocios. Algo que los armenios saben hacer con sobrada experiencia.

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4 Comentarios

  1. [...] :  planetajoy Español: Petit Verdot en copa. (Photo credit: [...]

  2. Fernando Hidalgo dijo:

    En estos paises de Europa Oriental, existen una cantidad importantes de variedades autóctonas de no creer. Algunas con un potencial enológico que podrían opacar a las mismísimas variedades tradicionales francesas.

    La variedad que yo traería a Argentina, sería la: “MAVRUD”, es una uva tinta autóctona de Búlgaria, muy antigua. Con ella se logran vinos de guarda de altísima calidad. Es una uva que se puede adaptar a climas continentales frío, Patagonia por ejemplo. Inclusive en Mendoza, en Valle de Uco sería la mejor región para plantarla.

    Saludos!.

  3. ANA LOPEZ FERNANDEZ dijo:

    MUY INTERESANTE ALGO QUE APORTA ARGENTINA DADA SU EXPERIENCIA EN EL SECTOR Y DEMOSTRAR QUE ARMENIA SI PUEDE HACER UN EXQUISITO VINO. ENHORABUENA

  4. Ana Beatriz Cardoso dijo:

    Una nota feliz y mucha suerte con este proyecto .!