Mi tío Oswald: una novela para los amantes de la buena mesa

Roald Dahl, famoso por sus libros para niños, tiene un costado menos conocido como autor de humor negro y erotismo, que en este libro se combinan con picardía y ricos manjares.

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Es difícil escribir ficción bien combinada con la buena mesa: por regla general precisiones sobre vinos y platos suenan desmedidas, o algunas explicaciones y citas eruditas sobre sabores específicos rompen la armonía  discursiva. Precisamente porque no cae en ninguno de estos dos pecados, Mi Tío Oswald, del británico Roald Dahl, es una novela perfecta para el paladar gourmet.

Salpimentada con abundante humor negro, narra en primera persona las aventuras del “más grande fornicador de todos los tiempos”, que se mezclan a la perfección con el disparate y los manjares de la mesa. Así, la elegante prosa con la que el protagonista Oswald Hendrick Cornelius cuenta en sus diarios las aventuras de juventud, resulta la herramienta perfecta para saber cómo se combina un oporto con un queso stilton o bien cómo se deben comer las ostras, cómo saborearlas mejor y con qué vinos, entre muchos otros consejos gourmet.

Por eso me la recomendó mi colega Luis Lahitte, que de esto sabe. Esa es la excusa para que el libro esté recomendado en este blog. Pero la verdad es que la historia es mucho más divertida de lo que puede sugerir el buen maridaje de los platos de provance. Ya que, desde la primera página sabemos que Oswald se convirtió en millonario a fuerza de vehemencia, picardía y una astucia sin ética difíciles de igualar. Tanto, que debería su fortuna al descubrimiento de un potente afrodisíaco en la década 1910 y al desarrollo de la criogenización de esperma en la de 1920. Dos cosas que, a priori, nada tienen que ver con el buen gusto, pero que el Tío Oswald sabrá combinar con delicadeza, para hacernos desternillar de risa con sus visitas a los genios de la época para tratar con sus invenciones: Freud, Einstein, Puccini, el rey de España y un largo e hilarante etcétera.

Una novela pícara y grotesca, llena por igual de esa deliciosa urgencia que generan el sexo como divertimento y la buena comida. Escrita en 1979, recientemente Anagrama la reeditó en sus Compactos y se consigue en librerías a 60 pesos.

Roald de Bolsillo
Roald Dahl fue un escritor y una figura pública en Inglaterra durante el siglo XX.  Nació en Escocia, trabajó en la chocolatería Cadbury de joven, vivió en áfrica en sus años de formación, antes de la Segunda Guerra –en la que sirvió como piloto de la RAF-, para luego volver a Inglaterra y desarrollar una carrera literaria.

Son famosas sus historias para chicos, como Charly y la Fábrica de Chocolates; Jim y el Durazno Gigante, que Dahl escribía desde una carroza gitana instalada en el patio de su casa. También sus relatos –más de 60- inspiraron a Alfred Hitchcock y a Quentin Tarantino por igual, así como a la serie Relatos de lo inesperado, que se hicieran con gran éxito para la televisión.

Muchos de sus historias más famosas están basadas en la figura del Tío Oswald.

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2 Comentarios

  1. [...] Durante el siglo XVIII se hicieron famosas en Europa las “pastillas de Richelieu”, fabricadas con el extracto de mosca española, también conocida como “cantárida”. Los romanos conocían el polvo de cantaridina, que producía un efecto irritante en la piel, pero al que se le atribuían propiedades afrodisíacas al ingerirlo (Roal Dalh relata con mucho humor las peripecias de su ficticio tío Oswald con esta droga en el libro homónimo). [...]

  2. [...] Durante el siglo XVIII se hicieron famosas en Europa las “pastillas de Richelieu”, fabricadas con el extracto de mosca española, también conocida como “cantárida”. Los romanos conocían el polvo de cantaridina, que producía un efecto irritante en la piel, pero al que se le atribuían propiedades afrodisíacas al ingerirlo (Roal Dalh relata con mucho humor las peripecias de su ficticio tío Oswald con esta droga en el libro homónimo). [...]