01.11.2011

Napa Valley: la disneylandia de los amantes del vino

Para los entendidos, Napa Valley es un destino tan importante como Bordeaux. Para los turistas, un paraíso donde empinar el codo cada cien metros. Con todo, es uno de los destinos más visitados del vino mundial.


Para la mayoría de los argentinos, Napa Valley no pasa de ser el raro paisaje en el que Silvina Luna y su novio grabaron un video porno casero que circuló por internet y se ventiló en los medios locales. Pero está claro que es mucho más que eso: una suerte de Disneylandia para foodies y amantes del vino que cada año recibe a unos cinco millones de visitantes.

Ubicado a una hora en auto de San Francisco, Napa representa el corazón del vino californiano y es una de las regiones vitícolas más cotizadas del mundo. Tanto, que una hectárea de un buen viñedo cotiza incluso más que en algunas renombradas regiones europeas, con valores que pueden ascender al millón de dólares.

Ubiquémonos. Napa fue el punto de resistencia más sólido del vino norteamericano durante la Ley Seca de los años ’20. Fue luego el epicentro de la revolución de los vinos del Nuevo Mundo, de donde salieron los Cabernets Sauvignon que en el “Juicio de París” (la célebre cata a ciegas realizada en París en 1971) le pasaron el trapo a los franceses y desde donde a mediados de los ‘50 el renombrado Robert Mondavi y sus colegas inventaron el varietalismo tal y como lo conocemos hoy. Y es, además, un ícono cultural en materia de vinos del Nuevo Mundo, con bodegas de arquitectura arriesgada como Dominus y Opus One, o con algunas de las casas más antiguas de Estados Unidos. Para que te hagas una idea y salvando las distancias, si Mendoza fuera California, Napa sería su Luján de Cuyo.

En este apacible rincón del oeste norteamericano, con pueblitos de casas victorianas construidas en madera, molinos elevando sus aspas sobre ondulados campos de vid, la vida rural de unas 300 bodegas se enmarca entre dos cadenas montañosas con bosques naturales que le dan un aspecto bucólico, algo muy atractivo, si se trata de ir a pasar un par de días de recorrida para probar vinos.

Y así lo entienden los millones de visitantes que desfilan por sus bodegas. Ocurre que Napa es, de alguna manera, el sitio en el que se inventó el turismo enológico tal y como se lo practica hoy: bodegas con las puertas abiertas de la mañana a la noche con guías especializados, en las que se detienen sobre todo japoneses, australianos, mejicanos y, por supuesto, norteamericanos en bermuda y gorrita de baseball, dan una vuelta por la sala de barricas, empinan el codo, se sacan la foto y marchan a la próxima bodega. No en vano, Napa es una de las ocho Great Wine Capitals, junto con Bordeaux, Porto y Mendoza.

ESTRELLAS MICHELIN
Uno de los atractivos que ha hecho famoso a Napa son sus pueblitos. A lo largo de los 40 kilómetros del valle, enhebrados por la St Helen Highway, hay una serie de urbanizaciones pequeñas que prácticamente no han cambiado en los últimos 50 años.

Yointville es el más famoso por sus buenos restaurantes. Dos son los sitios en donde hay que hacer un stop: Ma(i)sonry, un complejo de restaurantes y galerías de arte en los que las bodegas de la región ofrecen sus vinos; el otro es The Laundry, restaurante con 3 estrellas Michelin, desde cuyos balcones se extiende la vista por sobre las huerta y los viñedos. No son baratos, pero valen una visita.

Santa Helena y Calistoga son los otros platos fuertes del recorrido, con movida artística y enófila. Más allá de cuáles visites, los pueblos se parecen: una calle principal e histórica con boutiques, tiendas y pequeños comercios donde comprar el souvenir típico (unas barricas mini talladas en maderas, equivalente local de la caracola marplatense). Y en todos, además, encontrarás posadas de estilo victoriano reconvertidas en bed & breakfast y pequeños hoteles boutique.

EN TREN, EN GLOBO, EN LIMUSINA
California produce el 90% del vino que se elabora en EE.UU. Al margen de la cifra, lo interesante es su diversidad, producto de los diferentes microclimas y suelos, divididos en 14 subregiones vitivinícolas, con capacidad para producir algunas de las mejores y más buscadas etiquetas del mercado. Napa es la región por excelencia para Cabernet Sauvignon y Chardonnay. Además, se elaboran interesantes Pinot Noir en la zona de Carneros, Zinfandel y Merlot en Mount Veeder, junto con Sauvignon Blanc hacia la desembocadura del valle.

Una de las formas más originales de recorrer la variedad de viñedos y bodegas es sobrevolándolas. Basta con contratar un viaje en globo aerostático al atardecer que culmina con el descorche de un champagne. Hay varias agencias –como Napa Valley Balloons y Balloons Ride- dedicadas a este negocio. Otra opción –ideal si se viaja en grupo- es alquilar una limusina y entregarse a una tarde de cata de vinos compulsiva, entrando y saliendo de las bodegas que se ubican sobre la ruta Silveredo. 

Y hay más medios de transporte: como en los grandes parques de diversiones, el Wine Train (tren del vino) es uno de los paseos más elegidos, ya que con sus paradas ofrece una oportunidad variada de viaje. Se trata de un original convoy-restaurante con vagones de comienzos y mediados del siglo XX que durante tres horas recorre el valle. Hay dos posibilidades: comer en el gourmet car (99 dólares) o en el Vista Dome (129 dólares) con techo vidriado y una increíble vista panorámica del paisaje.

Si ninguna de estas opciones resulta tentadora, podés contratar un tour o bien alquilar un auto y recorrer los pueblos y bodegas a tu antojo. Cualquiera sea el caso, los must del viaje, son:

RUBICON ESTATE / INGLENOOK. Ubicada en el pueblo de Rutherford y propiedad de Francis Ford Coppola, esta bodega fue construida en 1887 y supo llamarse Inglenook. Destaca su vieja arquitectura, el bar de vinos Marmarella y por supuesto, el costado cinematográfico, ya que es la única bodega de la región que tiene en exhibición algún Oscar. Lo más interesante son sus 125 años de historia y sus Cabernets, mundialmente famosos. La visita, con degustación, cuesta 25 dólares.

ROBERT MONDAVI WINERY. Visita esencial para el amante del vino, sobre todo para quien recorre por primera vez Napa. Fundada por Robert Mondavi, es piedra angular del desarrollo moderno del vino californiano, y una de las casas que marcó la historia de la región. Famosa por su arco de entrada –que remite al antiguo estilo mission dominante en California y que se ve en sus etiquetas- ofrecen visitas básicas y de nivel avanzado, con reserva previa. Vale la pena una recorrida por los viejos viñedos y las catas con chocolates y quesos.

OPUS ONE. Nació en 1984 de la sociedad entre Robert Mondavi y el acaudalado francés Baron Philippe de Rothschild, aunque no fue inaugurada sino hasta 1991. Representa la consagración de Napa en el mundo del vino por dos motivos: uno, arquitectónico, ya que la bodega está semienterrada y cruza el estilo rococó francés con el newcomer de los americanos; y político, porque marca el ascenso de una región “plebeya” a la alta sociedad francesa. Sus vinos tienen un precio de salida que ronda los 200 dólares. La última cosecha disponible es 2007.

DOMAINE CHANDON CALIFORNIA. Si te gustan los espumantes, tenés que hacer una parada en Yointville y probar los Chandon elaborados en California desde 1973. Es muy vistosa, con amplios y lindos jardines, y ofrece almuerzos en su restaurante Etoile, única bodega con una estrella Michelin. Emplea uvas de Carneros y Mount Veeder, dos subregiones dentro de Napa perfectas para la elaboración de Pinot Noir y Chardonnay.

HESS COLLECTION. Otra bodega clave para visitar, propiedad del multimillonario suizo Donald Hess, que en nuestro país es dueño de Colomé. La casa californiana está entre las top de la región por la increíble ubicación de sus viñedos en las laderas de Mount Veeder. La bodega ocupa el corazón de un bosque natural y aloja en su interior una de las colecciones de arte contemporáneo más destacadas del mundo. Se puede visitar todos los días, con visitas guiadas a 10 dólares por persona.

No son las únicas, claro. Hay muchas más, desde cavas secretas a bodegas familiares que, en el caso de Napa, incluso se dan el lujo de vender sus vinos sólo en la puerta, porque es tal el volumen de visitas que con eso pueden vivir. Y si llegado un punto los vinos te aburren, hay muchas más actividades hacer: desde picnics y maridajes hasta música en vivo, recolección de frutas, clases de cocinas, charlas con vitivinicultores y un largo etcétera.

Y si bien no sabemos por cuáles de todas estas actividades se inclinaron Silvina y su novio durante su estadía, algo es seguro: aburrirse en Napa, no se aburrieron.

GO GREEN
Tal vez por su proximidad con la ciudad de San Francisco, el movimiento orgánico está instalado fuertemente en la cultura del valle. Tanto que en cada uno de sus pueblos hay por lo menos un Farmer’s o Green Market, donde los granjeros se congregan una vez por semana para ofrecer lo que criaron, cultivaron o cazaron. Los mercados se organizan en espacios itinerantes y están abiertos, en general, entre mayo y octubre. Quesos artesanales, carnes sin hormonas ni antibióticos, pescados frescos y ahumados salen a la venta, haga sol o llueva (lo cual no es muy frecuente). En tanto, algunos de los chefs locales suelen hacer demos de cocina en el mercado para promover la alimentación variada y saludable.


Por Cecilia Boullosa y Pablo Fadel / Fotos: Trenton McManus


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