Guía para comer en Montevideo


Como ya les conté la semana pasada, estuve unos días en Montevideo. Fui porque parte de mi próximo libro (una novela que sale en noviembre) transcurre allá, para conocer a los editores de Uruguay, pero también para descansar y hacer turismo gastronómico. Tuve la suerte de que me aconsejara la chef Ximena Torres, pero también improvisamos un poco, nos perdimos algunas cosas por fiaca o falta de tiempo, y repetimos algunos lugares por gula. Además de traerse lácteos Conaprole (no sean tímidos con el dulce de leche, que parece mucho pero acá se acaba rápido), les dejo una selección de lo mejor, lo típico, y lo que no deberían perderse estando allá. (más…)

Cocina japonesa auténtica: Ichisou

Si bien hoy en día el sushi es furor en Argentina, hay que reconocer que  las piezas que consumimos tienen muy poco que ver con la cocina japonesa real. Aunque ricos, los rolls con palta, kanikama, o queso crema no tienen nada que ver con Japón, sino con lo que hicieron los inmigrantes orientales cuando llegaron a Estados Unidos para adaptar su gastronomía al paladar local. Sin embargo, no hay que ser puristas. El sushi americano no es mejor ni peor que el sushi japonés. Es diferente, nada más.

En Buenos Aires, por suerte hay de todo. Podemos ir al Sushiclub a comer piezas con palmitos y queso, pero también a restaurantes como Yuki e Ichisou (les debo aún la reseña de Yuki, tengo por ahí las fotos), que ofrecen cocina japonesa auténtica para paladares inquietos como el mío, que van de un estilo al otro sin culpa ni contradicciones.


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Páru: un peruano en Pacheco

Hace un par de semanas fuimos a comer a la nueva sucursal de uno de mis restaurantes preferidos, Páru Inkas Sushi & Grill, en el Pacheco Golf Club. Aunque lejos, para la gente de la zona es toda una novedad tener un restaurante de este tipo (de autor y fusión) en la zona, y para los que estamos lejos como yo, vale la pena el viaje porque el entorno es realmente lindo y diferente a lo que vemos siempre en Palermo. Prueba de ello es que cuando fuimos, esta sucursal había abierto hacía una semana, pero así y todo, había unos cuarenta minutos de espera para conseguir una mesa.


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Lechugas baby

Hace mucho tiempo que las venía viendo en todos los delis pero nunca conseguía, hasta que ayer las vi en Quinta Fresca y las compré. Yo me traje lechuga mantecosa y lechuga morada, pero he probado muchas, incluso más chiquititas. Rúcula, por ejemplo.

La única diferencia es que son más tiernitas y quedan más lindas en el plato. Lo demás, es igual. Pero bueno, si están a dieta y necesitan incentivo, todas las curiosidades ayudan a mantener la voluntad. Salen $2,50 la planta, caras. Pero con unos tomates cherry levantan mucho un pescado a la plancha o una pechuguita magra. Y sí, ser snob es muy caro, chicos. (más…)

Hamburguesas de poroto aduki

Hasta hace un tiempo las hacía de lentejas, pero no salen bien con todas las lentejas sino solo con las oscuras y redonditas, como las de lata (no las claras y chatas que vienen ahora). El aduki, en cambio, es siempre igual.

El secreto es hervir las legumbres, colarlas y dejarlas enfriar, bien secas, en la heladera durante 6 horas. Una vez que lo tienen listo, procesan 3 tazas de poroto aduki, 1 cebolla, 1 zanahoria cruda, 2 dientes de ajo, sal, pimienta, 2 cditas de paprika, 3 cdas sopera de semillas de sésamo y van agregando pan rallado o miga de pan seca hasta que la masa esté bien compacta. Después la sacan, le mezclan 4 cucharadas soperas de perejil picado (a mí no me gusta como queda procesado, que se note) y arman las hamburguesas.  Lo ideal es hacer muchas y ponerlas intercaladas con papel film en el freezer. A mí me gustan de dos centímetros para hacer en el horno, pero si las van a hacer a la plancha háganlas más finitas y usen aceite para grillarlas. (más…)

Albamonte: un viaje en el tiempo

La semana pasada mi amigo Pablo me llevó a su restaurante preferido, Albamonte (Corrientes 6735), una cantina detenida en los años 80, con mozos de moñito, pared de machimbre, y menú de cocina italiana-española pesado, contundente, algo mirtacarabajalesco.  Supongo que alguna vez su ambiente fue exclusivo y lujoso. Hoy es más bien retro, divertido, y con un público muy pero muy ecléctico: desde millonarios que llegan en Ferrari (¡Lo vimos!) hasta gatos viejos con todo el pelo teñido de rubio y calzas de animal print.

Yo ya me había negado a ir varias veces, pero él prometió que a pesar del tipo de comida que hacían, todo era rico. Y la verdad es que cumplió. No es mi tipo de cocina, pero si alguna vez quiero comer pizzas o pasta tradicional, voy a volver. El secreto es tomárselo como un restaurante temático, como una aventura culinaria: así como a veces cenamos mexicano, hoy nos toca viajar en el tiempo. (más…)

Limoneta de hinojos

Esta es una ensalada que a mí me gusta mucho y que mi marido, odiador compulsivo del hinojo, del apio, del anís y del kummel, no come, aunque el limón suavice mucho el sabor.

Para hacerla, necesitan 1 cabeza de hinojo nueva y bien firme (el hinojo se pone viejo y parece telgopor, pero ahora hay orgánicos súper lindos) cortada en las fetas más finitas que puedan conseguir. Finísimas, como papel, si pueden. Esas fetas se dejan una o dos horas marinadas en una limoneta (2 partes de limón por una parte de aceite de oliva bueno, sal y pimienta) y recién después, se sirven. Sí, al revés de todas las ensaladas.  A veces le agrego manzanas, pero casi siempre la como sola, sin nada.

Cocina venezolana acá nomás: Arepera Buenos Aires

Los sábados a la noche voy al teatro con mi marido, pero como priorizamos la obra, solemos terminar en algún restaurante cercano que casi nunca me sirve para reseñar. Este sábado, sin embargo, fuimos a ver una obra en Almagro, y pudimos escaparnos a un restaurante que tenía pendiente hace mucho tiempo: la Arepera Buenos Aires (Estado de Israel 4316).

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Benihana: un barquito que se hunde rápido

Hoy tenia que almorzar en Barrio Norte, y tratando de escapar de experiencias pasadas (vease “El triángulo de la muerte“), caí en Benihana, la cadena mundialmente famosa de sushi y teppanyaki que está en la entrada de Alto Palermo. A primera vista, el local es ruidoso y está un poquito sucio, aunque la atención es rápida, eficiente y amable. De la comida, desgraciadamente, no puedo decir lo mismo. Fue, como todos los que están en esa zona, un completo desastre.

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Un mimo imprescindible: tomar el té en el Caesar Park

La semana pasada fui al Hotel Caesar Park (Posadas 1232) a probar la carta de invierno para la hora del té de Beatriz Chomnalez, que incluye más de veinte tortas fabulosas, algunos sandwiches fríos, diferentes variedades de café Nespresso, jugos recién exprimidos, y unos cuantos blends de té Tealosophy, por supuesto.  El lugar es, como ya deben suponer, realmente bonito, y la experiencia es todo lo que puede esperarse de un hotel cinco estrellas: atención esmerada y cocina deliciosa, sumado al toque cholulo de conocer a Beatriz y a su staff en persona y poder comentar lo que estábamos comiendo.

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