Los sábados a la noche voy al teatro con mi marido, pero como priorizamos la obra, solemos terminar en algún restaurante cercano que casi nunca me sirve para reseñar. Este sábado, sin embargo, fuimos a ver una obra en Almagro, y pudimos escaparnos a un restaurante que tenía pendiente hace mucho tiempo: la Arepera Buenos Aires (Estado de Israel 4316).

Hay dos lugares para probar la cocina venezolana en Buenos Aires. Ambos areperas, aunque sirvan otros platos. Uno es este, y otro es Caracas Bar. En Guía Oleo, la Arepera Buenos Aires tiene el puntaje más alto, sin embargo, una caraqueña ayer me recomendó fervientemente el segundo, que es mucho mejor y más fiel a la versión de arepas original. En algún momento iré y les contaré cuál es mejor de ambos. Por ahora, va el primero:


Como ya deben suponer, evité las entradas o pasapalos porque son todas fritas (me perdí los los tequeños una suerte de “cigarros” de masa crocante rellenos de queso típicos de Venezuela) y me concentré en las arepas, unas tortillas gruesas de maíz (imagínenlas más como un pan árabe relleno que como una tortilla mexicana) que vienen rellenas con carne, cerdo, pollo, verduras, legumbres y el famoso queso blanco de Venezuela.


Nosotros pedimos una Reina Pepiada (hebras de pollo, cebolla, palta y mayonesa), una del Pabellón (hebras de carne, frijoles, queso y plátanos), y una de pernil (pernil de cerdo, champignones, queso). Cada una tenía una salsa (una de cilantro, otra de ají picante parecida al romesco, y otra agridulce, con un dejo a mostaza) que se le ponían aparte. A mí, la Reina Pepiada no me gustó, las demás me parecieron ricas y muy suculentas. El sabor es muy parecido lo que pueden encontrar en la cocina mexicana y en la cubana: frijoles, platanitos fritos, carne en hebras, queso. Les recomiendo pedirlas mitad y mitad así las comparten, como hicimos nosotros.

Acompañamos con una jarra de licuado de parchita (maracuyá) que no les recomiendo si quieren comer, porque tiene pulpa y después de tomarlo no van a tener más hambre. Pidan mejor una jarra de Papelón con limón (o agua de papelón), que es una locura de rica. Para quienes no lo sepan, el papelón (o panela) es el primer subproducto de la caña de azúcar y se usa, entre otras cosas para hacer bebidas. Tiene sabor a azucar mascabo o integral, y se sirve con limón, logrando una bebida rara, perfumada, muy refrescante, ideal para apagar el picor.

El precio, además, me pareció bastante bueno: entre $50 y $60 por persona. Es ideal para ir con amigos y compartir una entrada entre dos o tres personas y después una arepa para cada uno, con una jarra de agua de papelón. Barato, rico y diferente, aunque no sea más que un fast food suculento e innovador.