Hoy tenia que almorzar en Barrio Norte, y tratando de escapar de experiencias pasadas (vease “El triángulo de la muerte“), caí en Benihana, la cadena mundialmente famosa de sushi y teppanyaki que está en la entrada de Alto Palermo. A primera vista, el local es ruidoso y está un poquito sucio, aunque la atención es rápida, eficiente y amable. De la comida, desgraciadamente, no puedo decir lo mismo. Fue, como todos los que están en esa zona, un completo desastre.


Como era mediodía, aprovechamos para elegir un clásico del lugar: el Lunch Boat, un bote (¿vieron esas bandejas de sushi en forma de barco?) que trae un poco de todo: rolls, tempura, ensalada, arroz, sopa, frutas, sashimi y algo de algo de teppanyaki. El precio dependía de la variedad de teppanyaki y podías elegirlo de pollo ($50), de carne ($55), o de salmón ($60). Mucha comida, sí, que llegó puntual, después de 30 minutos, pero que decepcionó enseguida en todos los aspectos que podría decepcionar un menú. ¿Leyeron? En to-dos.


Para empezar, la gaseosa es de máquina y de la línea Pepsi. Estaba medio caliente, así que le pedimos hielo y nos dijeron que no había, y que el proveedor de hielo había faltado. La sopa y la ensalada estaban bien, aunque nada del otro mundo.


El salmón del teppanyaki tenía aspiraciones de “crispy” pero en realidad estaba seco, y tenía esa textura típica de un salmón que estuvo congelado. El arroz no era “sticky-rice” sino que estaba pasado. El tempura tampoco estaba bueno: era muy pero muy grasoso (se ve clarísimo en las fotos) y nada crujiente, más bien blando, con aceite chorreando. Los rolls eran feos, con un arroz desarmado y sin sabor. Tampoco se salvó el sashimi era de atún rojo y pescado blanco, que debería haber sido infalible, pero que también tenía sabor a congelado. La ensaladita de pepinos y pulpo a mí me gustó, a mi amiga no. La verdad era que no tenía mucho sentido, pero dada la calidad del resto, era lo mejor.

Un capítulo aparte merecen las frutas, que no son otra cosa que media naranja cortada al lado del sushi. El café, estuvo bien. El resto, muy olvidable, malo. No obstante, si a pesar de mis advertencias ustedes ya saben que lo suyo es comer mucho, mal, y barato, vayan corriendo, que Benihana logra ese cometido a la perfección.