La primera vez que probé Caramelos artesanos fue en la Panadería L´Epi, porque solían vender sus paletas y algunos de sus dulces con formas extravagantes en el mostrador. Después los busqué para incluirlos en una nota, pero por entonces no tenían un lugar para venta al público, así que era difícil ver todo lo que podían hacer. Desde hace un tiempo, por suerte, estrenaron local (Honduras 5874) en el corazón de Palermo. Yo no lo sabía, lo descubrí por azar y me puse contenta.

Para empezar, les quiero decir tres verdades que coexisten entre sí. La atención es muy mala (siempre, desde que les hice la primera nota, me trataron medio mal), el producto es muy bueno, pero la exhibición del producto lo desmerece mucho. Necesitarían conseguir chicas simpáticas para atender (los dueños me parece que creen que todos les quieren robar, copiar, asesinar) y un buen vidrierista que les vuele esas mesas tristes llenas de paquetitos.


Dicho esto, les cuento que si bien los caramelos son parecidos a los Pappabubble de España, acá son una novedad y están muy bien hechos. Hay diferentes formas, pero el hit son las rodajitas que salen de un tubo con diferentes colores que va formando letras, dibujitos, motivos abstractos (casi como un roll de sushi) que vienen en más de cincuenta sabores. También hay paletas trabajadas a mano y algunas formas curiosas hechas en caramelo: desde cubos de rubik hasta gusanos.


Las esencias que usan son todas buenas. Los caramelos de sandía y maracuyá, por ejemplo, son muy parecidos a la fruta real.La textura excelente, el aroma riquísimo y no se pegotean ni se derriten. Algunos sabores quizás son más comunes pero son más atractivos por el dibujito, como el de ananá o el de cereza, que trae la fruta hecha con caramelo adentro. Acá pueden ver todos los diseños y gustos que hay, desde lúcuma hasta aceite de oliva.


Me parecen súper lindos para regalar (hay bolsas entre $10 y $130) cuando quieren tener una atención con alguien y llevarle algo original de $30 o $40 o para comer ustedes, de glotones nomás.  También son originales para los chicos y para tener en casa, en una caramelera, si es que pueden evitar comerselos todos en un día.

Sí, ya sé, van a venir unos cuantos a decirme que por $40 se compran un planeta de palitos de la selva. Pero esto es otra cosa. Son, como dice su nombre, caramelos artesanos, y todo lo artesanal, ya se sabe, hay que pagarlo. Para el que no quiera, sigue habiendo kioscos y supermercados. En fin. Me gusta Caramelos artesanos. Me gustaría que fueran más simpáticos para atender, pero aún así creo que hacen un gran gran producto y los recomiendo.

 

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