Algunos lectores quizás ya lo sepan porque no me canso de decirlo: soy fanática del Delta. Con mi marido tenemos planes bastante inmediatos de tener una casa allá, así que vamos cada vez que el clima nos deja. En verano, nos instalamos allá el mayor tiempo posible, y durante el año tratamos de vivir de lunes a jueves acá y de viernes a lunes allá. Al menos en los meses cálidos.
Como ya deben saber, en el Delta sólo se puede acceder con lancha y no hay agua corriente ni gas, aunque sí internet, electricidad y teléfono. No hay supermercados ni delivery, obviamente, salvo en ríos muy concurridos en los que puede haber algún vecino que hace comidas caseras para vender. Pero en general, sólo hay alguna proveeduría con cosas básicas, que no siempre está cerca de tu casa o es inaccesible sin un bote.
Se preguntarán ustedes, entonces, cómo comen los 10,000 isleños que viven en la zona. Bueno, algunos traen compras desde el continente, otros tienen huerta y gallinero, pero la mayoría compra de una forma que a mí me encanta y que uso siempre: en la lancha almacén.
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