Viva Bélgica: Llegó Le pain quotidien a Palermo

Hoy finalmente fui a desayunar a Le Pain Quotidien, el primer local de la cadena belga que tanto me gustó en Nueva York y que ahora, por suerte, llegó a Palermo. La decoración, la exhibición y el look son absolutamente perfectos en Argentina también. El local es limpio y simple pero cálido. Hay muebles antiguos con iluminación ultra moderna, mesas comunales y puertas y ventanas recicladas que contrastan con vajilla minimalista pero chic. El servicio, además, bastante mejor que el de Estados Unidos. No hace falta llamar veinte veces a los mozos, ni repetirles el pedido, ni hacer malabares para que te vean. Por ahora, hay mozos para tirar al techo. (más…)

Lujos accesibles: té en el Palacio Duhau

Hace un par de semanas fuimos a tomar el té al Palacio Duhau. El hotel Hyatt tiene varios espacios. Una vinoteca en donde se puede, además de beber disfrutar de una selección de quesos, dos restaurantes y este espacio lindísimo, que se llama “Los salones de Piano Nóbile”, que además tiene balcón terraza soñado que a la tardecita ilumina parte de la Avenida Alvear.

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Próspero Velazco: dulces decepciones

A Próspero Velazco su fama lo antecede. Su nombre está por todos lados en los que se hable de patisserie como sinónimo de excelencia, de sofisticación, de calidad. Así que cuando abrió su propia tienda en Palermo (Arévalo 1947) justo cerca de mi casa, entenderán que la tuve que visitar. Después de todo, a nadie se le niega un té, y menos en el salón de “el mago de los postres”, como le dicen algunos periodistas.

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Heladería La Crémerie

Con este calor y todos hablando de las nuevas heladerías, no tengo más remedio que pegarme una vueltita. El fin de semana pasé por la última novedad de las Cañitas, Le Cremérie, helados gourmet (Báez, 252). Para empezar, el local es cálido y lindo. Nada que ver con esas heladeras que tienen Pérsicco o Freddo que te dan frío de solo sentarte. Acá hay sillas de madera, sillones tapizados, lámparas con luz cálida, una linda vidriera.

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Helados Lucca

Quizás algunos ya la conozcan porque últimamente ha cobrado popularidad, pero hasta hace unos meses, esta pequeñísima heladería barrial era todo un secreto. ¿Qué la hace especial? En primera medida, la calidad y el precio: el helado es muy bueno y el kilo cuesta $60. Pero también que tienen sabores únicos muy buenos. En general, en su afán por sorprender muchas heladerías ofrecen sabores raros, que son novedosos, sí, pero nunca pueden competir con el dulce de leche o un buen chocolate amargo. En Lucca es al revés. Basta pararse en la cola para empezar a escuchar la palabra “narafra”, “banafru” o “manama” como si todos se hubieran vuelto locos.


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Heladería Veikko

Hace poco una amiga me llevó a su heladería preferida, Veikko, en Las Cañitas. Desde entonces volví dos o tres veces más  (llevé a mi marido, a mi papá, a otra amiga) y se transformó sin querer también en la mía. A primera vista, parece una heladería artesanal como hay tantas otras,  pero cuando lo probás, la textura y el sabor del helado, revelan que hay algo muy distinto a las demás. Para empezar, en Veikko hacen el helado el mismo día, un ratito antes de servirlo. No se recicla nada del día anterior. Cuando se acaba ese gusto, no hay más, aunque los clientes lo pidan de rodillas al lado del mostrador. Además, se confecciona sólo con frutas naturales  (no pulpa de lata) y se sirve recién salido de la máquina. No hay reservas de tachos como en las cadenas líderes y por eso el helado es mucho más cremoso, no es duro, como si recién lo hubieran terminado de batir y el frío no lo hubiera cristalizado o endurecido.


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