La semana pasada, un día después de ir a Contigo Perú, uno de los restaurantes más populares y económicos de la cocina peruana, nos fuimos al otro extremo: a Astrid & Gastón, uno de los restaurantes más reseñados y celebrados del mundo. Y cuando digo del mundo, es literal. Como todos los chefs estrellas, Gastón Acurio tiene restaurantes en ocho países y todos son excelentes.


Aunque siempre fue caro, ahora tiene un menú de mediodía que es un hit y es muy barato. Ideal para quienes quieren probarlo antes de ir a la noche o para los que trabajan cerca y quieren comer algo rico antes de seguir trabajando. Entrada y plato principal, a elegir de una carta corta de mediodía (pero con muchas opciones), con bebida y vino, por $80. Un regalo. Hay arroces chaufa (una versión peruana del chaw fan, de ahí el nombre), pastas, sandwiches, ensaladas, platos con mariscos, ceviches, tiraditos, un poco de todo. Algunos platos más peruanos, otros más internacionales pero siempre con el twist local.


Lo primero que quiero destacar es la panera. El pan de papa que hacen, es casi igual de bueno que el menú. Es húmedo, saladito, increíble. Vimos varias mesas llamar al mozo y pedirle que les trajeran más porque lo habían comido todo.

Mi marido de entrada eligió un ceviche del puerto (calamares, camarones, pescado, ají amarillo, entre otras cosas) que también se puede elegir como principal. Picante, delicioso, el pescado más fresco que se puedan imaginar.


Yo pedí una parrillada FABULOSA, que tenía unas quenelles de papa con huacatay, muy sabrosa y condimentada, con una pieza de pescado blanco y un chipirón con brotes. Era realmente algo muy rico, que quiero volver a comer y que recomendaría a ciegas, aún a los que no les gusta la cocina peruana.


De primero, Martín pidió un sudado de pescado, con salsa de ají amarillo, arroz, vegetales grillados. Muy pero muy rico.


Y yo comí unos ravioles arequipeños de langostinos en una salsa de miso – panco realmente deliciosa. Los ravioles también eran muy ricos, suavecitos, se deshacían en la boca.


De postre comimos un souffle de chocolate y un suspiro limeño diminutos que estaban bien, pero nada más.


El café muy bueno, viene con unos macarons chiquitos, caseros, que no tenían piecitos pero estaban ricos y bombones de fruta caseros. Un detalle bonito, también. Muy recomendado para almorzar, de lunes a sábados. Si van después de las 13 hs llamen para reservar porque tipo 14 hs está lleno.