En estas últimas dos semanas,  mi marido y yo desayunamos dos veces en Farinelli (Bulnes 2707). La primera vez porque me llevó para mi cumpleaños, la segunda porque hicimos un trámite en la zona. Yo ya lo conocía, había ido a comer con mi amiga Eliana hacía tiempo (las porciones entonces eran muy chicas, pero estábamos a dieta), y la verdad es que hay cosas que me gustaron y otras que no. Sí volví es porque lo prefería al Piacere o a Perica que están enfrente, pero ya no.


Para empezar, tengo que decir que la pastelería y el café son ricos. Si fuera solo por ese aspecto, hubiera puesto Farinelli en recomendados. El primer día (el día que saqué fotos porque justo tenía la cámara encima) comimos un frangipane de peras, carrot cake y un scon con mermelada. Yo con café con leche y Martín con licuado de banana. El carrot cake tiene un frosting delicioso (presumo que es azúcar impalpable y cream cheese, bah, no presumo, estaría segura), el frangipane era rico y original, el scon más o menos. La banana del licuado estaba muy verde y el café muy bien.


Otro día, después de 13 horas de ayuno, comimos sandwiches de pan multicereal de jamón y queso. Rico pan aunque no pudimos elegir, poco jamón, poco queso. También un budín de limón bueno, un frangipane que no estaba tan bien como la otra vez, y de nuevo, licuado y café.  Tienen poca variedad, pero hay cosas ricas siempre. Cambian el menú todos los días y hay sandwiches, tartas, ensaladas que ofrecen en la mesa de entrada y que podés combinar porque todo es pequeño. Nosotros, por ejemplo, gastamos una vez $75 y otra $102 para desayunar lo que les conté. Un poco fuera de precio, ya sé.

Sin embargo, yo pagaría ese precio de mil amores si no fuera porque la atención es tan pero tan desagradable. Los que atienden la barra (dueños o empleados, no lo sé) son tan antipáticos, desganados y soberbios que te da un poco de bronca. Primero, no me dejaron sacar fotos porque su vidriera es muy exclusiva. Eso me dijeron, texual.  EXCLUSIVA. Yo no sé qué tiene de exclusiva si todo, desde el mostrador, los colores, el estilo, los cartelitos del menú, la repisa de atrás, es igual a la famosísima cadena Ottolenghi. Miren ustedes si no me creen, amplien la foto:

Segundo, si les preguntás de qué hay licuados, te señalan una canasta que está en el piso con las cejas y vos tenés que ponerte a revolver entre las frutas a ver qué está maduro y qué no.  Y si les haces preguntas sobre el menú (¡no tienen carta! ¡solo ellos saben qué tienen ese día) revolean los ojos, como si los estuvieras molestando.

La chica que atiende, por ejemplo, te mira muy mal cada vez que preguntás por la pastelería, hasta que finalmente desistís y llevás otra cosa por lo incómodo que te pone con su maltrato.  Le pregunté ¿Qué es eso de allá? señalando unos discos rarísimos, por ejemplo, y me dijo, lacónica: galletas. Le volví a preguntar de qué eran, a ver si esta vez se esmeraba y me dijo: chocolate. Insistí: ¿Pero con chips o masa de chocolate? Y me respondió de nuevo, malhumorada: CHOCOLATE.

Con un chico que atiende, por ejemplo, tuve la siguiente conversación:

CAROLINA
Y… dos tostados de jamón y queso… ¿Qué pan tenés?

CHICO
(Revoleando los ojos, despectivo)
Multicereal.

CAROLINA
¿Sólo ese? ¿Cómo es?

CHICO
(De nuevo revolea los ojos)
Es multicereal. Entonces dos tostados ¿Qué más?

CAROLINA
(Descolocada)
Un licuado de banana, pero sólo si tenés bananas maduras, el de la
vez pasada estaba muy verde.

CHICO
(Me ignora, sigue anotando sin levantar la vista)
¿Algo más?

CAROLINA
Un café con leche.

Me voy a sentar, las mesas sucias, le pido una coca cola, me la da en la mano y me señala una repisa de donde sacar un vaso con la ceja. La comida será rica, pero sola no me sirve para nada. Yo también cocino bien. Suficiente para mí, chicos, son demasiado maleducados.  Van ambos a la sección “comer como el culo” y no vuelvo ni que me manden un chofer a la puerta de casa con un ramo de flores en la mano.