Quizás algunos ya la conozcan porque últimamente ha cobrado popularidad, pero hasta hace unos meses, esta pequeñísima heladería barrial era todo un secreto. ¿Qué la hace especial? En primera medida, la calidad y el precio: el helado es muy bueno y el kilo cuesta $60. Pero también que tienen sabores únicos muy buenos. En general, en su afán por sorprender muchas heladerías ofrecen sabores raros, que son novedosos, sí, pero nunca pueden competir con el dulce de leche o un buen chocolate amargo. En Lucca es al revés. Basta pararse en la cola para empezar a escuchar la palabra “narafra”, “banafru” o “manama” como si todos se hubieran vuelto locos.


Yo, por ejemplo tomé un helado de banafru y pomelo que fue una locura y mi amigo probo el de leche de cabra con castañas de café y maderitas confitadas. También probamos el chocolate balsámico y uno de crema de calabaza y naranja, ambos muy ricos. Acá la calabaza en postres suena rara, pero este año en Nueva York (sobre todo en Octubre, por Halloween) la vi por todos lados: en helados, smoothies e incluso frapuccinos en Starbucks. Es el paraíso para quienes gusten de helados livianos y fresquitos porque hay mucha variedad, sobre todo combinados (banana, naranja y frutilla, por ejemplo), melón, pomelo, pera o jazmín.

Hay una sucursal en Coghlan (muy linda, en una callecita chiquita) que se llena de gente en bermudas paseando a sus perros a la medianoche y otra en Florida. Un hit para noches de verano entre amigos o para sorprender a una chica en la primera cita.

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