El domingo me encontré con una amiga para tomar el té. Siempre tratamos de ir a lugares nuevos y probar un poco de todo, primero porque nos gusta y segundo, para recomendarles a ustedes. En este caso, fuimos a Helena Resto Bar (Nicaragua 4816), un espacio nuevo en Palermo que reedita el mismo formato que tan exitoso le resultó a otros veinte negocios como Oui Oui, Le blé, A nos Amours, y un largo etcétera. Repetido hasta el infinito, pero a veces bueno.

helena resto bar

Mientras esperaba, pedí un café con dos mini biscottis. La moza me avisó que a esa hora (media hora antes de las 16), me los tenía que cobrar más caros. Me pareció cualquiera, pero igual dije que sí y me los trajo. Cuando vi estas dos palanganas no entendí demasiado el asunto de “mini”, pero tampoco insistí. Me tomé el café (bastante feo) y con mi amiga (que ya había llegado) probamos los biscottis que resultaron horribles. No tenían gusto a nada, leran viejos, las almendras estaban todas picadas, y les salía un polvo raro y amargo con gusto a talco. Nada que ver con las delicias crocantes y almendradas que hay en otros bares.

En ese momento, mientras mirábamos la carta para decidir qué pedir, resolvimos pagar eso irnos a otro lado. ¿Para qué ibamos a tomar el té en un lugar en el que traían café con gusto a quemado y pastelería del año pasado? Si te sirven algo feo una vez, es culpa de ellos. Si te quedás, es tuya por vago. Le pedimos la cuenta, nos trajeron este papelito evasor, y nos fuimos a otro bar un poco mejor. Tampoco demasiado.

locales que no entregan factura