Hace un par de semanas fui a Oro y Cándido (Cabrera 4667, Palermo), un restaurante que se enfoca en cocina autóctona y carnes exóticas con un twist de autor. Con esa descripción es fácil de imaginar un bistró pretencioso y caro, pero todo lo contrario. Es más una cantina de comida caserita y mozos amigables que intenta rescatar la materia prima argentina, no hacer cocina experimental.  La ambientación es cálida y el lugar es cómodo, ideal para cena en pareja, con amigos (hay desde ravioles hasta ñandú), o bien de día, para almorzar y trabajar en la notebook.

Nosotros fuimos a cenar después del teatro, así que llegamos tarde y famélicos. La atención fue muy buena. Los camareros deben ser estudiantes de cocina porque conocen bien el menú, los ingredientes de cada plato, qué cambios se pueden hacer, entre otras cosas. Si no lo son, se estudiaron muy bien el menú y el proceso de cada carne, creanme. Anímense a preguntar cómo es el ñandú sin vergüenza, que les van a explicar muy bien.

Empezamos con un carpaccio de llama riquísimo. La llama está muy de moda en la cocina internacional y hoteles cinco estrellas, pero yo nunca la había probado. Me debía empezar ya. Es una carne intensa pero cremosa, muy tiernita pero a la vez muy magra. Aunque no soy muy fanática de las carnes crudas esta me gustó mucho. Viene bien finita, a la italiana, con rúcula y parmesano (tal cual como se sirve la bresaola, por ejemplo). Muy recomendable.


Después yo me acobardé un poco con las carnes exóticas y pedí un conejo al chardonnay con milhojas de calabaza. La salsa del conejo era espectacular aunque me hubiese gustado un poco más cocido. Me gusta cuando la carne se despega del hueso sola, sin luchar. El milhojas de calabaza estaba bueno y como era dulce, acompañaba muy bien el conejo y el vino.


Mi marido, más audaz, pidió unos pinchos de yacaré con una ensalada. El yacaré, para que se den una idea, es una mezcla entre pollo y pescado blanco graso. A mí no me gustó, aunque estaba bien. No me parece un hallazgo como la llama, que ofrece miles de posibilidades. Pero está bueno probarlo y conocer  de qué hablamos. La ensalada era común.

Cerramos con un Postre del carajo (así se llama) que consiste en una mousse helada de algarrobina, alcayota, y un shot de grappa. Deliciosa.

Yo comí un tian de queso pategras con dulce de alcayota, que es algo que me encanta. Todas las combinaciones de frutas en almíbar y queso (membrillo y queso fresco, guayabas en almíbar y queso blanco, batatas o zapallo y quesillo helado) me parecen el mejor postre del mundo.


¿El precio? Unos $100-$120 por persona. Varía bastante porque hay ravioles de calabaza por $40 y un yacaré que sale $85. Obviamente comer una carne exótica tiene otro precio, aunque nunca excesivo. También hay un menú de mediodía muy casero ideal para los que quieren comer algo que lleva mucho trabajo o se hace únicamente para varias personas como locro, mondongo, lentejas, pastel de papas, carbonada, puchero o ñoquis caseros. El de tres pasos sale $48 y el de bebida y plato principal, $38.  Recomendadísimo.

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