El miércoles pasado fuimos a Páru Inkas Sushi & Grill (Bonpland 1823) un restaurante peruano-japonés (en realidad, de cocina nikkei pero de autor) del chef Jan Van Oordt, que antes estaba a cargo del famoso Osaka.

Páru tiene una cocina muy moderna y bien de autor, con preparaciones peruanas muy típicas pero recreadas y fusionadas con técnicas japonesas y un pequeño twist thai.  Los ingredientes típicos peruanos están ahí, firmes, pero siempre de una manera  inesperada. La quínoa es para rebozar, el ají de gallina es un relleno cremoso de wan-tans, el anticucho es una salsa para pulpo grillado con carbón natural. Para que se den una idea, no se parece en nada a ninguna otra cosa que hayan probado en restaurantes peruanos, pero al mismo tiempo, si les gusta la cocina peruana, este lugar les va a encantar.

Nosotros probamos un poco de todo. Les recomiendo hacer lo mismo: ir entre varios y pedir platos para compartir entre todos, así pueden probar algo de ceviche, un tiradito, un sushi, algo del grill, porque todo es tan rico como único. Lo que van a comer en Páru, no lo van a encontrar en ningún otro lado.

Lo primero que comimos fue un tiradito mitad y mitad.  Se puede pedir así, como está en el plato,de cualquiera de las 15 variedades que hay en la carta. Nosotros comimos medio de pescado blanco con salsa criolla con rocoto y chalaquita de pepino, y medio de salmón rosado thai con salsa de mango y leche de coco, quinoa crocante ycilantro fresco. El de salmón era el más rico, sobre todo por el crocante, que quedaba espectacular.

Después probamos unas ostras furai (empanadas y fritas, bien crocantes) con una chalaquita nikkei (ají picante, pepino, lima, entre otras cosas). Aunque a mí lo frito no me gusta, eran muy ricas, hay que decir la verdad.

Siguiendo las ostras, probamos tres tipos de rolls que amé de la nueva carta de verano. Todos me encantaron. El primero, de ostras crocantes, queso, pepino, harusame y manteca japonesa picante. El segundo, de pescado blanco furai, pepino y por fuera salmón rosado y guacamole. Y el tercero, de langostinos rebozados en quinoa y palta, y por fuera pescado blanco y salsa sunset (que era con ají amarillo de nuevo, bien peruana).


Después, como si no hubiéramos comido suficiente, probamos unas empanaditas wan-tan rellenas de ají de gallina y queso andino (una de las cosas más ricas de la noche) y una de picante de mariscos con salsa de soja y lima.  Les dejo acá el mp3 que grabamos del mozo que lo trajo, porque el nivel de detalle con que explicaban todo nos pareció genial.


Un rato más tarde, pecamos con una degustación de dos platos. Un tacu tacu (que es una tortita de arroz y porotos DELICIOSA) con una salsa picante de mariscos (chipirones y langostinos), y un quinotto de ají de gallina, que no es otra cosa que un risotto de quinoa muy cremoso (uno de mis preferidos, lejos). Lo que ven abajo del risotto son unos langostinos espectaculares rebozados en quinoa también, muy crocantes y tiernos por dentro.

De nuevo quiero que escuchen el mp3 de la explicación del mozo. El simpático es mi marido, yo soy la que se protesta en el fondo.

Y para terminar, comimos unas mollejas de chivito del grill con un seco de espinaca, miso y cilantro. En realidad, ustedes pueden pedir cualquier cosa del grill (lenguado, pulpo, cayos, atún rojo, lomo, pollo) que tiene un sabor muy especial porque se hace con carbón natural, y elegir la salsa que quieran. Hay seis o siete, todas muy ricas. Por ejemplo, la de miso con vino blanco, azucar y salsa de anticucho, que es una suerte de salsa BBQ peruana.

Para terminar, cerramos con suspiros limeños, que es el postre preferido de mi marido.  Les cuento que  Martín debe haber probado al menos siete versiones en Buenos Aires y hasta ahora, es la mejor. Súper cremoso, con el sabor de la canela y el limón bien perfumado, casi helado, con un merengue denso y tostadito al final y una compota de arándanos secos para cortar un poco.

Pero además de lo rica que es la comida, me llamaron la atención dos cosas.

La primera es la presentación. Los platos que recibimos eran idénticos a las fotos que vimos en la web. Todo era impecable, fresco, crocante, recién hecho. Puede parecer una frivolidad, pero detesto cuando en los restaurantes buenos existe “el efecto big mac” y lo que recibo en el plato es una versión fea de lo que yo vi en alguna reseña o en la web del lugar.

La segunda cosa que me encantó fue la atención de los mozos. Hacía mucho tiempo que no me cruzaba con mozos que conocieran tanto el menú y se detuvieran tanto explicando el método de cocción, el orígen de la salsa o en cómo teníamos que comer el plato.  Y menos en Palermo, donde los mozos siempre te atienden como si te hicieran un favor.  Por eso los grabamos explicando algunos platos, para que ustedes lo escuchen con sus propios oídos incrédulos.

Se preguntarán ustedes cuánto sale comer acá. Alrededor de $150 por persona, más o menos, aunque depende mucho de lo que pidan, porque varía de acuerdo a los pescados y mariscos que elijan, por supuesto.

Un salteado peruano estilo risotto sasonado con ajies peruanos y langostinos  sale $48 y unos cayos y langostinos al grill con salsa de ají amarillo y aji mirasol peruano, con vino blanco cuestan $58. Nada caro. Pero si quieren probar ostras, pulpo y demás manjares, obviamente la cuenta se puede ir elevando.

Si van a ir, les recomiendo enfáticamente pedir los rolls, las empanaditas wan-tan de ají de gallina, el tacu tacu con picante de mariscos, y el quinotto, que es espectacular.  Los horarios y demás detalles están en la web. Traten de reservar, porque se llena hasta los días de semana.