Hace un par de semanas fuimos a comer a la nueva sucursal de uno de mis restaurantes preferidos, Páru Inkas Sushi & Grill, en el Pacheco Golf Club. Aunque lejos, para la gente de la zona es toda una novedad tener un restaurante de este tipo (de autor y fusión) en la zona, y para los que estamos lejos como yo, vale la pena el viaje porque el entorno es realmente lindo y diferente a lo que vemos siempre en Palermo. Prueba de ello es que cuando fuimos, esta sucursal había abierto hacía una semana, pero así y todo, había unos cuarenta minutos de espera para conseguir una mesa.


Como ya les conté algo, Páru es un restaurante fusión peruano-japonés, bien de autor. Ya fuimos unas cuantas veces, pero esta carta era nueva, de invierno, así que volvimos a probar todo, especialmente lo nuevo. Algo de sushi, platos típicos peruanos con un twist, tiraditos, algo de grill y de wok. Nos acompañó un rato el chef, Jan Van Oordt (que antes hiciera Osaka), que viaja cinco o seis veces por año a Argentina para supervisar todo, tomarle examen a los camareros y hacer un exhaustivo control de calidad que, créanme, se ve en los platos y en la atención.

Para empezar, el mozo nos tentó con unos tragos. Yo jamás bebo tragos, pero nos explicó que podía hacernos caipirinhas de sake, que tiene una graduación alcoholica muy baja (¿sabían? yo no, pensé que era fuerte). Tomamos una de mango y otra de maracuyá, absolutamente fabulosas.


Arrancamos la cena con un ceviche de la casa que resultó ser el más rico que comí en mi vida. Lleno de texturas (cebollas finitas, maíz negro frito y crocante, pescado tiernito).

Después seguimos con el tiradito más rico de Paru, de salmón con salsa de maracuyá. Delicioso, pídanlo como “carpassion”.

Después probamos unos rolls con salmón y lima, muy pero muy ricos, aunque mis preferidos siguen siendo los de ostras con harusame (que también se los recomiendo).

Y otros rebozados en panko, con una salsa de maracuyá y sésamo, también fabulosos.

 

Seguimos con algo del grill, que luego fue elegido de forma unánime como el mejor plato de la noche. En realidad, se puede elegir cualquier proteína al grill (pulpo, lomo, camarones, langostinos, pollo, vieiras, salmón, atún, mollejas de chivito) o combinado, como en este caso: pulpo y langostinos. Y luego elegir una salsa de las que hay (garlic sour, seco, a la paru, de miso, yellow chili). La nuestra fue a la Paru, que para mí es la mejor. Muy recomendado.

Después de eso, comimos unos langostinos y camarones con frutos secos, que eran también un manjar.

Luego reincidimos con el quinoto (un risotto de quinoa, qué rico por favor) con langostinos empanados en quinoa crocante. Maravilloso.

Un salmón laqueado, agridulce, y rebozado en sésamo, ideal para los que no comen pescado crudo.

Y por supuesto, un picante de mariscos, que es una cazuela poderosa llena de camalares, langostinos, camarones en una salsa picantona de tomate. Pueden comerlo con arroz o con un tacu tacu, que es un sofrito de arroz y porotos muy pero muy rico.

Por último, probamos una degustación de postres. Suspiro limeño (perfecto), helado casero de maracuyá (muy diferente a los comerciales, como un sorbet fresquito) sobre un fudge de chocolate, con algunos bombones y frutas rojas.

Y un souffle de maracuyá con una “cremolada” (imagínense una granita cremosa) de frutilla. Manjar total, aunque si tengo que elegir, me quedo con el primero.

Como siempre, se estarán preguntando ustedes cuánto sale esta maravilla. Y tengo que decirles, muchachos, que lo bueno hay que pagarlo. Calculen unos $200 por persona y traten de ir en grupo para pedir varios platos y poder probar un poco de todo. Si van en pareja, les recomiendo un tiradito, unos rolls y de principales algo del grill y un picante de mariscos con tacu tacu. De postre, un suspiro limeño, obvio.