Habrán notado que últimamente subí pocas reseñas de restaurantes. No quiere decir que coma menos afuera, sino que estoy yendo a los lugares que ya conozco porque la mediocridad “irreseñable” (lo que no es ni bueno para recomendar ni tan tremendo como para poner en “comer como el culo) me obliga a refugiarme en mis lugares preferidos. Como ya les dije varias veces, en Argentina las reseñas tienen como mucho 1 año de validez. Pasado ese tiempo, son pocos los que siguen manteniendo el mismo nivel que cuando abrieron.

Algunos de los lugares a los que volví y en los que se sigue comiendo bien son Sarkís (siempre impecable y muy barato), Miranda (imbatible en el menú de mediodía, por $45-$55), Efímero Festín (de mis preferidos, voy cada quince días y siempre es un manjar), Osaka Yuku (sacaron los menúes de mediodía y los volvieron a poner al mes pero un 50% más caros, igual sigue siendo genial), Wasabi´s (comí antes de ayer un sushi riquísimo y tiene menú de mediodía a $45), Dashi (para el menú de mediodía, más que nada. Sale $60 a $80 y es muy bueno, aunque las piezas son siempre sashimis, niguiris y rolls New York), La Dorita de Las Cañitas (el de Palermo es un NO rotundo), En el nombre del postre (ahora también se puede almorzar por $40 unos combos fresquitos y ricos), Astrid y Gastón (volví dos veces, sólo al mediodía, de noche me parece demasiado caro), La Locanda (llevé a mis padres a cenar y fue todavía mejor que la primera vez).


Los que son ya no son lo que eran y los desrecomiendo fervientemente son Sudestada (volví dos veces para corroborar. Una fue mala, la siguiente fue incomible, devolví todos los platos, los pagué y me fui. Grasiento, sin sabor, fideos pasados, curry de pollo lleno de piel. Incomible), Olsen ($160 para dos sandwiches y una ensalada que estaba mal), La Pescadorita (todo lleno de aceite, muy feo, realmente). Tea Connection es otro choque de frente. Solía estar bien pero ahora la pastelería es fea, está mal diseñada la carta (no hay nada chiquito y dulce para comer, calientan el brownie en microondas, todo lo dulce tiene harina y las cookies de avena tienen gusto a jabón) y salvo en el de Cerviño, la atención es pésima en casi todos. Malvón, otro que se va. Volví dos veces y los mozos me han hecho pasar de las peores experiencias de mi vida. Es imposible pasarla bien. La última vez como faltaban 40 minutos para el cierre un camarero nos dijo que nos atendía si nos íbamos rápido, porque no quería “que la situación se pusiera violenta a la hora de cerrar”. Se los juro por mi vida.

A esos cinco, lamentablemente les retiro la recomendación. Si alguien va no será por mí. Buen viaje, chicos. Será en el 2013.

 

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