Ahora que llegó la primavera, uno de los lugares que más me gustan para almorzar es el Restaurante del Museo Evita (J. M. Gutierrez 3926). Tiene un patio divino, lleno de árboles y plantas, con un piso damero soñado y escaleras francesas que parecen salidas de un cuento.  Si van a almorzar, pueden pedir a la carta o usar la barra de crepes que  está afuera, si quieren comer  algo liviano y sentarse a trabajar con la notebook y un libro.

La carta que va cambiando según las estaciones, pero todo lo que comí ahí siempre fue delicioso. Todo es muy casero, pero a la vez sofisticado. Hay muchas pastas bien italianas (y muchas veces no tradicionales como manicotti, manicaretti, involtinis o tortellonis, por ejemplo), aves y pescados, risottos, antipastos, ensaladas y por supuesto: postres. Yo comí un semifreddo de maracuyá que era un escándalo de rico.

agnolottis remolacha

Además, los jueves suele haber un menú del día (que se acaba rapidísimo, porque es lo que más pide todo el mundo). El jueves pasado, por ejemplo, fue un pollo en salsa barbacoa con pastelitos de humita. Y el anterior, besugo relleno con mariscos y buñuelos con ricota, anchoas y nuez.

risotto de camarones
Si no se animan aún al patio, adentro también es muy lindo. A mí me gusta ir a leer, a escribir, o reunirme con gente que vive en otro país, porque me parece uno de esos lugares que hay que conocer.

restaurante museo evita

Además, para quienes no puedan vivir sin su mascota, les cuento que el restaurante es pet-friendly, e incluso tienen alimento balanceado para que ellos también coman en el patio con sus dueños. He visto a mucha gente tomando un café con el diario y su perro al lado, de lo más felices. Yo, con mi gata Dina todavía no me animo. Pero quién sabe y este verano me compro una correa y la llevo a tomar el té.

restaurante pet friendly

Calculen más o menos $75 por persona y llamen para reservar al 4800-1599 o por e-mail a resto@museoevita.org porque se llena enseguida.