A esta altura, ya todos sabemos que la pasión de nuestras amigas Mirta y Silvia es envolver, entortar y encimar enlatados con chacinados y mayonesa. No pueden sellar un lomo y darle un golpe de horno. No. Tienen que cubrirlo con panceta y hacerle un enema de longaniza, huevo duro y miga de pan embebida en sebo para quedarse contentas.  Está bien. Es su estilo y hay mucha gente que las sigue y que les gusta. Hay que respetarlo.

Sin embargo, siempre me llama la atención el reverso de ese amor fatal. Porque así como aman la lengua a la vinagreta y las frituras, Ise ensañan con violencia cirujana con la fruta y la verdura hasta hacerla transpirar aceite mezcla.

No sé si ustedes saben, pero antes de “Rico y Abundante”, nuestra dupla favorita tenía un programa llamado “Tallado de Frutas y Verduras”, dedicado a hacer frankensteins de hortalizas con gubias, bisturíes y cortantes toda clase. 

Hacían flores de cebolla, floreros de pepino, mariposas de ananá, calas de nabo, liliums de puerro, cuencos de calabaza y hasta esta bola sin sentido a partir de un regio melón que desde entonces sólo sirvió para pincharle fiambres y salchichas:

Quizás sea sólo una sensación, pero pareciera que para ellas dos, la fruta y la verdura sólo es útil para decorar o darle color a sus arrollados de jugo bovino y chinchulines. Que para comer no sirve, porque no tiene gusto a nada: no tiene cremor, no deja el paladar empastado, ¡no tiene gotitas de aceite cuando queda fuera de la heladera!

Miren por ejemplo este curioso árbol de navidad de morrones que hicieron el año pasado, para el que emplearon 5 ó 6 kilos de verduras y aromáticas.  Ustedes se preguntarán qué necesidad despilfarraron un kilo de morrones y cinco de hinojos que nadie va a comer. Yo me pregunto exactamente lo mismo. Eso, y cómo es posible que alguien piense que esta es una buena idea para un centro de mesa:

¿Y qué hay de estos papagayos? ¿De verdad estas dos buenas mujeres creen que alguien puede poner en su casamiento dos pajarracos de nabo con flores de cebolla de verdeo adentro de una calabaza tallada ?¿Cuál es la gracia de que sean alimentos si de todas maneras nadie va a arrancar una cebolla cruda y se la va a comer en la cena? ¿No era mejor poner un lindo ramo de flores y evitar semejante desperdicio de comida?

Pero no todo era odio en la cocina de nuestras amigas. También habia lugar para el amor. De hecho, luego de tanta abstinencia triglicérida, Mirta solía cerrar el programa con alguna escultura en queso sardo o margarina  para contentar a la audiencia sedienta de grasas trans. Mírenla acá mismo, tallando el barco pirata de 5kg de manteca extasiada,  acariciando mimosamente su plastilina grasa, mientras repite lo noble que es como material y la dedea toda para darle lustre. ¡Qué buena idea!

Pueden verla en este video, haciendo su obra cumbre ao vivo por televisión. ¡Miren con qué felicidad lustra y dibuja su donatello mantequeril! ¡Bravo por la artista y su triglicérida creación! ¡Hurra!