Hace tiempo que conozco “Tienda de Galletitas”, un emprendimiento de galletitas gourmet y customizadas que es un pecado de lindo y de rico, pero justo esta semana encargué una caja para una amiga que acaba de tener un bebé y me acordé de recomendarselas a ustedes. Todavía no son muy conocidas, es verdad, pero yo anticipo que serán furor en breve. ¿Por qué? Bueno, son deliciosas, suavecitas como un mimo, y se deshacen en la boca. Además vienen en unas latas y cajas hechas a mano que yo nunca vi en Argentina. Y por último, tienen un nivel de detalle que parecen hechas por un pintor, no las van a querer comer.

Normalmente hacen este tipo de cajas, especiales para cada ocasión. Por ejemplo estas son para regalar cuando nace un bebé, para ofrecerle al aluvión de visitas que viene a romper los huevos después del parto.

Otras para invitar amigas a tomar el té.


Para regalarle a una nena en plena etapa de coquetería y fascinación por las princesas (¿No son, acaso, todas?), o para un jugador de rugby empedernido, una nena fascinada con Cenicienta (¡miles de carrozas divinas!), con motivos navideños, de pascuas, de lo que sea. Miren las fotos de su grupo en Facebook para tener una idea, hay de todo.

También, si sólo quieren comer algo MUY rico, pueden pedir una lata de las Petit que sacaron hace unos días, que vienen rellenas, en tres variedades increíbles: con tapitas de chocolate semi-amargo, rellenas de ganache de chocolate con un ligero sabor a menta. Con tapitas de lima, relleno curd de pulpa de maracuyá y chocolate blanco. Y con tapitas de limón y semillitas de amapola, relleno curd de limón y chocolate blanco.

Para que se den una idea, la caja de bautismo trae 18 galletitas (pueden elegir colores, motivos, lo que sea) y sale $60. Si quieren una caja decorada o una lata, hay que agregar un plus, depende de lo que pidan. También, si es para una atención o un detalle, vienen en bolsitas de dos o tres. Una sola sin son grandes (hay vestidos enteros de princesa con todo el detalle, por ejemplo).

A mí me parece el regalo más lindo del mundo. Mi sobrino, por ejemplo, no se olvida más. Cada vez que tomamos el té me dice “¿Te acordás, tía Caro, cuando comimos galletitas de auto?