El domingo fuimos a pasar un día al campo de Merirox, a quien deben conocer porque comenta acá y yo, como estoy un poco harta del delivery y de comer afuera, supliqué que todos llevaran algo casero. Yo lleve unos muffins integrales de frambuesas, otros amasaron pan dulce, hicieron chocotorta, pan de banana, y alguien llevó una torta de queso sencilla y deliciosa que me volvió loca. Para que se la imaginen, es como una Kasekuchen pero sin masa de abajo. Es decir, una mezcla de cheesecake con bizcochuelo, liviana y húmeda, con aroma a limón, ideal para la tarde y perfecta con un buen té.

Más tarde, googleando y preguntando, descubrí que además de rica era muy fácil de hacer, solo había que mezclar seis ingredientes y esperar:

500 gramos de queso blanco, del que quieran.

200 gramos de azúcar

100 gramos de manteca derretida (si quieren prueben con menos, con aceite no sé como quedará)

Yemas 5

Claras 5 (batidas a nieve)

2 cucharadas de harina leudante

Ralladura de 1 limón o esencia de vainilla, lo que les guste.

Hacerla es simple. Hay que batir la manteca con el azúcar, luego agregar las yemas, la ralladura de limón, la harina, el queso y por último las claras batidas a punto nieve con movimientos envolventes para no aplastarlas.
Luego le ponen spray vegetal a un molde (yo el que probé era de 24 cm) y lo ponen en horno medio hasta que arriba esté dorado. Alrededor de 40 minutos. Dejenla enfriar en el horno para que se hunda menos y listo. Comansela.

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