Hace un par de meses me invitaron a una de las cenas de Masters of Food and Wine que organiza el Hotel Park Hyatt todos los años. Y digo cenas, para abreviar un poco la ocasión, que en realidad es algo más complejo que una comida común. Digamos que estos eventos son una suerte de experiencias gastronómicas que se organizan en todos los hoteles Hyatt del mundo, con el chef ejecutivo como anfitrión,  para agasajar a los huéspedes del hotel o a cualquier comensal que quiera asistir y aprender algo más de la tradición u oferta culinaria de cada país.

Además de comida, estos encuentros suelen involucrar actividades vinculadas con el arte, el deporte o el buen vivir. En Italia los comensales van a buscar trufas al bosque con el chef, que luego cocina una cena con ellas y la sirve en el salón. En Mendoza, visitan bodegas, toman una clase sobre vinos y hacen sus propios maridajes junto al chef y sommelier del hotel. En Saigón preparan junto al chef el típico Bun Cha (un plato festivo de noodles con cerdo). Acá mismo se hace una exposición de la obra de algún orfebre famoso y luego se cena con piezas realizadas por él y se degustan los mejores vinos de alguna bodega en sus copas de plata.

En mi caso, la cena se llamó “De la granja a la mesa” y asistieron 5 productores estrella del Palacio Duhau a traer lo que aparentemente es la mejor materia prima que se produce en Argentina para que Máximo López May la cocinara para nosotros. El primer productor que vino fue La Suerte, con su maestro quesero, que ofreció una entrada de cuatro quesos excelentes. El primero fue un Lincoln delicioso, muy intenso, algo picante, ideal para comer solo. Los segundos fueron siete quesos Camembert en diferentes etapas de maduración para que pudieramos apreciar la evolución del queso y entender cuál era el punto justo para disfrutarlo.

En tercer lugar abrimos un Cheddar enorme, realizado con la típica receta inglesa, que fue mi preferido, y un queso azul nuevo, que todavía no estaba en el mercado, tan pero tan cremoso, que lo comimos con cuchara como si fuese un postre. El preferido de mi marido, que ensució cerca de quince cucharas sin ningún pudor. Acompañamos con vinos Luigi Bosca, y aunque la sommelier del hotel es maravillosa, yo no sé nada de vinos así que es muy  poco lo que recuerdo. ¡Perdón!

Luego pasamos al salón, en donde vino Agustín, un productor de micro greens que trajo muestras de brotes hidropónicos de berro, de cebolla blanca, de verdeo, de soja, de arvejas, de rabanito, para dar algunos ejemplos. Son un poquito más grandes que los brotes que comemos en el supermercado, y también más intensos. Máximo armó una ensalada viva con todos sos sabores, tomates cherry confit, unas minitostadas y semillas. Aunque les parezca demasiado calificar de exquisita una ensalada de verdes, les aseguro que el sabor era increíble. Al probar un pequeño brote de berro, por ejemplo, se sentía una explosión concentrada de berro en la boca.

Inmediatamente después vino el productor de cordero del Park Hyatt, Productos de la Patagonia, que trajo un cordero mamón alimentado únicamente con leche y pasturas tiernas que Máximo presentó en dos cocciones diferentes con un milhojas de papas.

Quisiera contarles más del proceso (es un cordero especial que crían para algunos clientes) pero se me pasó. Sólo recuerdo que al principio me dio mucha pena comer un animal tan pequeño y que pensé mucho en mi gata chiquita, pero que después era tan rico que preferí hacerme la tonta y olvidarme de dónde había salido tan pequeña costilla.

Después Máximo sirvió un ojo de bife con hueso Kobe con puré de papas y ajos. La carne la presentó su productor, Luis Barcos de Dry Aged Beef Argentina, de la provincia de Santa Fé. Explicaron cómo logran el típico marmoleado de grasa de esta carne, cómo alimentan y crían y por qué esta raza bovina (Wagyu se llama) deriva en un producto tan especial y costoso.

Yo ya había probado Kobe varias veces, pero nunca algo tan rico. Dicen que la cocción cerca del hueso es el secreto para duplicar el sabor, así que no tuvimos más remedio que comer todo y luego rasquetear el hueso en presencia de gente paqueta como Alicia de Arteaga y Roberto Devorik.

Cerramos la noche con una presentación completísima a cargo de Daniel Uría, de Compañía de Chocolates, que trajo productos de todos los estadíos del cacao para que probemos. Desde el fruto fresco, seco, estacionado, hasta los nibs tostados, el licor, la masa, hasta la manteca. Ahí, en la cocina, junto a Máximo hicieron un helado de licor de cacao (que no es un licor en serio, sino la masa de cacao puro) que era espectacular y súper intenso. Luego también comimos una fondue deliciosa con marshmallows caseros de violetas y de limón, frutas frescas, cantuccis, cascaras de naranja confitadas y otras delicias.

Estos eventos están abiertos a cualquier persona que quiera asistir acá o en cualquier parte del mundo.  Si están en el Hyatt de Tokyo, pueden entrar a revisar la web y ver qué evento hay en ese momento. Si están acá, no tienen que estar alojados en el hotel y pueden asistir como comensales. El precio oscila entre los $200 (que puede ser una feria con estos productos) hasta $1000, como en el caso de esta cena y pueden ir viendo lo que se viene en Facebook o en la web especial de estos eventos alrededor del mundo. Si pueden pagarlo, no se lo pierdan. Vale cada peso.

http://www.patagonia-productos.com.ar/
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