Ayer fui al centro con mi amigo Pablo a sacar unos pasajes que nos llevaron tres horas de trámites. Terminamos tarde, de malhumor y hambrientos, así que entramos en el primer lugar decente que vimos. El muy publicitado fast food saludable, Picnic (Florida 102). La fachada es muy linda pero adentro no es más que un bar parecido a Mc Donalds. Mesas de melamina, sillas de PVC, aderezos en pomo y bandejas de plástico para llevar tu pedido a la mesa.

Nosotros pedimos una hamburguesa de alubias con barbacoa, brotes (que no tenían) y pepinillos y una de soja con mayonesa de zanahoria y tomate. Las dos venían acompañadas por papas y elegimos un licuado de banana, arándanos y leche de soja y otro de frutilla, ananá, naranja y cerezas goji.  También hay ensaladas (que vienen envasadas en un plástico como en las estaciones de servicio), baguetines de tofu y algún plato con arroz yamaní y pasta. De postre demasiadas cosas con harina para un menú que ya tiene harina en casi todos los platos: budines, muffins y galletitas.  Pero bueno, eso es cuestión de gustos.

Las fotos las saqué con el celular, pero quería que las vieras porque las fotos que ellos ponen de sus productos no se parecen en nada a la realidad. Yo les voy a mostrar la verdad de lo que van a comer:

Las hamburguesas son pobres y sosas, tienen demasiado pan, les faltan ingredientes (vienen dos rodajas de pepinos y una de tomate). La milanesa de soja es seca y difícil de tragar. El pan es gordo y secote. Las papas están recalentadas y son blandas. Los licuados tienen poco sabor pero mejoran un poco al agregarles Stevia.

¿El precio? $55 por persona. Una mala opción que lejos de acercar a la gente a la comida vegana, la espanta. Mi amigo al irse me dijo, furioso: “No me vuelvas a hacer comer estas cosas nunca más”. Una pena.

Etiquetas