Hoy finalmente fui a desayunar a Le Pain Quotidien, el primer local de la cadena belga que tanto me gustó en Nueva York y que ahora, por suerte, llegó a Palermo. La decoración, la exhibición y el look son absolutamente perfectos en Argentina también. El local es limpio y simple pero cálido. Hay muebles antiguos con iluminación ultra moderna, mesas comunales y puertas y ventanas recicladas que contrastan con vajilla minimalista pero chic. El servicio, además, bastante mejor que el de Estados Unidos. No hace falta llamar veinte veces a los mozos, ni repetirles el pedido, ni hacer malabares para que te vean. Por ahora, hay mozos para tirar al techo.

Mi amigo Sebastian tomó cafe con un cinnamon roll, un café y una limonada, y yo un desayuno que incluía café con leche, jugo, un croissant (se puede elegir un pain au chocolat) y una canasta de panes con mermelada.

Los panes son geniales, sin levadura, con esa costra dura que deja el horno a leña. Son muy parecidos a los de L´Epi, pero la verdad es que hay más variedad y que la forma de las piezas a mí me gusta más. Me traje a casa un par y los corté y los tosté divinamente.


También es importante destacar que sirven ese pan bendito con ingredientes de buena calidad.  Las mermeladas son geniales (yo tenía de moras, de kiwi y dulce de leche aunque también había nutella y dulce de frambuesa), y hay sal marina recién molida, buena pimienta, aceite de oliva de primera calidad en todas las mesas.


Para quienes estén acostumbrados al pan, tortas, facturas de acá van a encontrar muy extraño el estilo más “europeo” del pan y las facturas.  El croissant es bien francés y no tiene nada que ver con nuestras medialunas almibaradas y mantecosas y el rollo de canela no es ni un pariente cercano del cinnamon roll norteamericano bien húmedo, lleno de frosting y kilos de especias. Es más francés, a pesar de su nombre tan americano. Yo, por ejemplo, prefiero los panes de este estilo pero encontré que el cinnamon roll era flojísimo.  La cookie de chocolate tampoco me gustó: muy pero muy grasosa. El muffin de dulce de leche sí, suave y rico. El croissant, qué se yo, creo que prefiero las medialunas de almendras de L´epi. Me gustan más dulces y húmedas.


Lo mejor de todo me pareció la panadería, que tiene mucho surtido de panes de buena calidad. Harina orgánica certificada, horno a leña, masamadre sin levadura como el pan casero de campo. Todos son una delicia crocante pero yo les recomiendo el de semillas y el de semillas con pasas de uva para desayunar. En la canasta del local vienen sin tostar y me parece que se desaprovecha un poco el potencial del pan, que a diferencia del lactal, queda bien bien crocante a pesar de estar untado. Pero es cuestión de gustos, obviamente.


Por lo demás, todo me pareció delicioso y desde ahora, pienso comprar todo mi pan ahí. Treinta pesos por cada hogaza versus los veintiocho que sale un buen pan lactal en el supermercado vencen la pereza de caminar las treinta cuadras que me distancian de esta maravilla. Además, me pareció que el precio era genial: $44 mi desayuno (que es interminable), $4 que la porquería que me sirvió Decata unos días atrás. Asi que volveré y seré muffins, seré almuerzos y seré estos sandwiches que están al lado de la caja y amenazaron mis pensamientos durante el resto de la tarde.

Etiquetas