31.05.2016

10 Cabernet Sauvignon para paladares negros

En la Argentina tenemos nuestra liga con el Malbec y sus variantes de terroir, pero el gran Cabernet nacional pide pista año tras año. Estos son algunos de los que se perfilan como posibles candidatos para participar a nivel internacional.


De Cabernet eran los tintos que desbancaron a los franceses en el famoso juicio de París en 1971 y de Cabernet son algunos de los vinos de mayor precio a nivel global. Es así: en las grandes ligas del vino, donde campean regiones como Burdeos o California, la competencia se establece en Cabernet Sauvignon. Pero en ese alto estándar, la Argentina es un país ausente… todavía.

Y ese “todavía” corre especialmente para algunas bodegas que, por capricho o por convicción de calidad, planean sentarse a la mesa de los grandes algún día. Así nació, dicho sea de paso, la revolución del vino en nuestro país: con la visión de Nicolás Catena para elaborar un producto de estándar internacional para el mercado norteamericano. La mención de este proyecto no es caprichosa. Todavía opera hoy en la pirámide de Agrelo como una de las máximas aspiraciones y, más importante aún, buena parte de las personas que estuvieron involucradas a fines de los ochenta en ese plan se mantienen activas al día de hoy.

Pero el Cabernet es una variedad difícil de cultivar en su punto justo y hacerlo, claro, reclama años. La medida es concreta para el vino. Y en el caso del proyecto Cabernet Sauvignon, que nació a fines de los ochenta como un primer vino de estándar internacional, más aún, porque en el medio sucedió algo inédito: el Malbec resultó mejor negocio, con vinos más amables y fáciles de hacer. Y desvió la atención. ¿Pero por qué es tan especial el Cabernet?

ABC CABERNET
La variedad nació de un cruzamiento entre Cabernet Franc y Sauvignon Blanc allá por el siglo XVII y en algún lugar de Burdeos. Pronto los productores se percataron de algo: si bien la uva era difícil de cultivar para alcanzar el alfa y el omega de los vinos, cuando lo conseguían, ningún otro vino le llegaba a los tobillos. ¿La razón? El Cabernet ofrece un punto ideal de equilibrio. Es una uva de grano chico, por lo que los vinos resultantes son ricos en aromas frutales y herbales, además de tener abundantes taninos. Pero es en la evolución donde el Cabernet es el rey de los tintos: como ningún otro, tiene una enorme capacidad de envejecer bien, y de convertir sus bríos jóvenes en suave seda con el paso de los año.

Fue precisamente eso lo que observaron los bordeleses año a año. Y entre ellos, los Cabernet Sauvignon de algunas zonas más que otras. En Saint Julien, Poulliac, Margaux o Saint Estèphe, el tipo de suelo de gravas y arcillas, bien drenado, y el fresco del clima, generaron vinos que hoy son leyenda. Hoy esa parcelación, esa búsqueda del lugar ideal, es el principal motor a la hora de reinventar el Cabernet Sauvignon argentino.

LOS TERROIRS, LOS VINOS
Según los enólogos locales, algunas regiones del país están en sintonía fina para producir un Cabernet Sauvignon fuera de serie: ciertos puntos de los Valles Calchaquíes, Cruz de Piedra en Maipú, Agrelo y Perdriel en Luján de Cuyo, y el Alto Valle de Uco, entre Altamira y Gualtallary. ¿Por qué esos lugares? Según los estudios de suelo ofrecen la capacidad justa de retención de líquido –son en diverso grado areno-arcillosos–, mientras que los registros térmicos son entre cálidos y frescos. Por eso, los que compiten por el podio en la variedad, afinan la puntería sobre estas regiones y, en particular, sobre viñedos viejos.
Lo que sigue es una cuidada selección de vinos de estos orígenes que, cada uno en su estilo, propone un up grade a la variedad y la cuota justa de distinción que elogiará un bebedor de paladar negro.

Zuccardi Los Membrillos (2012, $1190). Familia Zuccardi viene trabajando firme en el Valle de Uco. Su meta es elaborar vinos segmentando tipos de suelo. Los Membrillos es una de las fincas en las trabajan en la zona de Altamira, de donde proviene este Cabernet. Tinto potente y jugoso, se destaca en aromas por un trazo frutal y balsámico, mentolado y de hinojo. Es un vino que evoca los paisajes duros del valle en su potencia y desnudez.

DV Catena Vineyard Designated La Pirámide (2010, $771). Cuando Nicolás Catena largó con el proyecto de hacer el mejor Cabernet de la Argentina, plantó el viñedo de La Pirámide, en el corazón Agrelo, de la mano del ingeniero Pedro Marchevsky. Con el tiempo, de ese viñedo se seleccionó una parcela que es la que da origen a este tremendo ejemplar: frutado con trazos mentolados y especiados, al paladar ofrece un balance delicado, con taninos bien rodados que llenan la boca y suman persistencia al sabor.

Bramare Marchiori Vineyard (2013, $710). En Viña Cobos, los enólogos propietarios Andrea Marchori, Paul Hobbs y Luis Barraud, trabajan de cerca los Cabernet que elaboran. De ahí sale un proyecto de apelaciones para la variedad, en el que destaca éste, con uvas del Viñedo de Marchori en Perdriel, Luján de Cuyo. Intenso y expresivo, con fruta negra y roja, tiene un trazo lejanamente mentolado; y ofrece al paladar apretado y jugoso taninos elegantes. Lleno de sabor.

Pr1mus (2012, $660). Elaborado con uvas de la finca El Oasis, en el Alto Valle de Uco, fue presentado lanzado al mercado en 2015 como una de las grandes novedades del año. Y una de las razones para que Salentein se lanzara a un gran Cabernet es la presencia, desde 2010, del enólogo José Galante. Con buena mano para el detalle fino, Galante elabora este primer ejemplar de alta gama de la bodega, de aromas frutales y balsámicos, que recuerdan al alcanfor, y una boca de frescura delicada, con textura de tiza. Tinto logrado.



Pulenta Estate (2012, $320). Conocida históricamente como Finca El Chiche y hoy llamada La Zulema, en Alto Agrelo, el origen de este vino fue largamente probado por la familia Pulenta. Por eso, desde el nacimiento de Pulenta Estate lo elaboran del mismo cuartel de suelo profundo y arcilloso. Aromáticamente, es frutado y con un ligero trazo de pimiento o aguaribay; a la boca se ofrece amplio, con taninos muy finos y rodados, intenso en sabor.

Susana Balbo Signature (2011, $283). A diferencia de los otros Cabernet de la lista, este está elaborado combinando varios orígenes: Agrelo, Altamira y Gualtallary. De ahí que combine un poco lo mejor de cada uno, algo en lo que Susana Balbo es una excelente enóloga. Intenso, aromáticamente recuerda la nuez moscada, roble nuevo, frutas rojas y detalles especiados. En boca es amplio y carnoso, con acidez bien lograda y una rica textura de tiza. Muy completo.

SonVida (2012, $355). Un desconocido en la góndola de los grandes tintos, este ejemplar de la bodega homónima está hecho con uvas de Altamira, en el Valle de Uco. Eso explica tres cosas: la intensidad de sus aromas frutales y herbales –recuerda al tomillo-, la frescura de su boca y cierta textura de trazo fino que recuerda a la tiza. Sin historial de guarda, conviene sacarle provecho joven.

Domingo Molina (2012, $270). Elaborado en Cafayate por la bodega Domingo Hermanos, este ejemplar ofrece el ABC de lo que resulta un Cabernet en las alturas del valle Calchaquí: de un rojo intenso con trazo de teja, destaca la nota de morrón asado y especiada, antesala de una boca potente en sabor, frescura moderada y taninos vivos pero pulidos. El trazo de origen está en la intensidad de sabor y el exotismo de sus aromas.

La Mascota (2012, $198). Rodolfo “Opi” Sadler es un enólogo con 30 años en el ruedo. Elaboró para Bodega Santa Ana sus vinos y, en La Mascota, emplea las uvas de la mejor finca de aquella bodega legendaria, en Cruz de Piedra, Maipú. Estos son sus vinos de autor, cuyo Cabernet es apasionante: intensidad frutal y especiada, con un evidente trazo de morrón asado, al paladar es amplio y brioso, con taninos finos y un largo recuerdo en boca. 

FUERA DE LIGA
Maestro en la elaboración de clásicos, el enólogo Carmelo Patti está fuera de toda competencia a la hora de la contienda internacional. Pero no existe un ranking de Cabernet que se precie sin sus apaciguados y bien criados ejemplares. Trabaja con uvas de Maipú y Luján de Cuyo, las que cosecha y elabora en el sentido profesional más estricto. Probá su Carmelo Patti 2006 y tendrás un tinto ligero de color, con aromas de cassis y menta, que al paladar ofrece cuerpo medio y textura de seda. De ahí los 10 años que el vino ya tiene cuando lo saca a la venta. Cuesta 210 pesos.
 
Por Joaquín Hildago
Fotos: Santiago Ciuffo 

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