09.05.2010

10 cosas que las vendedoras de ropa odian de los clientes

Vos no soportás a las que te atienden, pero del otro lado del mostrador también se quejan. Aquí, los pecados capitales de las compradoras.


Vos no soportas muchas actitudes de las vendedores de ropa, pero sabelo: ellas también tienen motivos para quejarse. Esta vez nos ponemos del otro lado del mostrador y le damos voz a las miles de vendedoras y a sus reproches más frecuentes.

¿Qué tipo de compradora sos? Leé con atención y enterate.

1. La mudita
Nunca un ‘buen día’, un ‘gracias’ y menos que menos un ‘por favor’... nada de nada. Tan silenciosa es que ni te enterás que entró al local. Entra calladita, manosea todo y (con suerte) se va. Ponele onda, un saludo no cuesta nada y no te vamos a cobrar. Si nos tratás con un poco de educación te aseguro que vamos a arrancar con el pie derecho y toda la experiencia va a ser mucho mejor.

2. La mirona
Con mirada lasciva ellos, envidia encubierta ellas, no saben qué talle quieren y te escanean de arriba abajo tratando de adivinar si das el tamaño de la prima, novia o amiga de turno a la que le están comprando un regalo. Enterate, a nadie le gusta que le radiografíen los rollos que tiene, ni que le estén observando sus -pocas o muchas- lolas. Y menos si se trata de un completo desconocido. Si no sabés el talle, con decir ‘menuda’, ‘flaquita’, ‘con espalda ancha’ y hasta ‘un poco gordita’ nos podemos entender igual.

3. La que quiere cambiar todo
 El cambiador compulsivo que dice ‘No se qué pasó, vino así’. La frase, legendaria, llega acompañada de una cara de ‘yo no fui’ digna de un Oscar. Una bolsita maltrecha en mano, una prenda con pinta de La usé-La hice pelota-Y ya no me gusta y una actitud prepotente que –obvio-, está de más.
No te hagas problema, ¡te creemos! Sabemos que el centrifugado no es cosa de principiantes, que la lavandina arruina las cosas con facilidad y que esos hilitos que cuelgan hacen que el tejido se corra con facilidad. Pongamos voluntad de los dos lados y veamos qué se puede hacer, pero no me tomes por pavota.

4. La que no compra nada
Pocas cosas nos molestan más que ir y volver quinientas veces por todo el local, sacar todo de los percheros y traerte hasta lo más remoto. ¿Qué justo querés probarte la remera que está en vidriera? Ya mismo my lady. Eso sí, más vale que no cambies de idea, te compres todo y no amagues siquiera con dejarme todo tirado en el piso del probador.  

5. La fugitiva
Más que dar vueltas y traerte todo lo que se te antoja, nos molesta soberanamente tener que ir al depósito (traducción: ese lugar donde hay que escalar escaleras imposibles, se te caen todas las cajas en la cabeza, tenés que hacer malabares para no ensuciarte el uniforme) en busca del ítem que nos habías pedido sólo para volver al local y ver que ya no estás. Si no lo querías tanto o era más de lo que pensabas pagar, ¿era necesario tanto trajín?

6. La compradora compulsiva
Que le factures ‘$20 de esta tarjeta’, ‘otros $30 en la otra’, que ‘¡en aquella no!, que me está por cerrar y además tiene muchas cuotas’. Y a eso encima le agregás papelitos de colores, promociones, cupones y descuentos varios... Es una simple compra, no un papelerío a lo Wall Street. Tengo dos manos, hacé uso de tu paciencia y no me vuelvas loca.

7. La regateadora
‘Qué, ¿no hay un descuento?’ Es el eterno ventajero. Baja de un auto último modelo, comenta a diestra y siniestra las gangas que se estuvo comprando y, a la hora de pagar, espera que -por portación de cara- encontremos una manera de que simplemente... ¡lo hagamos pagar menos! Una cosa es aprovechar promociones (para eso están los carteles y los avisos en los diarios), otra muy distinta es apoyarse de lleno en el mostrador y empezar a regatearnos como en un mercado persa. ‘No’ es ‘no’.

8. La desubicada
Suele caer en grupo y, parada a pocos metros, se pone a conversar en voz bien alta de una: ‘No tiene ganas de vender’, ‘dejala, se nota que no le da’ y la clásica: ‘¿sólo una sola para todo el local?’. Madurá. ¿Qué pensás?, ¿que somos sordas?, ¿entes sin derecho a réplica? No cariño, ‘Ciega sordomuda’ ¡Serás vos! Y encima esperás que sonriamos y nos hagamos las tontas... My Gosh. Acomodate tranquila, que si no cambias de actitud pronto serás la última que atenderemos.

9. La que llega en buscar de apoyo moral
Mujer sin amigas ella, cae al local en busca de un poco de autoestima. Es de esas compradoras de días hábiles que pide desesperadamente atención (y aprobación). Con toda nuestra mejor voluntad podemos ayudarte a elegir algo que te quede bien, te levante la cola y que te ayude a esconder los rollitos. Pero todo tiene un límite,  o ¡¿en serio crees que sos talle 1?! ¡Vamos!...

10. La madre descuidada
Llega rodeada de una banda de diablitos que gritan y corren por el lugar. Mientras aprovechan y se toman sus dos minutos de descanso (escondidas tras la cortina del probador) nos convierten en niñeras en contra de nuestra voluntad, decidiendo ignorar  rabietas, discusiones y llantos. Impasibles, miran como sus chicos acechan todo con manos pegajosas. Y encima osan decirte: ‘¿No son divinos?’. No, no lo son. Somos gente civilizada y los chicos nos gustan mucho pero -por salud mental-, aprendé a controlar a tus criaturas por favor.


por Juana Gardner

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