06.08.2015

10 etiquetas para descubrir los nuevos vinos de San Juan

Los ejemplares provenientes del misterioso valle de Pedernal, sumados a los de Zonda y Calingasta, dan cuenta de una nueva viticultura en la provincia. Conocela a fondo.


Entre montañas y a unos 1300 metros sobre el nivel del mar, la viña cubre en mechones la extensa superficie del valle. Al ojo poco entrenado le parecerá algún rincón de Mendoza. Sin embargo, estos viñedos ocupan un remoto sector de la provincia de San Juan que hasta ahora era un secreto entre especialistas: el valle de Pedernal.

La postal podría ser un dato inútil para el consumidor, de no ser que, a partir del último año, puede conseguir varios vinos con esta indicación geográfica (IG). Es más, en los últimos meses salieron a la venta algunos ejemplares de una modernidad despeinada para la pacatería clásica sanjuanina: tintos como Pyros Barrel Selected Syrah, Fuego Blanco Malbec Cabernet Franc o el ya conocido Paz Malbec son algunos de los que hoy lideran la oferta de la provincia.

Pero la movida cordillerana podría ser algo aislado si no fuera por otros dos valles que están dando que hablar. Uno, Zonda, conocido por enólogos y agrónomos como una perla escondida en la precordillera, a 800 metros sobre el nivel del mar, que acaba de ser declarado como indicación geográfica. Esto es: ahora puede ser legalmente mencionado en las etiquetas, lo que le da prestigio. El otro valle, ignoto aún salvo para los montañeses, se llama Calingasta y se encuentra entre la precordillera y la cordillera frontal, a unos 1500 metros de altura, en un rincón de la provincia tan remoto como deslumbrante.

Entre los tres forman la avanzada de una nueva vitivinicultura en la provincia, porque hasta ahora San Juan carecía de zonas más frescas. Se sabe: la altura promueve la acidez en el vino. Y ahora la provincia dispone de un nuevo arsenal de viñas de altura. En conjunto suman unas 2000 hectáreas –en total hay unas 48.000 en San Juan– por lo que representa una porción menor pero con viñedos modernos y, sobre todo, terruños diferentes.

De colores profundos, aromáticas intensas y buena frescura, los vinos de estas regiones desempolvan los estilos de la provincia. Tanto, que incluso algunos vinos clásicos de la región, como Graffigna Grand Reserve Malbec, ahora se nutren de las uvas de altura. Pero así como nuevos terruños traen sabores diferentes, también las etiquetas cambiaron y un diseño más moderno refresca la góndola.

Si querés probar lo nuevo de San Juan, al mismo tiempo que algunos de los grandes clásicos de la zona, apuntale a alguno de los vinos que recomendamos a continuación. No fallan. Y le pondrán un brillo a tu copa desde la tierra del sol.



VALLE DE PEDERNAL
Ubicado a unos 90 kilómetros al sur de la capital y casi en el límite con Mendoza, fue plantado en la década de 1990 a partir de un diferimiento impositivo, cuyo principal negocio fue abastecer de uvas a las bodegas mendocinas. Hasta ese momento estaba incluso deshabitado. Al cabo de veinte años, acumula unas 400 hectáreas de uva de calidad en un puñado de fincas dispersas por sus laderas, cultivadas sobre suelos vírgenes en los que abunda una roca negra llamada pedernal. De esta región llegaron al mercado los vinos más nuevos en estética y propuesta gustativa.

Fuego Blanco Cabernet Franc-Malbec (2012, $250). La familia Millán, propietarios del viñedo más alto de Pedernal, tiene pasta para los buenos nombres. Si Mosquita Muerta ya era un hit, Fuego Blanco, en alusión al solazo de la región, es perfecto. Blend co-fermentado –las dos uvas fermentaron juntas– consigue la delgadez intensa del Franc con la suavidad sabrosa del Malbec. Perfecto para darse un gusto a tono con las tendencias. 

Graffigna Grand Reserve Malbec (2010, $198). Ejemplo perfecto de la renovación de la provincia, este ejemplar tope de gama en Bodega Graffigna es 100% Pedernal. Y se nota en su complexión: tinto de color profundo, con aromas frutales y balsámicos que recuerdan al campo, en boca es jugoso y de frescura elevada, de forma que la boca se renueva a cada sorbo. Un vino moderno con estética clásica. Para entender de qué va la cosa en los nuevos terruños, un número puesto.

Pyros Barrel Selected Syrah (2013, $130). El enólogo José Morales se despacha en esta línea elaborada con la última finca del valle, hacia el sur, justo donde el cauce de un río perfila una extensa terraza. Ahí arriba crecen las uvas para este ejemplar que no tiene nada que ver con lo que conocés como Syrah sanjuanino: entre frutal y vegetal, ofrece una boca jugosa y delgada, con textura de tiza. Muy en la onda actual.

Paz Malbec (2013, $120). Fue uno de los primeros ejemplares que llegaron al mercado con la IG Pedernal. Y ya desde su lanzamiento se perfilaba como un tinto novedoso de San Juan. La razón había que buscarla precisamente en el origen, que hacía de este ejemplar un tinto frutado y profundo, jugoso y con una intensidad desconocida en la región. Bebedores de paladar universal, en este Malbec –y en el Bonarda y Cabernet Sauvignon-Cabernet Franc que completan la línea– tendrán un buen ladero.

VALLE DEL ZONDA
Desde la capital provincial son 20 kilómetros hacia el oeste, cruzando la primera línea de cerros. Ahí, de norte a sur, se extiende un amplio valle que va desde unos 750 a unos 1000 metros sobre el nivel del mar. Fue reconocida como IG en abril de este año, a pesar de que tiene cultivos de vid desde hace mucho tiempo. En total, son unas 1500 hectáreas, repartidas en poco más de 100 viñedos. Uno de ellos es el que da origen a este vino:

Xumek Malbec (2013, $110). Uno de los pocos vinos que llegan al mercado como 100% Zonda, Xumek es elaborado por la firma Santa Syliva, con la enología de Daniel Ekkert, a partir de las uvas de una hermosa finca hacia la quebrada de Maradona. El Malbec es un tinto profundo en color y aromas frutales, con boca golosa y de textura amplia. Un típico ejemplar de sol, que supera a la media provincial por su buen color.

VALLE DE CALINGASTA
Emplazado bien adentro de la cordillera y ladeado por cerros como Mercedario (6770 metros), el Valle de Calingasta es famoso por el Parque Nacional Pampa del Leoncito, donde hay un observatorio y se corren las carreras de carro a vela. Es una de las primeras IG de la provincia, pero desde hace poco tiene al menos un vino que sale con ella en la etiqueta: 

Cara Sur Bonarda (2012, $170). El nombre alude a una pared congelada del Cerro Mercedario, en donde quedaron atrapados los hermanos Bugallo durante una tormenta en 2006. Sobrevivieron con lo justo y rehicieron sus vidas. Dedicados al vino, con la enología de Sebastián Zuccardi, se lanzaron a elaborar este Bonarda apretado y de frescura notable, con uva de Barreal, la localidad más austral y elevada del valle. También elaboran un tinto de uva Criolla que le encantará a los amantes del Pinot Noir.

BLENDS DE TERROIR
Si bien las hectáreas destinadas a los nuevos vinos son pocas, la opción por la que se inclinan algunas bodegas para hacer líneas comerciales de vinos es ir hacia los blends de terruños y así sacarles mejor provecho. 

Gran Syrah (2010, $303). Finca Las Moras fue una bodega pionera en trabajar uvas de altura en San Juan. De hecho, para este vino, que se elabora con el corte de varias regiones, Pedernal y Zonda fueron desde la década pasada un componente seguro. Y ahora que se puede probar el vino y partes por separado, en un pack especial, se aprecia el factor altura en el corte. Tinto balsámico y jugoso, de largo final fresco e intensidad sápida, sería impensable sin los nuevos valles.

Callia Blend de Terroir Malbec (2013, $55). Con un claro concepto de corte zonal, Bodega Callia lanzó a fines de 2014 este vino que lleva, precisamente, uvas de Zonda y Pedernal en partes iguales. Y el resultado es un varietal intenso, de aromas frutales y balsámicos, con paladar jugoso y buena frescura, de forma que llena la boca con sabor. Es un buen ejemplo de lo que se puede hacer combinando tipos de Malbec por origen.



DOS CLÁSICOS MODERNOS
Así como hay toda una movida de vinos y terruños nuevos, hay también vinos clásicos que en algún momento fueron la más absoluta modernidad o que la representan hoy sin haber cambiado de escenario. El primero caso es Augusto P (2011, $170), corte de Cabernet Sauvignon, Malbec y Syrah que definió un estilo con el cambio de siglo. Elaborado con uvas de 9 de julio, en la parte baja y cálida, tiene reflejos teja, aromas frutales y de mermeladas, con una boca suave y envolvente al tacto. El otro, también elaborado en la parte cálida de Ullúm, es Tracia Alados. Una línea de vinos cuyo novedoso blend de Malbec, Tannat y Petit Verdot (2012, $140) supone un tinto contemporáneo: el Verdot aporta frescura; el Tannat buena acidez y aromas frutales; y el Malbec el ADN de un vino goloso. Un combo frutado y jugoso, en el que la crianza en barrica resulta un aporte clave para el ensamblado.

Por Joaquín Hidalgo
Fotos: Santiago Ciuffo 


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