15.03.2016

10 lugares para comer los mejores platos caseros

La añoranza de los sabores de la niñez es un llamado a explorar para muchos creadores culinarios. Aquí, rescatamos algunas de las experiencias más exitosas de nostalgia gastronómica porteña.


No hay nada más reconfortante que una buena porción de sabores de infancia. Por suerte, hoy son muchos los cocineros que se ponen como meta lograr una experiencia gastronómica que nos lleve de regreso al pasado reconstruyendo el cálido abrazo de las recetas de familia. Aquí, rescatamos algunas de las opciones más exitosas en esta materia. 

Pastel de papa en PERÓN PERÓN
Un restaurante nombrado en honor al “Primer Trabajador” no podía darse el lujo de no descollar con milanesas impecables, polentas con carne o guisos de lentejas de porciones masivas y sabores de alta profundidad. Tampoco podía evitar homenajear a Juan Domingo Perón enlistando en la carta su plato favorito: el pastel de papa (140 pesos). El chef Gonzalo Alderete Pagés eligió poner en valor al osobuco, corte popular por excelencia, como relleno del pastel, junto con cebolla, morrón y vino blanco. El puré con nuez moscada, pimienta y manteca, más un gratín de queso sardo, completan un abrazo culinario tan reconfortante como la sonrisa de Evita.
Ángel Justiniano Carranza 2225, Palermo / T. 4777-6194 

Matambre tiernizado con papas en EL SALTEÑO
En Almagro, el Salteño es un nombre que se pronuncia siempre acompañado de amplios elogios dirigidos hacia la que es probablemente la mejor relación precio-calidad de la zona. Todos saben también que a este lugar no se viene a buscar una experiencia glamorosa sino que el estómago suelte la rienda y corra feliz y desbocado sobre un plato ocupado, preferentemente, por un corte de carne. Así, uno de los que descolla es el matambre tiernizado (120 pesos), punteado con salsa criolla y acompañado por papas fritas, las cuales se materializan tan desprolijas como exorbitantemente sabrosas.
Gascón 578, Almagro / T. 4864-8764

Fusilli al fierrito en DOÑA
“Comida tipo casa” promete el lema de este ristorantino ubicado donde el límite entre Almagro y Palermo se hace borroso. Y ya las fotografías familiares en la pared, las mesas de madera, y los platos de cerámica con fisionomías encantadoramente dispares traen brisa de comedor de tía solterona. Las pastas ejercen aquí un reino sólido y los fusilli al fierrito con estofado de albóndigas (95 pesos) muestran el por qué, con cocción al dente impecable y ese inconfundible dejo a fondo de olla que se desprende de un cazo con varios kilómetros recorridos. Otro punto a favor es la cuenta: dos platos con entrada y postre para compartir más bebidas sin alcohol marcan menos de 400 pesos.
Bulnes 802, Almagro / T. 4862-9278

Ravioles de cordero en PIERINO
Cada domingo al mediodía, el público que espera en la vereda de Pierino es tan concurrido y ajustado como el cambalache de objetos que se agolpa adentro y que incluye hasta un antiguo juego de sapo en perfecto estado. La fama de los ravioles de cordero tiene un magnetismo inoxidable, y la hinchada de las salsas se divide entre los que defienden la camiseta del estofado de carne y los que juegan para el equipo de la salsa Di Suppa, una creación de la casa compacta y aromática que une crema, rúcula, romero, hongos de pino y parmesano. Y está claro que, en este caso, el partido tiene un marcador ajustado que sólo puede definirse de la mano del precio: con estofado salen 170 pesos, mientras que con Di Suppa cuestan 130.
Lavalle 3499, Almagro / T. 4864-5715

Pizzanesa en LOS CHANCHITOS
No es bueno que el hombre coma solo. Es así que, aquí, la milanesa (280 pesos) es un asunto que se soluciona, como mínimo, de a dos. No sólo porque el lienzo de esta obra de arte es tamaño XL, sino porque sobre él se apila un cargamento de aditivos a elección y ninguno de ellos es apto para un comensal solitario. La misma lógica se repite para otro de los platos más alabados por el público fiel de Los Chanchitos: la Gran colita de la casa (300 pesos), con el corte cárnico cubierto de provoleta, morrones, tomate, panceta y berenjenas grilladas al uso nostro, las cuales funcionan como una especie de firma al pie del chef: se repiten como guarnición en varias creaciones de la casa.
Av. Ángel Gallardo 601, Caballito / T. 4856-6535

Costillas de cordero con puré en PULPERÍA QUILAPÁN
“Aquí vienen a comer tanto neoyorquinos que quieren carne kobe como la gente del conventillo de jubilados de acá a la vuelta o los barrenderos” cuenta Tatiana Michalski, quien junto a su pareja Gregoire Fabre lleva adelante esta mezcla de restaurante, cantina y club social. Y lo cierto es que las costillas de cordero (254 pesos) con puré (65 pesos) funcionan como retrato perfecto de ese cruce de públicos, estampadas con el sello dorado de la cocción con madera de quebracho, pero también salpicadas por toques gourmet, como el aceite a la trufa que acompaña la guarnición. Además, se suma un ángulo de apertura a precios más accesibles con la presencia de guisos (de mondongo o ají de gallina, por ejemplo) que ocupan el lugar de plato del día dentro de un menú que incluye entrada, bebida, postre y café a 200 pesos.
Defensa 1344, San Telmo / T. 4307-6288

Bife Máster en CLUB EROS
Sorrentinos del tamaño de una empanada pequeña, superclásicas berenjenas al escabeche como entrada y genuina estampa barrial se anotan en las tarjetas como puntos a favor para este club, que ablanda corazones a base de precios que parecen no haberse enterado de la inflación y comidas a puro músculo. El bife Máster sirve como muestra perfecta de la ética del Eros: por 135 pesos incluye una generosa porción vacuna, además de papas fritas, dos huevos fritos y la reaparición de las ya mencionadas berenjenas. Después de semejante cimbronazo, un buen paseo al sol de Palermo no viene mal para reacomodar papilas y neuronas.
Uriarte 1609, Palermo / T. 4832-1313

Puchero mixto en EL GLOBO
El peso de las puertas vaivén del bodegón bautizado en honor a los aerostáticos del gran aviador Jorge Newbery es también el peso de los casi 100 años de historia que han corrido por ese salón con pies rápidos y felices. Felices, claro, porque El Globo vive con responsabilidad la medalla de honor que significa servir el que, para muchos, es el mejor puchero mixto (550 pesos) de Buenos Aires. Es celestial la visión del mozo acercándose a la mesa con una ración de costillas, chorizo colorado, panceta y morcilla, y una fuente de verduras gracias a las cuales comerán, con comodidad y sin queja, cuatro personas. Vale remarcar que, en caso de elegirlo, la casa recomienda no pedir entrada para dejarle al puchero el lugar que se merece.
Hipólito Yrigoyen 1199, Monserrat / T. 4381-3926

Pavita en escabeche y tortilla española en EL FEDERAL
Con una carta nutrida de manera casi bíblica, la tentación de pedir más de un plato está a centímetros. No es delito, entonces, sucumbir y encargarle al mozo un casamiento ad hoc entre la pavita en escabeche (70 pesos al plato) y la tortilla de papas (80 pesos). La primera no sólo presenta una factura equilibradísima, sin que el sabor se desdibuje por entrar muy de lleno en el vinagre, sino que también es versátil y puede tanto comerse sola como maridarse con la panera o, justamente, con la tortilla. La cual, por supuesto, encierra cebolla y chorizo colorado en su español y jugoso corazón.
Carlos Calvo 600, San Telmo / T. 4361-7328 

Panzottis de centolla en MAMMA SILVIA 
Si bien la bisabuela Silvia pasó a la eternidad hace años, los Dasso, su familia, se encargan de que no se olviden las delicias de las que era artífice. Las directrices culinarias españolas e italianas chocan y se superponen en la cocina, al igual que los souvenires que los habitués traen de diferentes partes del mundo pelean por espacio en las paredes. Los mariscos son prioridad en varias de las recetas, encontrando su mejor utilización en los panzottis de centolla, que salen 250 pesos en porción para compartir. De sabores fuertes que, sin embargo, no se estorban entre sí, se arman con masa al nero di seppia y un relleno que suma al fruto de mar parmesano y ricotta en una mixtura para saborear y disfrutar lentamente. La salsa, por su parte, no es amiga de la moderación y se convierte casi en un guiso de camarones, langostinos, mejillones y pulpo.
Av. La Plata 1988, Boedo. / T. 4923 2400

Por Natalia Torres


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