05.08.2013

4 cosas que todos los fanáticos del queso tienen que saber

Si te gusta el queso con locura estos consejos sencillos y prácticos serán tu nueva biblia a la hora de preparar una tabla. Llevalos a mano cuando vayas de compras.


¿El queso se conserva mejor en papel aluminio? ¿Puedo ponerlos todos juntos en un tupper? ¿Es mejor dejarlos reposar fuera de la heladera antes de comerlos? Los quesos duros ¿conviene conservarlos fuera de la heladera? Estas y otras preguntas son las que nos hacemos los amantes de los quesos. Y en este punteo de consejos, están las respuesta a estos y otros interrogantes del mundo quesero.

La temperatura ideal. Como todos los alimentos, con los quesos hay una temperatura en la que se disfrutan más. El asunto es sencillo: como el queso está compuesto básicamente grasas y sustancias aromáticas, para que se funda en la boca y libere todo su sabor hay que servirlos cerca de la temperatura corporal. Pero tener quesos a 36 grados hace que se fundan antes. Entonces, el plan es llevarlos a unos 20 a 25ºC, temperatura que se consigue con dejarlos reposar fuera de la heladera un rato antes de servirlo. Eso, para los quesos duros y semiduros, como gruyere, trebolggiano, sardo y emmenthal. Para los blandos y cremosos es mejor servirlos un poco más fríos, hacia los 15ºC, porque sino se ponen chirlos.

Cómo conservarlos. Cada queso tiene su metié, esa es la verdad. Pero en términos generales, como el queso es un producto que se deshidrata y absorbe a su vez aromas del medio, la forma perfecta de conservarlo es en papel parafinado: así el queso respira, mientras que la parafina evita que se desgrase y manche. También el papel aluminio colabora y es más sencillo de tener en casa porque es multipropósito. El plásitico tipo film, en cambio, como sella herméticamente, no es bueno porque facilita que se desarrollen hongos.

El corte perfecto. Hay quesos que, por la forma en que vienen presentados, uno le encuentra el corte perfecto en un instante. Pero hay otros, en los que la cosa es más compleja. Son los cilíndricos o en forma de bocha. Para estos, el truco es cortarlos de forma tal que un lado quede plano; por ejemplo, primero a la mitad y luego, en cuartos. Así se logra tener al menos dos lados planos y de ahí en adelante es fácil armar láminas, lonchas o cuñas.

Decorar la tabla con frutos secos es una manera de jerarquizarla. Nueces, almendras y castañas de cajú, junto con higos, ciruelas y damascos pasas son complementos perfectos para darle lustre a una buena tabla.

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