21.08.2015

5 curas para la resaca, de la mano de expertos bebedores

Escribir y beber iban de la mano para los grandes escritores del siglo XX. A continuación, algunos insólitos consejos de Hemingway, Fitzgerald, Faulkner y Burgess para recuperarse de una noche de juerga.


Ingerir alcohol en grandes cantidades lleva inevitablemente a sufrir deshidratación, dolor de cabeza y estómago, y otras complicaciones físicas. Por eso le aconsejamos al lector tomar con estos consejos como lo que son: consejos de escritores que vivían para escribir y... tomar. El cuidado del cuerpo, para ellos, era una necesidad para poder entregarse nuevamente a las delicias de Baco.

Ernest Hemingway
El autor de Por quién doblan las campanas, es uno de los bebedores más épicos de la literatura. Asiduo frecuentador de bares, devenidos célebres en por merito suyo, en El Floridita de La Habana aun recuerdan a este aficionado del mojito y de los daiquiris con una estatua en la barra del bar. Como todo bebedor que se respete, Papa Hemingway tenía su personal e infalible remedio contra la resaca: un cóctel llamado “Muerte en la tarde” (que toma su nombre de su libro homónimo de 1932). Así se prepara el trago: “Vierte un dedo de absenta en un vaso de champán. Añade champán helado hasta que adquiera la adecuada opalescencia lechosa. Bebe entre tres y cinco de estos lentamente”.



William Burroughs
Se dice que Burroughs una vez le curó la resaca a Timothy Leary, el gurú del LSD, con un tratamiento de metadona. Porque tiene todo el sentido del mundo utilizar un analgésico para la cruda: después de todo, el dolor es considerable. Sin embargo, la metadona podría traer problemas propios aún peores que los del alcohol…

Zelda Fitzgerald
La esposa del célebre Francis Scott era una talentosa escritora, pero la mayoría la recuerda más como la vivaracha y encantadora flapper que aparece en Midnight in Paris de Woody Allen. El vodka y la limonada eran un accesorio más del atuendo de Zelda, que, alrededor de las 11, luego de pasarse la mañana leyendo o escribiendo y después de ir al estudio de ballet, empezaba su rutina de fiesta. A la mañana siguiente, la cura para la (segura) resaca consistía en un par de vueltas a la alberca.



William Faulkner 
El autor de La paga de los soldados escribió alguna vez “La civilización comienza con la destilación”. Una frase así no podía que salir de la pluma de un gran bebedor. Aficionado al whiskey de centeno. Aún así, lograba hacerse un tiempo para producir sinfín de relatos y novelas. Justamente escribir, era su cura bálsamo. La cura contra la resacar era: trabajar. En una lectura de 1957, Faulkner explicó: “Pienso que cualquiera –el pintor, el músico, el escritor– trabaja en –en una especie de furia loca. Lo impulsa el demonio. Puede levantarse sintiéndose podrido, con resaca, o con –con dolor verdadero, y –y si se pone a trabajar, lo primero que sabe es que no recuerda el dolor, la resaca –está muy ocupado”.

Anthony Burgess
El autor de Naranja mecánica encaraba sus resacas con un cóctel no apto para principiantes. Para evitar los efectos de la borrachera, Burgess preparaba un trago, que bautizó “Sangre del colgado”, que para un común mortal resultaría explosivo, pero que a él le resultaba inocuo. Así lo preparaba: “En un vaso de cerveza se vierten dobles medidas de lo siguiente: gin, whisky, ron, oporto y brandy. Una pequeña botella de cerveza stout se añade y se corona con un poco de champagne… Su sabor es suave, induce una elación casi metafísica, y rara vez produce resaca”.

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