23.08.2016

5 motivos para redescubrir Casa Cruz

El restaurante de Aldo Grazini es un espacio sofisticado en el que se pueden probar platos clásicos en versiones modernas, además de buenos cocktails y una interesante variedad de vinos.


Creado a mediados de la década pasada, Casa Cruz fue un exponente de la alta gastronomía en la ciudad hasta que en 2013 cambió de manos para reformularse. Dejando de lado las ambiciones de mostrarse como un reducto glamoroso e inalcanzable, hoy el restaurante de Palermo se posiciona como un  lugar donde se comen buenos platos tradicionales con una vuelta de tuerca original, aunque sin resignar esa aura de sofisticación que lo hace diferente. La sensación es la de estar accediendo a un lujo, sin por eso tener que ponerse zapatos, aparentar paquetería, ni pagar precios desproporcionados.

A cargo de ese cambio de chip estuvo (y está) Aldo Graziani, que había trabajado como sommelier del lugar en sus primeras épocas y ahora se reencuentra con él como emprendedor gastronómico: también es propietario del exitoso Aldo’s, el restaurante/vinoteca de San Telmo, que abrirá una sucursal en Palermo Hollywood en los próximos meses.

Pero volvamos a la calle Uriarte 1658. Encontremos ese enorme pórtico de casi tres metros de alto que supo ser dorado y palaciego y ahora es transparente. ¿Qué pasa cuando lo abrís? Estos son los cinco motivos para redescubrir Casa Cruz.

EL AMBIENTE
La voz de Sarah Vaughn envuelve el salón. No es una música de fondo que retumba en un rincón, sino un sonido que circunda el salón desde su alfombra ocre pasando por sus paredes de madera lustrada hasta llegar a sus techos. Sentís que el jazz te atraviesa ni bien entrás y observás esa extensa bóveda con una acústica impecable, iluminación indirecta (ni muy fuerte ni muy tenue) y una veintena de mesas con una razonable distancia entre ellas. Pero no te apures porque antes de pasar a las mesas, está la barra.

LA BARRA
La barra de Casa Cruz tiene forma ovalada, con un rack superior que sostiene las botellas. Augusto Ortlieb está a cargo de la coctelera despachando tragos clásicos y de autor: 15 opciones, algunas de ellas creadas por los bartenders que pasaron por allí en la década de vida que lleva el restaurante. Para el aperitivo, no falta el Cruz 2.0, a base de vodka, schnaps de manzana verde, maracuyá y almíbar de jengibre, o el Cruz 4.0 (Gin Príncipe de los Apóstoles, Aperol, almíbar de eucalipto y jugo de pomelo rosado). De la sección “a toda hora” sobresale el Blanc & Sour, con gin, Sauvignon Blanc, limón, almíbar y pepino. Pedir un cocktail y beberlo en alguna de las mesas bajas de la entrada ya es un plan en sí mismo.

 

LOS PLATOS
La cocina es el principal atractivo de Casa Cruz. Está al mando de Marco Bigotti, un viejo conocido de la casa, ya que estuvo en la primera etapa del restaurante, cuando Graziani era el sommelier. En este reencuentro Bigotti armó una carta de platos basada en recetas tradicionales porteñas a los que le suma pequeñas variantes e ingredientes modernos como las croquetas de kale, que en cierta forma reemplazan lo que en un bodegón serían buñuelos de acelga. Empanadas de lomo, tortilla de papas y papas a caballo (con el muy de moda huevo a 63º) completan la sección “para picar”, junto con un apartado dedicado especialmente a la provoleta: hay cuatro versiones entre las que se destaca la Zoilo, con miel, tomillo y nueces. Los cambios de ingredientes que hace Bigotti son sutiles y no modifican la esencia de los platos: los potencian. El puré de papas trufado es un ejemplo. Sale como guarnición y también acompañando al lomo al champignon que en rigor tiene más presencia de hongos de pino. Tal vez la reversión más curiosa sea la del Matrimonio. La dupla chori-morci, que puebla nuestras parrillas, acá sale con morcilla, papa, salchicha parrillera, rúcula, manzana verde e hinojo. Otro infalible entre los principales es el cordero que se sirve desmechado luego de largas horas de cocción. Viene con panceta, espinacas frescas y puré de papas. 

 

LOS VINOS
Como es de suponer, los vinos ocupan un lugar preponderante en Casa Cruz. Y no solo por la imponente cava que funciona como una pared, ocupando el fondo del salón a lo largo y a lo ancho. La carta tiene variedad de estilos y bodegas. De cada etiqueta se detalla región, enólogo y notas de cata. Y si bien todas las grandes bodegas tienen su lugar, la carta tienta con “vinos de autor”, desde Ricardo Santos a Sehanovich, Vigil y Riccitelli. Buena oportunidad para probarlos. De todas formas, ante la duda, el sommelier Camilo Arévalo recorre las mesas y asesora.

LOS PRECIOS
¿Cuánto debería salir una cena en un restaurante de alta gama, bien atendido y con ricos vinos y tragos? Difícil estimar un numero en el contexto actual, pero lo cierto es que Casa Cruz ofrece varias opciones para hacer que la salida rinda muy bien. No solo por los precios a la carta, sino también porque ofrece descuentos con las principales tarjetas y grupos de afinidad: desde los bancos más conocidos hasta Restorando, Club Nación y Clarín 365. Pensando en precios de mayo de 2016, una cena con entrada, plato, postre y vino puede rondar los $500. Un número más que razonable para comer muy bien en un lugar único en la ciudad.

Por Claudio Weissfeld  


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