24.08.2010

Alfajores Capitán del Espacio: ¿otra gran mentira argentina?

Mal que les pese a sus radicalizados fanáticos, aquí un especialista se atreve a disentir: "Es un alfajor del montón que no tiene nada de especial".


El Capitán del Espacio. Tras este nombre sencillo, disonante y casi ridículo se esconde una curiosa historia de anti marketing, mito y fanatismo pocas veces visto hacia algo tan sencillo y mundano como un alfajor. En los últimos años, esta historia capturó la atención de todos los amantes de las golosinas en general y de los alfajores en particular. Internet, el lugar más propicio para que se propaguen mitos y leyendas, colaboró en gran parte a cimentar con fuerza el misticismo alrededor del Capitán y sirvió para que muchas personas que no tenían ni idea de su existencia se encargaran de buscar lo que para muchos es el Santo Grial de los Alfajores.

DE QUE HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DEL CAPITAN
Para los que aún no lo saben, los alfajores Capitán del Espacio (en adelante CDE) son producidos en una fábrica ubicada en barrio del municipio sureño de Quilmes, en la calle Gran Canaria 350, la cual trabaja desde hace años a su máxima capacidad y vende la totalidad de su producción. Los mismos son distribuidos en casi todas las estaciones de tren de la zona sur y quioscos aledaños, con poca llegada a Capital Federal. Esto los ha convertido en un motivo de orgullo para los que viven en dicha zona, quienes se sienten parte fundamental del éxito y la fama de los CDE.

Para sumarle aún más misticismo a la cuestión, la empresa pertenece a un señor mayor llamado Angel Pascalis, quien no brinda entrevistas, ni le interesan las relaciones públicas, manteniendo un hermetismo total alrededor de su producto estrella. Esto hizo que su único método de publicidad (previo a Internet claro está) haya sido el viejo y querido “boca en boca”, que hizo que su fama se extendiera allende las fronteras de la zona sur y que se convirtiera en el alfajor más buscado por todos los porteños, como si se tratara de alguna joya perdida de un templo maya o el manuscrito de un tema inédito de los Beatles.  

DESTERREMOS EL MITO
Dicho esto, propongo desterrar el mito que rodea a este alfajor. Y a los que aún no lo probaron, puedo asegurarles que no se pierden nada, así que dejen de recorrer quioscos buscándolo desesperadamente.

Admito que la historia del CDE es simpática, llamativa y casi épica, pero la realidad concreta es que, como alfajor, a muchos de los que amamos esta golosina, no nos parece el mejor. Y es más: nos parece uno del montón.

Para justificar mi juicio de valor pasaré a analizar la versión más famosa y buscada del CDE: el triple negro.

1. Este alfajor posee una galletita blanda bastante agradable con un ligero gustito a cacao amargo, con un gusto que no abusa de los saborizantes artificiales típicos de los alfajores de segunda línea, lo cual es de agradecer.

2. El relleno es uno de sus puntos débiles: la cantidad de dulce de leche es escasa, lo cual hace que pierda puntos frente a otros alfajores que poseen cantidades mayores.

3. El segundo punto crucial tiene que ver con la cobertura del alfajor: contrariamente a lo que la mayoría de sus fans piensan, el CDE negro no está bañado en chocolate, sino que posee lo que se ha denominado “baño de repostería”, mucho más barato y de calidad netamente inferior que el primero, ya que la grasa de cacao es sustituida total o parcialmente por aceites vegetales.

4. Puedo afirmar que cuando uno termina de comer un CDE, la boca no queda grasosa ni pastosa (algo muy común en los alfajores baratos), pero por otro lado, el sabor no persiste por demasiado tiempo.

5. Ciertamente, caen algo pesados.

En definitiva, los CDE distan un trecho de ser mis favoritos. Sin embargo sus fans siguen defendiéndolos y se escudan en otra gran falsedad: su bajo precio. Muchos quiosqueros avaros se valen de su alta demanda y no tienen empacho en cobrar un CDE casi al mismo precio que un alfajor de primera línea como puede ser un Havanna o un Cachafaz.

BARRAS BRAVAS DEL ALFAJOR

Otra cuestión que no es menor discutir, aunque no atañe directamente a los CDE, son sus fanáticos, quienes, al encontrarse con la “triste” realidad de que hay mucha gente a los cuales los CDE les parecen, con suerte, unos alfajores “normales”, se convierten en bestias furiosas, similares a cualquier barrabrava de un club del ascenso luego de que a su equipo le anulen un gol en el último minuto. Los fans del CDE no oyen ni aceptan otra opinión que no sea la suya y creen que todo aquel que no opine como ellos merece ser quemado en la hoguera. Sépanlo: no me gusta su poca tolerancia hacia el gusto ajeno.

Soy consciente de que esta nota va encender la mecha de la polémica y por las dudas, contraté un guardaespaldas y estoy tramitando una visa para exiliarme en Islandia, pero me debo a los alfajómanos que me siguen y mi idea es que cada uno opine lo que quiera, sin que los demás se enojen. Lo que YO opino (y lean bien el YO, es mi opinión personal, no es la verdad definitiva) es que el CDE es simplemente uno de los tantos buenos alfajores que por suerte existen en Argentina, pero no más que eso. Por más que sus fans se esmeren en insultarme y tildarme de ignorante, puedo decir sin ningún temor que a la hora de elegir alfajores mi preferencia apunta a veredas distintas, en las cuales el Capitán está solo de paso.

Por El Lord de Los Alfajores Daniel Belvedere

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