01.02.2016

Aruba: sabores caribeños en una isla paradisíaca

La joya del caribe holandés celebró su semana gastronómica y ahí estuvo JOY para explorar lo mejor de la cocina local.


Como muchas marcas, Aruba promete felicidad. Como pocas, cumple. One happy island (Una isla feliz) —el lema de esta isla holandesa ubicada a apenas 25 kilómetros de la costa de Venezuela— no es un eslogan más, de esos que en los últimos años han adoptado los destinos turísticos para promocionarse, sino una descripción exacta y genuina, despojada de marketing y artificios: un rasgo esencial de la identidad arubiana transformado en consigna y devenido en símbolo nacional, a la par de su bandera. 

Desde los carteles que reciben a los pasajeros en el aeropuerto Reina Beatriz hasta las comunicaciones oficiales, pasando por las patentes de los autos, no hay mensaje donde Aruba no se jacte de su dicha. Es que en ella, justamente, radica uno de sus atractivos. Porque enseguida se contagia a los visitantes la felicidad de su gente: 100 mil habitantes amables y relajados que conforman una población multicultural, próspera, alegre y políglota, ya que casi todos dominan cuatro idiomas: papiamento y holandés (los oficiales), más inglés y español.

A diferencia de otros destinos vecinos donde el “todo incluido” predomina en los resorts, Aruba —aunque dispone de múltiples opciones bajo aquel formato— elige definirse como una isla all inclusive. Atmósfera europea, seguridad a toda hora y en cualquier rincón, variedad de playas paradisíacas, agitada vida nocturna, elegantes centros comerciales, una geografía cambiante (los enormes cactus del Parque Nacional Arikok parecen salidos de nuestra puna norteña), pintorescas fachadas de arquitectura holandesa en las calles de la capital Oranjestad y, sobre todo, sus dimensiones compactas, ideales para recorrerse con facilidad en auto o transporte público (con tránsito fluido se llega en menos de una hora de una punta a la otra), hacen de ella el spot caribeño ideal para viajeros inquietos y curiosos. Si a esto le sumamos una infraestructura hotelera y de servicios inmejorable y un clima –sin exageraciones– perfecto (su ubicación la mantiene a salvo de tormentas y huracanes; la temperatura promedio oscila entre los 28º y 30º C, casi nunca llueve y por las noches un viento suave refresca el aire), queda claro por qué Aruba exhibe el mayor índice de reincidencia turística en la región: muchos de los que vienen, sobre todo desde Estados Unidos, Canadá y Europa, vuelven. Y vuelven. Y vuelven a volver. 

 

Con semejantes cartas de presentación nadie pensaría en la comida como factor determinante a la hora de planificar unas vacaciones en Aruba. Pero lo cierto es que, como si le faltaran atributos, esta joya de las ex Antillas neerlandesas viene apostando fuerte a su oferta culinaria, posicionándose como la nueva Meca de la gastronomía caribeña. JOY pudo comprobarlo in situ al cubrir, a principios de octubre, la primera Eat Local Restaurant Week (www.restaurantweek.aruba.com), un evento similar a nuestra BA Food Week, con restaurantes top ofreciendo menús fijos de almuerzo y cena a precios promocionales. Ingredientes autóctonos (como las algas y flores silvestres que se recolectan en los balnearios rocosos y vírgenes de la costa norte) y recetas locales con influencias multiétnicas fueron protagonistas de una gira foodie inolvidable, que incluyó originales propuestas de autor pero también los más típicos bocados callejeros y populares.

 

PANZA LLENA, ISLA FELIZ
Urvin Croes, el mejor chef arubiano, es toda una celebridad en la isla, a tal punto que recientemente se proyectó, en el marco de un festival de cine, un corto documental sobre su vida, no exenta —por cierto— de episodios cinematográficos: tras perder un ojo en una pelea callejera, los médicos le advirtieron que difícilmente pudiera volver a cocinar. No solo lo hizo, sino que se prometió revolucionar los sabores del Caribe mediante una original adaptación gourmet de los productos y platos locales. Su exclusivo restaurante The Kitchen Table, con capacidad para 16 cubiertos (la disposición de las sillas alrededor de una barra hace que todos los comensales miren a la cocina, cual espectadores de una obra teatral) propone un fascinante menú degustación rotativo –nos tocó probar uno que fusionaba la cocina del Caribe con la peruana– cuyo precio, incluyendo maridaje y propina, araña los 200 dólares por cabeza. Damos fe de que los vale. Nuestro paso favorito: dorado al ají amarillo, batata, quínoa, papa olluco y cebolla morada. 

 

El risotto de la casa en la trattoria El Faro Blanco (con pulpo, calamares, mejillones, camarones y almejas), emplazada a los pies del centenario faro California —y con una terraza que ofrece la mejor vista panorámica de la isla—, fue otro de los puntos altos de nuestra recorrida, así como el mahi mahi keshi yena style de Yemanjáv (dorado con polenta grillada y brochette de vegetales). 

La playa Mangel Halto es una de las más lindas junto con Baby Beach, así llamada por la baja profundidad de sus aguas; Eagle Beach, cuna del emblemático fofoti (el árbol de tronco zigzagueante que es toda una postal de la isla) y Palm Beach, la de los hoteles de lujo. Allí, en Mangel Halto, disfrutamos de un picnic VIP a cargo del cocinero a domicilio Bas Kuurstra (www.rentachefaruba.com), que se despachó con un soberbio cordero con cous cous, entre otros manjares. Pero gracias a Jasmine Maduro, nuestra guía y anfitriona, pudimos desviarnos del circuito gastronómico “oficial” para ponernos el delantal y ayudar a preparar keri keri, un contundente guiso de pescado blanco, en la casa de una familia arubiana; para hacer un alto en el supermercado y abastecernos de pica di oma papaya, la salsa hot, agridulce y frutal que oficia de souvenir foodie por excelencia; y para saborear el ícono de la street food criolla: saco Felipe. Una bolsa de papel madera impregnada de aceite que envuelve diversas carnes (probamos la versión mixta con pollo, vaca y costillas de cerdo), plátanos, papas y Johnny cake (un pan esponjoso de harina de maíz), todo frito, sazonado y en porciones para compartir. Una bomba antigourmet sólo disponible en un concurrido tugurio del barrio San Nicolás, en plena zona de night clubs, que se mantiene viva hasta bien entrada la madrugada.

Para beber, en tanto, se impone la omnipresente cerveza Balashi; y la Chill, su versión ligera y suave que remite a la Corona. Ambas tienen la particularidad de elaborarse con agua de mar desalinizada. La isla dispone de uno de los sistemas de purificación de agua salada más avanzados del planeta y, de hecho, el agua mineral embotellada es uno de los orgullos gastronómicos de los lugareños. En materia de coctelería, a su vez, el trago nacional es el tropicalísimo Aruba Ariba, un mix a base de coeicoie, un licor rojo intenso que combina ron, caña de azúcar y savia de hojas de agave. ¿Qué más lleva? Imposible saberlo: cada bartender tiene su receta y en una de las barras donde lo testeamos una pizarra lo anunciaba con la siguiente descripción entre paréntesis: “Too many ingredients” (“Demasiados ingredientes”). Pero nadie, a decir verdad, parecía demasiado preocupado por descubrir la composición de su fórmula. Bastaba con saborearla, como se saborea la fórmula de la felicidad. Esa que quizás se esconda bajo siete llaves en un cofre oculto entre los restos de alguna de las embarcaciones que, testigos de un tiempo más tumultuoso y violento, naufragaron y hoy yacen inertes en el lecho tibio del mar Caribe, entre arrecifes y peces de colores, frente a las playas de Aruba.

 

CÓMO LLEGAR, DÓNDE PARAR
Buenos Aires tiene muy buenas conexiones aéreas con Aruba, ya sea vía Miami, Panamá, Brasil o Colombia, a precios que promedian los 11 mil pesos por ticket, aunque pueden conseguirse ofertas desde poco más de 8 mil. Entre las alternativas de vuelo con mayores frecuencias, mejor servicio, puntualidad y escalas más cortas se destaca Avianca, que llega vía Bogotá en vuelos operados con una moderna flota y variadas propuestas de entretenimiento a bordo. Aunque la moneda local es el florin, el dólar estadounidense es aceptado en todos los comercios. 

En materia de hospedaje, las opciones van desde grandes resorts de lujo hasta alojamientos boutique, complejos de apartamentos más económicos, posadas y propiedades de tiempo compartido. Entre los hoteles top, se destaca el Ritz-Carlton, ubicado sobre Palm Beach. Tiene casino 24 horas, habitaciones amplias y decoradas con estilo y confort, el mejor spa de la isla, galería comercial con exclusivas marcas y exquisitos restaurantes como el Solanio, de inspiración italiana y mediterránea. La especialidad de la casa: ravioles de langosta. 

Para más info, podés llamar a la Autoridad de Turismo de Aruba en Argentina, teléfono 5353-0002, o escribir a argentina@aruba.com. La página web: es.aruba.com

PLANIFICÁ TUS COMIDAS 
El programa Dine Around (www.arubadining.com/dine-around-program) es una original iniciativa de la Asociación Gastronómica de Aruba que permite reservar y pre-pagar cenas, almuerzos y desayunos en varios de los 200 restaurantes de la isla, consultar menús y elegir tus platos favoritos antes de llegar al destino. La propuesta ofrece diferentes paquetes: tres cenas por 120 dólares, cinco por 200 o cinco desayunos o almuerzos más cuatro cenas por 236, entre otras variantes. En todos los casos, el valor es por persona e incluye entrada, principal, postre, café y propina. 

Por Ariel Duer 

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