04.12.2014

Basta de tirar comida: 10 hábitos cotidianos para reducir el desperdicio

¿Sabías que se desechan 1.300 millones de toneladas de comida al año? Esto daña al medio ambiente y a la economía, además de profundizar la malnutrición. ¿Qué podés hacer para revertirlo?


Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación), cada año se desperdician alrededor de 1.300 millones de toneladas de comida en el mundo. El desecho de alimentos representa una gran pérdida en términos de mano de obra, agua, energía, tierra y otros insumos usados en la producción, además de generar una enorme contaminación ambiental. Pero la situación se vuelve todavía más crítica si pensamos en las 925 millones de personas que diariamente pasan hambre.

Una parte de ese desperdicio se genera en la etapa de producción, otra en la distribución y una tercera, muy importante, en el momento del consumo. Aunque las campañas de concientización y hasta un eventual tratamiento de la problemática a nivel legislativo podrían contribuir a la solución del problema en los primeros dos ámbitos, es en nuestros hábitos cotidianos en donde podemos llevar a cabo una acción más directa y efectiva para paliar esta situación.

A continuación, algunos consejos sencillos para poner en práctica:

Planificá tus compras. Elegir ítems al azar en el supermercado o comprar verduras sin saber para qué vamos a utilizarla son costumbres que, generalmente, devienen en un porcentaje de comida en mal estado en la heladera. Para evitar esto, es recomendable realizar una planificación semanal de comidas que contemple, por ejemplo, los eventos sociales a los que nos comprometemos (noches que no cenamos en casa) y la cantidad de comensales que se sentarán a la mesa a lo largo de los siete días.

No exageres con la fecha de vencimiento. Algunos alimentos pueden ser consumidos después de su fecha de expiración. La manteca, ciertos quesos, la leche, el chocolate, los huevos, el yogurt y la cerveza son tan solo algunos ejemplos. No hay mejor técnica para descubrir si un producto está o no en buen estado que percibirlo con los sentidos: olerlo, observarlo y probarlo. Y si todavía te quedan dudas, podés consultar Eat By Date, un sitio americano especialmente creado con el propósito de despejar estas dudas.

Organizá tu heladera. La disposición de los alimentos en tu heladera no debe ser aleatoria. Por el contrario, conviene colocar los lácteos y todos aquellos productos que necesiten de mucha refrigeración en el estante superior, las carnes, fiambres y vegetales duros en el estante del medio y las frutas y verduras en los estantes inferiores. Además, asegurate de ordenarlos según su fecha de vencimiento: los que están próximos a caducar más a la vista y los que todavía tienen días por delante, atrás.

Ni de más, ni de menos. Nunca subestimes el don del cálculo. Lo ideal es cocinar exactamente lo que se vaya a comer: no de más ni de menos. Claro que podés contemplar la porción que vas a llevarte al trabajo al día siguiente, pero conviene evitar esas sobras sin destino, que se atesoran en la heladera durante días hasta que algún miembro de la familia se decide a tirarlas.

Usá (bien) ese compartimiento que está arriba de tu heladera. En el caso de que no poseas el don que mencionado arriba, podés guardar tus sobras en el freezer. Si directamente hacés comida para freezar o comprás carne con esa intención, guardalas con separadores para que después puedas descongelar solo la porción que vas a consumir.

Aprovechá el 100% de tus frutas y verduras. En general, cuando se cocina no se aprovecha todo lo que el alimento tiene para dar. Ante la primera duda, los tallos, las semillas y las hojas de las verduras, las hortalizas y las legumbres -que son comestibles- terminan en la basura. En lugar de tirarlas, buscá recetas en Internet y prepará algo rico.

Separá la basura. Si empezás a separar tus residuos entre orgánicos e inorgánicos, no solo vas a estar ayudando al medio ambiente sino que también vas a tomar conciencia sobre la cantidad de alimentos que estás desperdiciando. Acá vas a encontrar información sobre qué hace el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires con los residuos.

Dígale sí a la doggy-bag. Basta de estúpidos prejuicios sobre la bolsita para llevar. Si te sirven una porción enorme en un restaurante y te la terminás sin hambre, estás haciendo mal a tu organismo. Si la dejás en el plato, estás haciendo mal al medio ambiente. Solo para que lo sepas: esa comida termina en el tacho de basura. Mejor pedí tu doggy-bar y almorzá bien al día siguiente.

Compostá. Muchas veces, no queda otra que tirar la comida, pero aun en ese caso podés hacer algo. A nivel individual, el compostaje doméstico -que sirve luego como abono para la tierra- puede desviar potencialmente hasta 150 kg de residuos de alimentos por hogar al año. Acá hay una buena guía para aprender a hacerlo.

A ALGUIEN LE IMPORTA

En todo el mundo existen los conocidos Bancos de Alimentos: entidades que trabajan en el recupero de alimentos que por alguna razón salieron del circuito comercial, pero que son perfectamente aptos para ser consumidos. ¿Sabías que en nuestro país hay 17 de estos bancos? Si te gustaría colaborar y donar comida, podés llamar al 4724-2334 o por mail a info@bancodealimentos.org.ar. Por otro lado, hace aproximadamente un mes, se celebró en el país la primera edición de Disco Sopa, una movida que empezó hace algunos años en Berlín y ya se extendió por todo el mundo, que consiste en juntarse a preparar sopa y ensalada con restos de vegetales en buen estado: todo al ritmo de la música.

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